Full text: no. 32 (1883,32)

  
  
  
   
MUSEO DE NOVELAS. dE 253 
miento convulsivo corrió por todos sus miem-|  —A la salud del rey iba á beber un solo vaso, 
bros. si Fourreau no me hubiese dicho que me lla- 
—Tú me llenas de espanto, dijo Athos que no maban. 
le tuleaba sino cuando sucedia una catástrofe, | —¡Ay! dijo este con los dientes castañeteando 
¿qué ha y? ¡de terror, trataba de alejarlo para beber solo. 
—'¡Corramos, corramos, amigos mios! esclamó  —Señores, dijo d Artagnan dirigiéndose á los 
d'Artagnan, acaba de cruzar por mi imaginacion guardias, ya veis que semejante festin no puede 
una horrorosa sospecha; ¿seria acaso una ven- | dejar de ser muy triste despues de lo que acaba 
s | . . . 
ganza de esa mujer? ¡de pasar; conque os suplico me dispensels, y 
Al oir estas palabras, perdió el color tambien | aplacemos la fiesta para olro dia cualquiera. 
Athos. Los dos guardias aceptaron cortesmente las 
D'Artagnan echó á correr hácia su tienda, los disculpas de d'Arlagnan, y conociendo que los 
tres mosqueteros y los dos guardias le siguieron. 'cuabro amigos deseaban estar solos se retiraron. 
El primer objeto que se presentó á-la vista de Cuando el jóven guardia y los tres mosquete- 
d'Artagnan, al entrar, fué Brisemon!t tendido en _ros se hallaron sin testigos, se miraron con cier- 
el suelo y revolcándose con atroces convulsiones. ¡to aire que queria decir que cada uno por su 
Planchet y Fourreau, pálidos como la muerle, | parte se hacia cargo de la gravedad de la situa- 
procuraban suministrarle socorros; pero todo era cion. 
inútil: las facciones del moribundo estaban cris-| —Primeramente, dijo Athos, salgamos de aquí: 
padas por la agonía. un muerto no es muy agradable compañía. 
—¡Ah! esclamó al distinguir á d'Artagnan; | —Planchet, dijo d'Artagnan, os recomiendo 
¡ah! ¡esto es horrible! ¡fingís que me perdonais | que cuideis del cadáver de ese pobre diablo, y 
y vais á envenenarme! : que sea enterrado en lugar sagrado. Habia co- 
—¡Yo! esclamó d'Artagnan, ¡yo, desgraciado! melido un crímen, es verdad, pero se habia ar- 
¿Qué estás diciendo? repentido. 
—Digo que me habeis dado ese vino; que vos | Y los cuatro amigos+salieron, dejando á Plan- 
me lo habeis hecho beber, y digo que os habeis | chet y á Fourreau el cuidado de hacer á Brise- 
' querido vengar de mi! ¡esto, repito, es horro- | mont las honras fúnebres. 
  
roso! El huésped les dió otra habitacion en la que.” 
—No lo creais, Brisemont, no lo creais, dijo | les sirvieron huevos pasados por agua. En pocas 
d'Artagnan; os lo juro. palabras, Porthos y Aramis quedaron al cor- 
—;¡Oh! ¡pero Dios está arriba! ¡Dios os casti- riente. , 
garál ¡Dios mio, que sufra algun dia lo que yo —Ya lo veis, amigo mio, dijo d'Artagnan á 
sufro hoy! - | Athos, esta es una guerra á muerte. 
—Os juro por el Evangelio, esclamó d'Arta- Athos meneó la cabeza. 
gnan precipitándose hácia el moribundo, os juro  —Sí, sí, ya lo veo; ¿pero creeis que sea ella? 
que ignoraba que ese vino estuviese envenena- —Estoy seguro. 
do, y que iba á beber como vos. —Sin embargo, yo os confieso que dudo to- 
—No os creo, dijo el soldado. Y espiró con ter- | davía. 
ribles tormentos. —Pero, ¿y esa flor de lis en el hombro...? 
—¡Es horroroso! ¡es horroroso! murmuraba —Puede ser una inglesa que haya cometido 
Athos; mientras que Porthos arrojaba al suelo algun crímen en Francia y la habrán marcado 
las bolellas, y que Aramis daba las órdenes algo | con ese motivo. : 
tardías de que fuesen á buscar un confesor. —Athos, os digo que es vuestra mujer, repu- 
—:¡Oh! ¡amigos mios! dijo d'Artagnan, aca- | SO d'Artagnan, ¿no os acordais de la semejanza 
bais de salvarme de nuevo la vida, no solo á mí, | que tienen entre sí ambas marcas? 
  
  
“sino 4 estos señores. Señores, continuó dirigién- | —Yo creia que la otra estuviese muerta; ¡la 
dose á los guardias, os suplico que guardeis el habia ahorcado tan bien! 
“mayor silencio con respecto á esta aventura: Ahora fué d'Artagnan quien meneó la cabeza 
grandes personajes podrian hallarse mezclados (4 su vez. | 
en loque habeis visto, y el mal de todo esto cae- —Pero en fin, ¿qué hacemos? dijo el jóven. 
ria sobre nosotros. ; —Lo cierto es que no se puede permanecer 
—¡Ah! señor, balbuceó Planchel mas muerto ¡así con una espada suspendida eternamente so- 
que vivo; ¡ah! señor, ¡qué bien he escapado! bre la cabeza, dijo Athos, y que es preciso salir 
—:¡Cómo, bribon! esclamó d'Artagnan, ¿ibasá de esta situacion. 
beber mi vino? - —Pero ¿de qué modo? 
  
yo 
  
	        
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