Full text: La muerte del virrey (038)

12 : O LA BANDERA ROJA 
—Cierto,—dijo Argúelles. —Para eso es menester ir á 
Lima. Yo estoy dispuesto á ir. 
—No,—repuso Miguel.—Irá. Juan. Ese descubrirá lo : 
que ninguno de nosotros tal vez, pudiera descubrir. 
-—Decís bien, —repuso Gurrea.—Juan tiene astucia y 
enetración, y, sobre todo, muchos conocomientos en la 
ocalidad, Creo que es lo mejor que podemos ¡AT A 
Aceptada esta idea, Juan recibió, las intrucciones 
necesarias y el siguiente día partió para la,capital. 
E 
LA VIRGEN BLANCA 
dos de la defensa de la plaza, de tomar las demás medi- 
das que exigía la seguridad Mo E de el 
-. Se establecieron pequeños retenes en todos los surgi- 
deros y calas por donde podían, por medio de naves de 
Je calado, hacer desembarcos, y, al mismo tiempo, sa 
ieron algunas partidas de exploradores por el camino que 
conducia á Lima. .: e O 
- Sin embargo, pasaron días y nada «demostraba que so 
- relacionara con el misterioso aviso. que había recibido el 
gobernador de Arica. NAAA” 
El mismo Juan regresó de Lima, diciendo que nada 
de particular había observado. al o 
La guarnición de la ciudad sí que se había aumentad 
que había visto algunos cañones de arrastre que antes no 
había, y que se había formado un escuadron de lanóero: 
No so descnidaron tampoco los que estaban encarga- 
- además de los dos que ya existian. 
Pero qne todas estas fnerzas las necesita! 
defensa de de plaza, pues entre torreores, bastiones 
“murallas habían formado un nuevo recinto que debía: 
-eubrir constantemente. 
Y adio hablaba de intentar un nuevo ataque á la colo- 
nia, considerando la generalidad de la población como 
una locura el pensarlo siguiera. o Al 
 
	        
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