Full text: El millón de la heredera

A, CONAN-DOYLE 
y medida que hacía más detenido examen 
de su expresión, cruelmente impasible, la 
ba ganando un sentimiento tal de pavor 
y de repugnancia que acabó por reclinarse 
desesperadamente en un asiento, lanzando 
convulsivos sollozos. | 
_—Nada de nervios, nada de nervios— 
ijo el viejo con acento breve y amenaza- 
dor.—Ya nos ha fastidiado usted bastante 
on ellos. 
- —¿Por qué es usted tan implacable con- 
Migo? ¿Qué crimen he cometido yo? Si es 
que no puedo... ¡que no puedo amar á su 
jo!... Tenga usted compasión... Otras ve- 
Ces era usted como un padre para mí. 
_—Y así me ha recompensado usted. 
“Honra á tu padre», dice el Evangelio. Y 
Usted le honra desobedeciendo todas sus 
órdenes. La culpa la tuve yo permitiendo 
el dichoso viaje á Escocia con esa familia 
Mtrigante y astuta. 
Kate secó sus lágrimas y alzó brusca- 
Mente la cabeza. E 
- —Usted podrá decir de mí todo lo que 
Qhiera si á ello le autoriza el cargo de tu- 
tor; pero no tiene usted derecho á ofender 
% mis amigos. 
_H—Basta de impertinencias — replicó, 
1rdlestone. | 
Y volvió á engolfarse en la lectura de su 
Cuaderno. Sin cruzar una palabra, pasaron 
Varias estaciones. Por fin, al detenerse el 
Tren una vez más, Grirdlestone cerró su 
Cuaderno y dijo: : | 
_—Ya hemos llegado. 
- La estación estaba desierta. Ellos eran 
1 
—He telegrafiado pidiendo un coche. 
¿Sabe usted si me espera?—preguntó el 
Viejo á un empleado. 
—$i es usted mister Girdlestone, sí, se- 
or... Eh, Corkar, aquí están los señores 
QUe esperas. 
0d 
—¿Dónde vamos, señor? —preguntó el 
Cochero cuando los viajeros se hubieron 
Mstalado. » OA 
Al priorato de Hampton. ¿Está muy 
lejos? E e 1 
4la vía férrea. Lo menos hace dos años 
QUe no vive allí nadie. CES 
-_—No importa. Nos esperan y todo es- 
bará preparado. Deprisa, que hace frío. 
_Al poco trecho, Kate advirtió que atra- 
esaban la calle de un pueblecillo. Después 
108 dos únicos viajeros que allí se apeaban. . 
—A unos tres kilómetros de aquí, junto 
63 
al volver un recodo, lanzó un grito de 
alegría: E 
—¡El mar! 
—+Sí—dijo el conductor señalando con 
el látigo. —Aquella es la isla de Wight. 
Como iban á buen paso, no tardaron en 
llegar al término del viaje. Se desviaron 
del camino siguiendo por un pequeño sen- 
dero y bien pronto hallaron un elevado 
muro de más de doscientos metros de lar- 
go. Una sola puerta de hierro, flanqueada 
por dos columnas coronadas por sendos 
escudos de armas, daba acceso á la propie- 
dad, amurallada totalmente. Pasada la 
puerta, el coche llegó á un espacio descu- 
bierto donde, irregular y maltrado por el 
tiempo, se alzaba el edificio del antiguo 
priorato. 
Al detenerse ante él, la puerta se abrió 
y apareció una vieja con una bujía en la 
mMAnÑo. : 
—¿Es míster Girdlestone? 
—¡Claro que sí! —replicó éste áspera- 
mente.—¿No he telegrafiado que venía? 
Entraron en una vasta habitación, alta 
de techo, que en otro tiempo había servi- 
do de refectorio á los monjes. En el fuego 
hervía una cacerola y en una mesa de ma- 
dera blanca, colocada en el centro de la es- 
tancia, los cubiertos estaban preparados 
con una simplicidad rayana en pobreza. 
—Siéntese usted, hija mía—dijo la vieja; 
—quítese el abrigo y acérquese al fuego... 
Pero ¿por qué llora usted? 
—¡Todavía! —exclamó con acento duro 
Girdlestone.—Yo sí que debía llorar, que 
sufro todas estas molestias por la desobe- 
diencia y el romanticismo de usted. 
Kate no respondió. Se sentó junto al 
fuego y ocultó el rostro entre las manos 
para entregarse á sus pensamientos. 
—¿Qué haría Tom? ¡Ah, si supiese que 
ella se encontraba en aquella horrible si- 
tuación, qué pronto volaría en su socorro! 
Decidió que lo primero que haría á la - 
mañana siguiente sería escribir á mister 
Dinsdale, diciéndole dónde estaba y todo 
lo que había sucedido. a: 
Este pensamiento la animó un poco, y. 
pudo tomar algo del alimento que, grosera- 
- mente preparado, le fué servido. 
Acabada la comida, la vieja la condujo 
á su habitación. 
Si el mueblaje del comedor era de una 
sencillez espartana, éste lo era todavía 
F 
 
	        
© 2007 - | IAI SPK

Note to user

Dear user,

In response to current developments in the web technology used by the Goobi viewer, the software no longer supports your browser.

Please use one of the following browsers to display this page correctly.

Thank you.