Full text: [Tomo] 1 (1)

  
4 LUIS DE VAL 
de la carretera de Hortaleza, hallábanse la tarde de 
que os hablo una bella joven de unos veinticinco años 
y un joven que representaba cihco o seis más. 
Ella era alta, esbelta, arrogante, de pecho esplén- 
dido y de formas esculturales. Tenía los 0j0s gurzos, 
el cabello negrísimo y el cutis de una intensa blancu- 
ra marfileña. En sus labios vagaba una leve sonrisa 
melancólica que daba a su rostro una expresión de 
misterio, Su traje era tan sencillo como de gusto. 
El jovén que se hallaba con ella era Moreno y 
apuésto: alto, fornido, negros cabellos painados a la 
moda de entonces. Sus ojos eran también hegros, pe- 
ro de mirar apagado e indeciso. Sus labios, gruesos, 
rojos y húmedos, delataban la sensualidad.en que ar- 
día su juventud vigorosa, seca. de todo sentimiento 
noble. Una sonrisa irónica, de malvado, se dibujaba 
en ellos de vez en vez. Vestía con tan atildada ele- 
.gahcia, al gusto de aquella época=no tan lejana y 
que, sin embargo, parece ya tan distante. 
En el momento en que entramos en la estancia que 
ocupah nuestros dos personajes, hállanse éstos en 
pie, reclinados en el marco de uno de los amplios ven” : 
tanales que dan al jardín, con la cabeza abatida so- 
bre el pecho, cogidos de una mano, y coh el ostro tan 
pálido y con tan grave expresión, que no parece sino 
que la tormenta que poco a poco se extiende por el 
firmamento se refleja en el alma de ellos, 
De pronto, la. joven irguió la cabeza, y mirando 
fijamente a su compañero, dijo a éste en voz baja y ' 
en tono confidencial : 
—¡ Tienes razón, Ricardo! Pero, de todos modos, 
: E 
comprende mi inquietud. Desde que regresé de Pa- 
  
    
  
	        
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