Full text: El cuarto núm. 111

   
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
    
    
    
    
    
     
    
  
220 - EUGENIO HELTA! 
to que. yo. era más fuerte; el señor Selfridge: ne. 
tenía. agarrado con una mano de hierro y habíame 
puesto más esposas de las que yo creyera. 
, yo era más fuerte; el señor Selfridge me tenía aga- 
- rrado con una mano de hierro y habíame puesto 
más. esposas de las que yo creyera. : : 
Me sentía terriblemente enervado, comprendi en- 
do que todo estaba perdido. Hiciese lo que hiciese, 
ya el mal estaba hecho. Si me callaba, sería la tur- 
bación del joven pobre frente a la muchacha mi-- 
Honaria, considerada inaccesible. Cada palabra in- 
geniosa o amable éra una nueva seducción. Si ha- 
blaba de cosas indiferentes, ocultaba virilmente 
mis verdaderos sentimientos. Si evitaba la mirada ms: 
de miss Babrook, era por modestia adorable. Si la E 
miraba, si me mostraba de buen humor, lo mismo E 
que si me mostraba de malo, todo ello no tenía más: 
que una explicación: estaba enamorado. ¡Era de 
tal modo natural, tan comprensible! ¿Por qué me 
había dado el trabajo de buscar-log pendientes? 
No tenía necesidad de su dinero... Estaba enamo- 
rado, quería procurar una alegría a aquella que 
amaba, aun poniendo en peligro mi vida. Y mi des- 
esperada protesta, mi honrada y sincera modes-- 
tia, con las que quería disminuír mis méritos, todo 
esto no hacía más que aumentar mis virtudes. Com- 
prendía que miss Babrook se había enamorado de 
mí irremediablemente antes de verme; se había 
enamorado del héroe del relato del señor Selfrid- 
ge, del señor húngaro, pobre, pero caballeresco, 
que por los pendientes o pon: los guantes de su 
  
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