Full text: El cuarto núm. 111

  
   
IV 
de 
<...Mo hallaba al borde del Agua gigan- 
tesca, que se llama Pasado...» 
Jorz Parpy.—La llave de oro. 
- El cuarto del señor Selfridge era un poco más 
grande que el mío, y por estar lleno de chucherías 
de todas clases, poseía una mayor intimidad. Veía- 
se claramente que quien allí/vivía amaba su mora- 
da, tratando de atenuar aquella rigidez que hace 
fríos los cuartos de los hoteles. Aquí con un vidrio E 
abigarrado, allá con una taza de vieja porcelana 
de Viena, mediante una estatuilla de marfil, algu- 
nos grabados antiguos o varios cuadros modernos. 
Había allí también un estante de libros en un rin- 
cón, bastones con puño de oro y de plata, y sobre 
la pared algunas armas antiguas. Una jaula cubier- 
ta con una toquilla. Pero ni el menor rastro de todo 
cuanto la imaginación del vulgo trataría de hallar 
en el cuarto de un prestidigitador. Ni siquiera vi la 
_hegra varita mágica tradicional. 
Cuando entré, el señor Selfridge estaba séntado : 
en una gran o y leía. Cúbría su cabeza un 
gorro Suroo de seda, ea Mevaba grandes que- 
r 
  
  
	        
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