Full text: [Tomo] 2 (2)

1182 LUIS DE VAL 
E 
  
  
antes que todo. ¡ Pues. no faltaba más!... ¡Reñir a la 
- miña!... El que quíera ponerse mal conmigo, que lo 1 in- 
tente tan sólo. 
—Bien, hombre, bien —repuso doña Eugenia son- 
riendo—. No te incomodes.. ; ¡Si a mí me cuesta tan- 
ta pena como a ti reñirla!.. - pero hay que educarla... 
El demasiado mimo. pierde a veces a las criaturas. 
—,Si la pobrecilla es tan buena! 
_—51 que lo és. ¡ Angelito! | | 
—Desde que ella está a nuestro lado, me siento me- 
jor, y más alegre, y... ¡También es humor el de-Ma- 
ría!... ¡Haber venido a quitárnosla!... En cuanto la 
me la he de reñir y de firme, La niña la aa led 
: para mí sólo. A El 
E O seas egoista, hombre, y para. mi también. 
—Bueno, para los dos; pero para nadie más. 
Doña Eugenia que no se hallaba tranquila hasta 
no ver a su nieta, se levantó de la cama, 
—¿Por qué te levantas ?—le preguntó su esposo— 
Es todavía muy temprano. | ! 
—$51 —repuso ella vistiéndose—; pero quiero ente- 
  
Í 
rarme de si la niña está realmente en el cuarto de Ma- 
ría. ) | j 
—«¿ Pues dónde había de estar, mujer ? 
—¿Qué sé yo? No estaré tranquila hasta que me 
convenza. 
— Qué exajerada eres tratándose. de esa criatura ! 
—iPues mira que tá! 
  
 
	        
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