Full text: Tomo 1 (01)

O 
el bosque de cañas era una travesía; se 
encontraban de nuevo las altas hierbas y 
por, la noche se oía muy claramente el 
ruido del río cuyas aguas corrían preci- 
pitadas. 
“¡Podemos detenernos | —dijo el jefe de 
expedición. 
Se arrancaron algunos metros cuadrados 
de hierba y ¡extendióse sobre el suelo una 
de las cubiertas llevadas por el señor Jos- 
selín, pues otra servía ¡para envolver á Ze- 
zétte que tiritaba. 
En cuanto á los dos hombres y á Pa- 
méla se arreglaron como pudieron. 
La temperatura, era fresca y por esta ra- 
zón durmieron con sueño de plomo. Zimbo 
se despertó el primero por los ladridos de 
«Turco» que daban signos de un gran furor. 
Era ya de día, el negro cogió su ca- 
'rabina y con. su ojo de lince escrutó las 
proximidades. j ja 
Repentinamente oyó como un crujido : en 
'vlas cañas y á través de la bruma matinal 
- vió una figura negra bien [pronto :segul- 
«da de Otras 'tres, :escalar un montículo ais- 
lado" que semejante á un arrecife se hallaba - 
'en medio de la vegetación desecada. 
- No necesitó mucho tiempo para recono- 
cer á los Blackbaern y sus dos ayudantes, 
Estos no habían aún vistumbrado «4 ¡los 
fugitivos, pero no había para qué pensar 
ya en la huída. 
-Zimbo despertó á: sus compañeros y los 
“agrupó detrás del caballo. Ñ ¡Jes:: 5 á 
¡servir de “muralla. 
De repente un triple ¡hurra! partió del. 
montículo. Le 
| Rendíos, 'emiserables ' dejadnos. el saco 
y tendréis salvada la: vida! murmuró Jim 
'Blackbaern. 
Zimbo respondió - mostrando de puño: : 
'Ante la actitud de los. fugitivos. los ban- 
: - didos comprendieron que no obtendrían fá- 
ÑS Acilmente que lo deseaba. 
-A guisa de advertencia, y para. 'mani- 
festar Sus - intericiones, «Swami SERE con 
su carabina. ': 
+ Una detonación lc y el cáballo he- 
y rido. en el corazón. cayó como “una «maza. 
+ ¿—¡Poned á-la niña al abrigo y procu- 
sad ¡ddetenerla dos “minutos ¡—exclamó Zimbo - 
eecabo: e ero quen no dejaba. nunca, 
CARLOS 
y 
SOLO 
Ya el señor Josselín había agazapádo 
contra los costados del ' caballo muerio. ' 
Y agachándose apuntó 4 uno de los ba 
- didos y disparó el primer tiro: 
Swani que continuaba atacando á- 
que, él creía ya víctimas, hizo una piru 
ta, ¡intentó rebugiasse en las malezas 
rodó, 
—¡ Uno menos! ¡Que el infierno reciba! 
alma !—dijo Zimbo. 
A su alrededor los hermanos Blackb 
y el señor de Blaisois disparaban. 
Zimibo sintió la impresión de un golpe 
maza que le apaleaba la espalda, pero:aC 
rrucado como siempre, continuaba excitas 
do su eslabón. 
Saltaron chispas, una humareda blancá 
y nauseabunda se elevó. 
Y en el momento en que los tres bandi 
dos sobrevivientes apresurábanse á ven " 
la muerte del contramaestre, andes liamí 
surgieron, 
Del océano de cañas habíase formado 
océano de fuego. cn 
Los tallos desecados ardían como la paj 
las llamas se propagaban con una rapidél 
espantosa - é incendiábase el ib: 
toda su extensión, 
El viento soplaba del Mariah: y 
gía el torbellino incendiario en la direcci 
de los Blackbaern cuya situación, 4 men 
de una rápida retirada, iba siendo peligros 
Dos disparos partieron aún del mont C 
lo, «pero ¡protegidos «por el opaco. vapor 4 
les »ocultaba completamente, á ninguno 
“los fugitivos alcanzó. e 
Oyose entonces una espantosa blastí mí 
y esto fué todo. 
¿—¡ Que se arreglen como puedan | —exC | 
mó Zimbo conteniendo la sangre que cor 
á caños de su espalda herida por la. 
de uno de los bandidos. 
Sin ¡pensar en sí mismo, marchó. hac 
. el señor Josselín. 
Pero ¡ay! que éste se eri en 
suelo, pues Una bala le había atravesad 
da pierna. 
—¡Ah, malditos! — murmuró. Zimb 
0 jalá hayan: quedado en, la hoguera que 7 
bo de encender. 
—¡Zimbo! ¡Demos gracias á Dios! la 
«queña está sana y dalva, | : 
 
	        
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