Full text: 1923,Jan., Repr. 1980 (1923000200)

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LETRAS FRANCESAS 
LOS ESCRITORES JOVENES: 
El último libro de Nicolás Beauduin: “Les 
Enfants des Hommes”, Misterio en seis ac 
tos, nos ha venido a mostrar la última for 
ma del paroxismo de este notable poeta fran 
cés. Porque aunque él alegue que, en su 
última faz lirica, su tendencia primitiva ha 
desaparecido, su última obra viene a corro 
borar lo contrario. 
Nicolás Beauduin, después de haberse ini 
ciado con la grande elocuencia romántica, 
paroxismo del verbo, en sus tres primeros li 
bros, “Le Chemin qui Monte”, “Les Triom 
phes” y "La Divine Follie,” se unió al pa 
roxismo iniciado por Verhaeren y secundado 
por Mockel, con sus obras “Les Deux Rég 
nés”, “Les Cités du Verbe”, “Les Soeurs du 
Silence” y “La Cité des Hommes”, que habían 
de marcar las dos primeras fases de su liris 
mo, hasta el momento de estallar la guerra 
europea. 
Paroxista ha sido siempre Beauduin, por 
que paroxismo es sinónimo de exaltación y 
Nicolas Beauduin ha sido siempre un poeta 
exaltado. Exaltado en su verbo, exaltado en 
su concepción de la vida moderna y exalta 
do por fin, en su concepción del lirismo pu 
ro. 
La tercera faz del lirismo de Beaduin es 
una unión de sus dos primeras, pero más 
afinadas, mejor orientadas y con los ojos 
puestos en la innovación. El primer libro pu 
blicado por nuestro poeta, después del armis- 
NICOLAS BEAUDUIN 
ticio, fué “Rythmes et Chants dans le Re 
nouveau”, una escapatoria féerica hacia los 
mitos griegos. Después publicó, “Signes- 
Doubles” y “L’Homme Cosmogonique”. El 
primero se compone de dos fantasías feéri 
cas, dos largos poemas enjoyados de imá 
genes y repletos de lirismo, “Ennoia” y 
"Fantaisie-d’Asie”; mientras que el segundo 
es un canto formidable a los progresos mo 
dernos en el que se siente trepidar nuestra 
vida actual. 
Y ahora nos llega este Misterio en Seis Ac 
tos que se llama “Les Enfants des Hommes” 
y que no es más que el viejo drama de Adán 
y Eva y de Abel y Caín. Para sentir toda 
la intensidad de este drama hay que re 
cordar el origen y la evolución del teatro. 
Este, como se sabe, ha tenido siempre un 
origen religioso. Expliquemos brevemente: 
En la Edad Media, la carencia de espectácu 
los hizo que algunos pasajes de la Biblia 
fuesen interpretados, bajo la férula de la 
Iglesia, en una forma humana, para servir 
de ejemplo y de deleite. A estas represen 
taciones se les daba el nombre de Milagros 
o Misterios. Poco a poco, los misterios fue 
ron degenerando y su representación tuvo 
que ser condenada por la Iglesia. Mas co 
mo el pueblo no podía pensar más que por 
alegorías, dado el rudimento de su intelec 
tualidad, como lo demuestra Jung en su 
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