Full text: Tomo 3 (03)

44 
La palidez de la señorita Josselín había 
desaparecido; un ligero carmín cubría sus 
mejillas, 
En una momentánea visión, recordó los 
hechos desplegados, las horas de esperan- 
za y de decaimiento. Vió á su padre mori- 
bundo y los nobles rostros y la abnegación 
- de los que le habían ayudado. 
La víspera, rodeada de estos generosos 
corazones, creía haber llegado al fin de lo 
- que se proponía. á4 la víspera del triunfo. 
Y hoy estaba vencida, aniquilada, por 
la audacia y la astucia de los miserables 
que habían sido los fantasmas de toda su 
existencia. Eee 
En resistir no debía ni pensar. La vida 
e un hombre generoso, que espontánea- 
mente le había ofrecido el apoyo de su 
brazo y de su fortuna, era sagrada y €s- 
é 
taba en peligro... 
2. do no 
- herencia. 
va «el Sabr, “4 cinco metros de la ciudad de 
Mangubié.... a 
E ribera derecha... 
4 
4 
- Ante sus ojos todos los tesoros del mun- 
valían lo que la vida de un 
hombre, | : 
Abrió la boca, miovió los labios a len- 
- tamente miró. 
—¡ El tesoro de Zimbod Mi legítima 
. está escondida bajo las aguas 
á tres metros de profundidad... 
bajo 'una roca id cae A ploRdo en la 
Muerta por la ión Cerró los ojos 
y su cabeza Se: echó. hacia adelante, iner- 
“te como la cabeza dde un muerto. 
Jim encogióse de hombros. 
e al fin!l—dijo. a Ze ” 
Después volviéndose Á sus compañeros, 
ca Morgenstern «vigilará E los prisio- 
meros! Pa: cuanto á tí hermano Joe, y á 
vos señor Gaston, seguidme... 
Los tres" se dirigeron: premiadas. 
picó El 0. 
86: disimular 
movían. 
e él, llevó la mano á 
CARLOS SOLO 
Los tres bandidos avanzaban con pris 
febril y sin decir palabra. 
Las miradas que lanzaban á hurtadilk 
tenían 'una expresión feroz. Aún no £€S 
taba el tesoro entre sus manos y ya su 
dudas y sus desconfianzas se traslucíaM 
Los miserables se habían asociado pa 
la perpetración de un odioso crimen; l 
go tiempo habían reunido sus esfuerzos 
en la común persecución; el moment 
de la hazaña se e rod mas ellos te” 
nían miedo, , 
Jim y Joe comenzaban á hallar molest 
la persona del vizconde, después de todo" 
no. era más que un parásito. 
Ellos eran los principales artistas de 1 
victoria. El señor de Blaisois no babí 
£ 
sido sino un acompañante á sus órdenes 
¿Con qué derecho reclamaba parte. E 
sus ochenta millones ? ¡ 
—¡No! verdaderamente era “ocasión 
pensar en echarlo de la asociación. 
El vizconde, por su parte, no pensab 
menos. : 
—¡Hay más bocas para morder el poll 
que partes convenientes! Que el diablo M 
lleve sino encuentro un medio de arregl 
las cosas ventajosamente para mí—d: 
Los tres hombres juzgaron prudentem 
los , sentimientos que 
—¡Henos al He aquí, amigos Black 
baern!—dijo el señor de Blaisois con l€ 
tivo tono, 
—¡ Sí! sólo nos o falta conocer la S 
- ción exacta de la villa de Mangubié 
Joe subió un montículo que estaba de á 
á la frente, y se 
4 estudiar. los alrededores. : 
- Después que se hubo orientado, ex 
: dió los brazos. 
 
	        
© 2007 - | IAI SPK

Note to user

Dear user,

In response to current developments in the web technology used by the Goobi viewer, the software no longer supports your browser.

Please use one of the following browsers to display this page correctly.

Thank you.