Full text: La derrota del virrey (004)

  
  
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PA 
   
ey) 
Ó LOS TITANES DEL MAR ?* 
vicio del alcalde, y como no hay comunicación por tierra 
más que con Porto-Bello y por el mar es muy raro que 
entre buque alguno en aquel puerto, juzgo que vuestro 
pensamiento no ha podido ser más acertádo. 
—Pues si merece vuestra aprobación, disponeos para 
salir mañana en compañía de mi hija, con la cual irán, 
para hacerle más agradable su estancia en aquel punto, 
la vuestra y Azucena. Avisad á Lorenzo que vaya tam- 
bién con vos. | 
—Entonces se trata de que yo abandone mi destino,— 
dijo Vargas, cada vez más sorprendido.— Por complaceros 
hube de dejar mi residencia; días después de la entrada 
de aquellos Titanes en Lima. Lorenzo también hubo de 
hacer lo mismo y por idéntica causa... | | 
. —Y ahora, porque tal es mi voluntad, vais á traslada- 
ros donde he dicho, pues no quiero tener espías dentro de 
mi mismo palacio. 
—¿Y creeis, señor, —repuso Vargas, levantando altiva- 
mente la cabeza,—que Lorenzo ó yo descendemos'á tan 
ruin oficio? j Da | 
—Yo no sé si sois vosotros Ó quien pueda ser, pero el 
caso es, y eso nadie mejor que vos lo sabe, que hasta en 
mi mismo palacio se introducen mis enemigos, sin que 
pueda descubrir quién les facilita la entrada, ni quién se 
halla al tanto de cuanto yo pienso. | dd 
—No sé qué contestaros á eso. Mas si juzgáis que nues: 
tra presencia en Lima es importuna y os perjudica la 
“amistad de nuestras hijas con la vuestra, con quien juntas 
ss han criado y que por muchas razones, lo mismo Axzu:- 
cena que Carmen, han tenido que consagrar su afecto á 
vuestra hija, disponed lo que más sea de vuestro agrado, 
que todo ello será cumplido. : 
—Ya vereis, señor Vargas, —repuso el virrey, suavi- 
zando un poco su aspereza anterior, —yo tengo mis proyec- 
bos, porque no he de dejar sin castigo la audacia de esos 
Titanes del mar y para ello quiero tener completa liber- . 
tad de acción. No acierto por qué misteriosos conductos 
pusden entenderse alguien de aquí con esa colonia de 
Cochamba, donde dicen que tienen su albergue esos hom- 
bres. La servidumbre que tengo en mi palacio es comple- 
tamente fiel. ¿De quién quereis que desconfíe? ¿De mi hija 
    
   
    
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
    
  
  
     
   
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
       
	        
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