Full text: Tomo 3 (03)

CARLOS SOLO 
que yo he hecho. Este Bolton es un cona- 
- pleto imbécil y ante sus ojos he quedado 
lun corresponsal de la guerra del «New- 
York Herald». 
Ante esta reflexión se alejó completa- 
mente seguro, 
Durante algún tiempo cabalgó como si 
su intención fuera unirse al cantón de los 
húsares, 
Pero después de haberse alejado como 
medió kilómetro, torció á la izquierda, su- 
bió un «Klooft» y se introdujo en la región 
que después de las indicaciones de Boltón 
sabía se hallaba desguarnecida de tropas 
ingleses. ? SA ! 
Seguro de no ser perseguido, lanzó su 
caballo á galope. : 
El día declinaba. 
A la vuelta de un desfiladero. Simpson 
vió un montículo que se levantaba ante 
¡ a él, á la distancia, próximamente á una milla 
Miró con: sus gemelos la cima del 
«Kopje». 
A pesar de las brumas de la! noche des- 
- tacábanse formas humanas que se movían. 
—;¡Bueno!—pensó—. Me he extraviado. 
He ahí el lugar donde voy á encontrar al 
- señor Donegal, ) 
amigos. 
Para evitar una contusión que ibicta 
podido arrancar, para su persona, desagra- 
debles consecúencias. Simpson mioderó el : bía presidido las pesquisas ordenadas hi 
_ paso del caballo, siguiendo su camino. 
Quince minutos después 'era cogido y 
a amordazado a do: á la > ARE 
de Van Berkel. le , 
- Tales fueron las. aventuras del l. policía 
Simpson desde que hubo abandonado á 
sus clientes á bordo de La Florida». en y 
bahía de N ew-York, 
Este relato lo hizo po un tirón y sin 
envanecerse de sus hazañas. 
Todos. lo habían escuchado. 'con gran: 
de 
El 
á la señorita y á sus 
verdaderos avaros: 
de cerveza ni tuna redoma de «whisky». 
—¿Eso es todo lo que sabéis >—preguñ 
tó el señor Donegal, cuando hubo termr- 
nado. “Ss ¡ 
—Esto es todo, : 
—Habéis trabajado bien, Simpson. Voy 
á firmar en un cheque el resto de lo ptre- 
Al decir al señor Donegal que nada se 
le había escapado de lo referente á 10s 
hermanos Blackbaern, Cs an se. enga: 
ñaba. : 
No podía estar al corriente del incidente 
que había tenido lugar en la quinta de 
Saudman después de su marcha. j 
Y sin embargo, esté incidente debía te- 
ner una capital influencia en los destinos 
de nuestros héroes, E , 
Es, pues, indispensable que lo hagamos 
objeto del siguiente capítulo, l 
Añota bien: he aquí lo que Simpson de 
sabía, o 
Después de la marcha del falso corres" 
ponsal, el' capitán Agustín Bolton 'satis- 
_fecho de sí mismo, fué sin melindres Á 
ocupiar el asiento del abuelo, extendió. su 
piernas sobre las ascuas del hogar y mandó 
E una de las jóvenes atizar el fuego. 
En aquel momento el sargento que ha 
su entrada trayendo en la mano: una m "e 
letita. o ÓN 
—¡Y bien RS “Bola. 
-—Nada, mi capitán, Estos aldeanos som 
no tienen nun tarro 
pp Ah infames, quieren condenar á un 
honrado oficial de su majestad de morif 
de sed! ¡Acaso no hayas buscado bien Kil. 
—Pido perdón á vuecencia, nuestros d 
 gones. han vuelto y como si nada. 
il Aparte. los refrescos de: que esas 
 
	        
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