Full text: El cuarto núm. 111

     
    
    
46 : j | Cde E ¡BUGENÑIO. HELTA! 
  
Ámand y Js “Yo también tenía Mbroñ:: ., los re- 
galé... A él fué a quien se los dí...” ¡A él! Y parda 
con una ternura indecible. Pespuiss se sentó enla 
cama, pidió papel de escribir, cogió un sobre y 
“comenzó a escribir... “Señor...”, no es scribió más 
que esa palabra. Yo la observaba excitado..., iba a 
saber el nombre de aquel hombre. Quizá debió dar- 
se cuenta de mi enervamiento. El rostro se ensom- 
breció, dejó la pluma, se quejó. de que estaba muy 
cansada..., continuaría al día siguiente. Pero no - 
continuó. A la mañana siguiente apenas si habla- 
ba. Estuvo acostada durante todo el día con los . 
ojos cerrados y una sonrisa errante entre sus la- 
bios... Por la noche experimentó un sobresalto, 
miró en derredor suyo, y me cogió la mano: “Joé 
tiene usted que prometerme que no hará más ese 
número.” Al principio no sabía de qué me habla- 
ba. “Ese número de la guillotina..., es preciso, 
nunca más.” Me eché a reír, y ella se puso seria: 
“Joé, usted es el único que ha tenido fe en mí. 
No se ría usted, sé muy bien lo que digo..., y 
cuando digo una cosa es porque tengo mis razo- 
nes. ¡Es preciso, nunca más! Prométamelo..., == 
métamelo, para que me pueda morir tranquila... 
Se lo prometi, y se mostró muy contenta. Apretaba 
reconocida mi mano: “Gracias, gracias...” Y la 
besaba. Después cerró los ojos, y dijo: “Entregad 
la carta...” Vi de nuevo sobre su rostro la dulce 
- da pero ya no hablaba. Murió aquella maña- 
, la enterré allí, en Cannes... He aquí todo lo 
pe En de Olga, o de Zizí..., de la mujer que amé y 
    
  
  
  
  
 
	        
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