Full text: no. 23 (1883,23)

  
  
  
  
178 MUSEO DE NOVELAS. 
LOS TRES M OSO UETER OS |mos su nombre), el caballero vuestro amigo des- 
¡pues de haber puesto fuera de combate á dos 
(Continuacion). hombres con dos pistoletazos, se batió en retira-. 
¡da con su espada, estropeó á uno de mis criados 
D'Artagnan, ciego de cólera y de inquietud, | y me dió un golpe de plano que me dejó aturdido. 
se sentó terrible como un juez, y Planchet ee —¿Pero, verdugo, acabarás? dijo d'Artagnan: 
colocó con altivez á la espalda de su sillon. ¡pregunto por Athos ¿qué ha sido de Athos? 
—Senor, vais á oir esta historia, continuó el! —Batiéndose en retirada, como digo, señor, 
huésped temblando, pues ahora 0s conozco: vos ¡encontró tras de sí la escalera de la bodega... y 
sois el que huisteis cuando tuve aquella desgra- como la puerta estaba abierta, se precipitó á ella. 
ciada disputa con el caballero de que me hablais. | Así que entró volvió la llave para dentro, y se' 
—HEl mismo soy; así ya veis que no debeis es- | atrincheró. Como estaban seguros de encontrarle 
| 
| 
| 
perar perdon, si no decís toda la verdad. ¡allí, le dejaron libre. 
—Pues tened la bondad de escucharme y la. —8Í, dijo d'Artagnan, no se trataba de matar- 
sabreis entera. le, sino de tenerle prisionero. 
—Esplicaos. — ¡Justo cielo! ¡tenerle prisionero, señor! Bas- 
—Habíaume avisado las autoridades de que tante se aprisionó él mismo, os lo juro. Por el 
un célebre monedero falso llegaria á mi posada pronto, ya habia dado bastante que hacer con 
con varios compañeros suyos, disfrazados todos dejar á un hombre muerto y á otros dos grave- 
con el «vestido de guardias ó de mosqueleros. | mente heridos. A uno y otros se llevaron sus ca- 
Vuestros caballos, vuestros lacayos, vuestras fi- maradas, y no he oido hablar mas de ellos. Yo 
guras, señor, todo, se me describió especificada- mismo, cuando recobré los sentidos, fuí á casa 
mente. ] | del gobernador, á quien conté todo lo que habia 
—¿Qué mas? dijo d'Artagnan, que conoció bien pasado, y le pregunté qué habia de hacer del 
pronto de donde provenia el informe dado con | prisionero; pero el gobernador parecia caer de las 
tanta exactitud. nubes; me dijo que ignoraba absolutamente lo 
—AÁ consecuencia de las órdenes que habia que yo queria decir; que las órdenes que se me 
recibido de la autoridad, la cual me envió un habian comunicado no procedian de él, y que si 
refuerzo de seis hombres, tomé las precauciones | tenia la desgracia de decir á cualquiera que fue- 
que creí urgentes, á fin de asegurarme de las | se que él estaba mezclado en aquella refriega, 
personas de los supuestos monederos falsos. me haria prender. Parece que me habia engaña- 
— ¡Todavía! esclamó d'Artagnan, á quien la | do, señor, tomando uno por otro, y que el que 
palabra de monederos falsos desgarraba terrible- | debia haber sido detenido se había salvado. 
mente los oidos. | - ¿Pero y Athos? esclamó d'Artagnan, cuyos 
—Perdonad, señor, que diga esto, pero es jus- | brios se aumentaban á vista del abandono en que 
tamente mi escusa. La autoridad me habia me- ¡la autoridad habia dejado el suceso; Athos, ¿en 
tido miedo, y sabeis que un posadero debe pro- | dónde para? 
curar estar bien con la autoridad. E - —Como estaba impaciente por reparar mi in- 
—Pero, responded. ¿Ese caballero en donde justicia con el prisionero, continuó el huésped, 
está? ¿qué le ha sucedido? ¿ha muerto ó vive? me encaminé á la bodega, á fin de darle liber- 
—Paciencia, señor, ya llegamos á eso. Sucedió | tad. ¡Ah! caballero, aquel no era un hombre, era 
pues lo que ya sabeis, y vuestra precipitada par- lun demonio. A esta proposicion de libertad, de- 
- tida, añadió el huésped con una delicadeza que | claró que era un lazo que le querian tender, y 
no se escapó á d'Artagnan, parecia autorizar las que antes de salir queria imponer sus condicio- 
consecuencias. El caballero, vuestro amigo, se | nes. Yo le respondí con mucha humildad, pues 
defendió como un desesperado. Su lacayo, que no dejaba de conocer el estado en que me habia 
- por una desgracia imprevista, habia trabado pen- | puesto atacando á un mosquelero de S. M., y le 
dencia con los enviados por la autoridad disfra- | respondí que estaba pronto á someterme á sus 
  
  
  
zados de mozos de cuadra... condiciones. POE ] 
—¡Ah! ¡miserable! esclamó d'Artagnan, ¡es- —Primeramente, dijo, quiero que se me de- 
tabais de acuerdo con ellos, y no sé que me de- | vuelva mi criado con armas. $ 
tiene que no os estermine á lodos! Se obedeció esta órden con la mayor diligen- 
—¡Ay! no, señor, no estábamos de acuerdo: | cia; pues ya conoceis, señor, que estábamos dis- 
vais á verlo bien pronto. El caballero vuestro puestos á hacer cuanto quisiera vuestro amigo. 
amigo (perdonad que no diga el nombre respe- | El señor Grimaud (este dijo su nombre, aunque 
table que lleva sin duda, pero nosotros ignora- [no habla mucho), el señor Grimaud bajó á la bo- 
  
 
	        
© 2007 - | IAI SPK

Note to user

Dear user,

In response to current developments in the web technology used by the Goobi viewer, the software no longer supports your browser.

Please use one of the following browsers to display this page correctly.

Thank you.