Full text: Cárceles y presidios del mundo

  
  
6 CÁRCELES Y PRESIDIOS 
  
mina las primeras casas de Rodez, una forma negra que 
flotaba sobre el agua. 
Comenzaba á brillar la aurora y la mujer del sastre no 
podia distinguir bien lo que veía. 
Sin embargo, le pareció que aquel objeto tenía la forma 
de un cuerpo humano. 
Se acercó más á él y vió que, en efecto, era un cadáver. 
Se detuvo asustada, y llamó en su socorro. 
Un tal Faulquier, mozo del molino, acudió á su llama- 
miento, preguntando: 
—¿Qué hay? ¿por qué alborotáis de ese modo? 
—Porque se ha ahogado un hombre, —contestó la mujer. 
—¿Un hombre ahogado? ¿dónde está? 
—AMi, en aquel remanso, —dijo la señora Puech indi- 
cando el sitio donde flotaba el muerto. 
—¡Diantre! Pues es cierto, —replicó el mozo.—Aguar- 
dad: voy por una percha y llamaré á la gente del molino. 
Cinco minutos después, el mozo y cuatro hombres más, 
provistos de una larga percha, atraían, con ésta, el cadáver 
del ahogado, á orillas del camino. 
El muerto, á juzgar por su traje, parecia todo un caba- 
lero... Vestía un paletó de paño azul, chaleco negro, pan- 
talón de color gris y camisa y cuello finisimos. 
El dueño del molino, que fué el primero en acudir á las 
voces de auxilio, examinó el cadáver y dijo: 
—¡Calle! ¡yo conozco al muerto!... Es nada menos que 
nuestro juez, el señor Fualdés. 
—¡Es verdad! —replicaron los circunstantes. 
  
 
	        
© 2007 - | IAI SPK

Note to user

Dear user,

In response to current developments in the web technology used by the Goobi viewer, the software no longer supports your browser.

Please use one of the following browsers to display this page correctly.

Thank you.