Full text: El cuarto núm. 111

  
  
  
  
EL CUARTO, "NUMERO 111 3 A 
  
- mujer que ríe, la última carta de Olga, la. guillo- 
tina del señor Selfridge..., ¿dóndé quedaban ya vo- 
das aquellas cosas enervantes en aquella. radiante 
aurora? Habían pasado, quizá nunca hubiesen 
- existido. ¿Estaba enfermo, mis nervios estaban de- 
-licados? Sin embargo, nunca, me había. sentido 
mejor... Soy sobrio, estoy tranquilo, me atrevo a 
apagar la luz, a cerrar los ojos y duermo ya tran-. , 
quilamente, como no dormía desde hacía ya va- 
rios meses. Ya no me veo atormentado con visio- 
- nes, ya no sueño con Zoroastro, qa no tengo pe- 
sadillas. 
He dormido durante todo el día, y me he des- 
- pertado sonriendo, alegre... ¡Dios mío, qué her- 
mosa es de este modo la vida! ¡Quince mil coro-- 
nas... todo depende de eso! Y tendré muchas: más 
céntimo es como un hijo querido. Me cuidar 
- dinero. Los peligros han pasado para siempre, 
soy joven, fuerte y rico. Al señor Selfridge no lo 
Conozco. Y lo que ¡pasa en el cuarto vecino... ¿Qué 
puede importarme semejante cosa? Soy un caba- 
- todavía. No' me daré prisa, tengo tiempo de sobra, 
2 ganaré el dinero lentamente, con comodidad. Y lo 
trataré con mimo, como el avaro para quien cada 
   
llero y no tengo costumbre de escuchar tras de 
las puertas. Verdad es que me hubiese encontra- 
do en una situación terrible si ayer hubiera per- 
dido las mil coronas; pero no las perdí..., era ne- 
: cesario que ganase y he ganado: la razón estaba 
de mi parte. Más adelante, cuando tenga más di- 
nero, haré engarzar en oro la peineta de la mujer 
ar 
  
 
	        
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