Full text: Tomo 2 (02)

LA SEÑORITA MONTECRISTO 
Y este hombre extraordinario quería 
arse—dijo Zezétte. 
—Sí. Y de no haber sido la zambullida 
¡6 yo me di tras €l.. 
Gedeón, me parece que mi alma se 
ga á esta partida de cartas. 
—Perdió—dijo uno de los espectadores. 
repente, un rumor corrió por la ga- 
. 
—¿Y quién *—preguntó Gedeón. 
Mister Murchinson. 
Una gran emoción invadió á los jó- 
es, 
— Pido mi revancha !—dijo Murchinson, 
—¡No! marcho. 
Murchinson arrancó . una hoja de su 
Thet y, para hacer las cosas en regla 
Mapateó - las siguientes líneas: 
«Mister John Smith, mecánico encarga- 
de «La Florida» está obligado á po- 
63 disposición de mister Williams Do- 
gal, al cual cedo el «yacht» con toda 
piedad». 
Firmó y dió al rey de los algodones este 
de cesión sacd ed pero muy 
lar, 
El señor Donegal echó un vistazo, dobló 
Papel en cuatro y lo guardó en el ie 
Y del pantalón, 
«AN right». En. dónde está amarrado 
«yacht» ? 
En el muelle del Este. Dock ÓL. 
El yankee dirigió una cortesía amis- 
á los del «club». 
—Señores, os saludo. 
E hizo una señal á los jóvenes. 
—Son las ocho y cuarenta y ocho, 
1d | 
Esta vez el yankee montó en el coche, 
lado" de Simpson. 
—Señor policía — dijo mientras que el 
'hículo, rodaba por un terreno infernal—, 
- sentís dispuesto á continuar el A 
le habéis comenzado por mi cuenta... ? 
—¿De qué se trata? e 
—De no abandonar la vigilancia del se- 
r Blaisois y de los hermanos ep 
Blackbaern. 
Ya lo creo, 
21 
—¿Y de seguirlos por todas partes como 
su sombra? 
—Ya lo creo, siempre. 
—¿Lo mismo que marchen de New- 
York... que vayan al fin del mundo... A 
Africa, por ejemplo? 
Simpson miró á su interlocutor, que con- 
tinuó : e 
—Estas gentes volverán fatalmente don- 
de vamos nosotros; lo que importa es no 
perderlos de vista, segu'rlos por todas par- 
tes é informarse de sus hechos y gestos, 
cuando la ocasión se presente, Pongo pre- 
cio cincuenta mil «dollars» adelantados. 
—En estas condiciciones, señor, el asun- 
to ha concluído, 
-—¿Y no dos la pista de los caba- 
lleros : di 
—Ellos mismos se cuidarán de atravesar 
el reino del diablo. 
El señor Donegal sacó de su bolsillo 
un carnet de cheques del cual arrancó 
do hojas, 
—Poseo en la banca Jackson un depó- 
sito de diez mil «dollars» que retiraréis 
mañana á primera hora ¡Hé aquí el 
cheque! e 
—¡ Bien, señor! y 
—Os presentaréis en seguida en las ofi- 
cinas de la banca de «La Unión» donde 
os darán quince mil «dollars» con la pre- 
sentación de este segundo cheque; cobra- 
réis el resto cuando nos volvamos á ver. 
netas Cuándo? 
—Cuando las circunstancias lo permitan, 
Eso depende de vos. 
—¡ Bien, señor! : 
— ¿Está entendido, pues? 
—¡Está entendido! 
El coche disminuyó su acelerada bla 
y se detuvo no lejos de un <yacht» eps > 
fico amarrado al muelle. en 
El señor Donegal descendió y á la e de 
la linterna, pudo leer la palabra «Florida» 
inscripta en letras de oro : delante del navío. 
-—Dió un silbido. - E 
Un hombre de á bordo hegó 4 su Halo 
_mamiento, 
—A] jefe mecánico, orden del señor MU a 
chinson—dijo. £ 
El hombre des. ot reaparecer 
bien pronto inet ve: q mecánico, 
 
	        
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