Full text: Tomo 2 (02)

22 CARLOS SOLO 
El yankée le dió el acta de cesión. 
—¡«All right»! ¡A vuestras Órdenes, se- 
ñor!—dijo el mecánico llevando la mano 
á su kepis. 
- —¿Cuánto tiempo estaremos bajo pre 
sión ? : 
—En dos horas. 
—¡ Cien «dollars» si estamos en una hora. 
—¡«Al right»! 
—¿Cuántos días tardaremos en llegar á 
Madagascar ? 
El mecánico reflexionó un momento. 
—¡ Apresurándonos, veintiún días! 
—Cien «dollars» por día de adelanto. 
—¿ Y si nos hacemos pedazos? - 
| Tanto peor!... 
| —<¡All right!» llegaremos en diez y siete 
6 diez y ocho días y procuraremos no. ha- 
cernos pedazos. 
"—¿Tenéis bastante carbón? 
.—Me falta una hora para terminar el car- 
gamento, | 
——¡Está bien! Dentro de una hora - sal- 
dremos, : 
Después de haber hecho sus últimas reco- 
'mendaciones al bravo Simpson, el señor 
Donegal franqueó el pasadizo del navío del 
cual con una buena carta se er hecho 
propietario. 
- Dió las dos más bonitas A 3 Ge. 
«deón y á la señorita Montecristo y escogió 
»wotra para Él instalarse; mandó le sirvie- 
Tan un «grog» quitóse sus botas, estiró las 
piernas bajo la mesa y... esperó. 
-—A la hora exacta, «La Florida» levaba 
ancla y se preparaba á establecer entre 
New-York y Madagascar tun rec orrido veloz. 
Sentados el uno enfrente “del otro en la 
¡parte de detrás del navío, Gedeón. y la se- 
ñorita Montecristo, , 
nados, se miraban en silencio. 
La. feliz, casualidad, que. había eitado 
, E la joven . de. las. manos delos. Black- 
> baern, la providencial intervención del Ame- 
E a ficapo, todo esto se-les mostraba. como un. 
_ sueño rápidamente vividos e A 
podían creer. tanta - Po 
us. labios, continuaban pe _pero 
| elocuencia. en. sus. miradas. 
rimera en arrancarse, al 
¿con los TOStros ilumi- 
—¡Estamos salvados y dispuestos 
la lucha final, para el triunfo! 
Hubo tuna nueva pausa entre los jóve 
sus miradas se cruzaron otra vez; imstl 
vamente sus manos se juntaron, E indli 
dos contra la barandilla del puente, d 
ron errar sus miradas por la profundi 
de la noche, oyendo la melosidad d 
ondas que cantaban para ellos, nada 
que para ellos, un , ino de amor y. 
esperanza. 
TERCERA PARTE 
ENTRE LOS BOERS 
I. 
Estamos en Andevourante, sobre la « 
ta oriental de Madagascar á .cien kilól 
tros hacia el sur de Tamatave, 
Situado en un admirable sitio, al pie 
colonias cubiertas de una exuberante Y 
dura regada por el Ariska que ya 4 per 
sus aguadas ondas en los verdes remolíl 
de las lagunas, Andevourante bajo el 
de los trópicos produce al extranjero. 
maravilloso é inolvidable efecto. 
Desde que Francia ha establecido un $ 
vicio de correos permanente, Andevoural 
- Cuyo: nombre significa en malgacho 
cado de esclavos» ha llegado á ser una 
las más grandes ferias de la costa; cu 
actualmente dos mil habitantes y graci 
su situación sobre el camino de Tan 
apenas había podido aún desenvolve 
importancia. : 
Era aquel, precisamente, día de grans m 
cado en Andevourante y esta circunst 
cia había llevado A la ciudad. em 
- afluencia, 
Alrededor de las casas blancas ye 
titas, edificadas á la moda betsimisaka 
decir, con tabiques de «falafa» ajustado$ 
un esqueleto de madera no escuadrada 
Ds multitud se pa “Afanosa y alt 
dora, : 
Mo pintoresca resultaba dd mu tu 
pora del  Aumminoso. cuadro. en el ual 
 
	        
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