Full text: Tomo 3 (03)

LA SEÑORITA 
cer? ¡Destrozarle la cabeza! Bah, no vale 
el cartucho que pierdo. 
Cerca de diez minutos habían transcu- 
rrido desde que el tren había descarrilado. 
- Era mucho. 
Había, sin pérdida de tiempo, que alejar- 
se lo más pronto posible, pues los soldados 
«del puesto vecino no tardarían en ir en 
- SOCOTTO del tren descarrilado. ] 
: Van Berkel dió orden de marchar. 
- Viendo la tropa tomar el galope hacia 
la montaña llevando el tesoro, “aquellos mi- 
llones que él había creído por un momento 
Suyos, el vizconde dió un grito- de rabia. 
-Con los brazos abiertos y la garganta sil- 
ante se lanzó en persecución de los fugi- 
ivos. 
Durante algún tiempo, éstos 
ás de ellos blasfemias, imprecaciones, ron- 
Cos alaridos. 
A Después las «imprecaciones, los gritos, lle- 
vaban menos claros y por último, cesaron. 
Muerto por la fatiga, con los pies ensan- 
gratados con las asperezas de las rocas, 
1 miserable había detenido su Carrera. 
Vencido, pataleante, montón de carne que 
sacudían á intervalos sobresaltos dolorosos, 
había llegado 4 los bordes de un precipicio, 
XII 
Nuestros amigos caminaban á basa paso. 
-Al amanecer atravesaban el río Komta; 
á las ocho de la mañana franqueaban la; 
frontera portuguesa, torcían hacia el Sud- 
Este y atravesaban. el territorio afre del 
El calor era tórrido; el sol dejaba caer 
sus rayos perpendiculares, haciendo estas 
r las rocas, incendiando las plantas, an 
q ilando toda vegetación. 
Los caballos, después de largas horas 
e amino, estaban fatigados; 
r 
oyeron de- 
que defender una . posición; 
cie ma 
MONTECRISTO '' 69 
á encabritarse y sus jinetes tenían que 
emplear prodigios se dirección para impe+ 
dir que se cayesen.. 
—No nos alcanzaremos á Kosy-Bay—ex- 
clamó Van Berkel—, se impone una parada. 
—¿Y si somos perseguidos? ¿Si los in- 
gleses vienen tras de nosotros? , 
— Poseemos sobre ellos un adelanto de: 
cuatro horas de caballo 4 lo menos. No- 
pueden seguirnos porque las pistas no se: 
descubren tan fácilmente en tiempo de se= 
quía. : 
—Entonces os proponéis... 
—Me propongo dedicar dos horas al des» e: 
canso. Nuestros caballos tienen necesidad. > 
de él. Bien pronto se negarán avanzar, 6 ME 
reventarán bajo nuestro peso. de 
—¡ Van Berkel, —huestra suerte está em 
vuestras manos!... etdtd q 
—En cuanto lleguemos á un sitio donde 
podamos atrincherarnos contra toda sopees 
sal, NOS detendremos. 
Todos comprendieron la nécesidad da una 
parada. A toda costa. había da: que cias de E 
las bestias. : : se 
La proposición de Van ¡elial fué acep+ 
tada por unanimidad. 
—¿Y este sitio en que podamos opi 
cherarnos preguntó. Arístides. 
Ka caverna de los: gigantes! 
—¿La quinta donde. fué depositada la 
carga de la A 
—La misma. 
La Posición es bien. escogida; casi inex 
PUBDADIE 7 A 
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importa ante; 
todo poner á las o y Ae tesoro em 
Ha sitio Seguro. ; | 
Y dirigiéndose al américano: 
—¿ Podemos contar. con vuestro aci 
Y con vuestro mecánico y 
he —La Forida» es. de mi propias. Joha 
 
	        
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