Full text: El cuarto núm. 111

  
  
  
88 : 5 E EUGENIO HELTAL 
  
quina, y inde la seguí iaa y con procad= E 
ciones, hacía mucho tiempo que había desapare- 
“cido. No. oí cerrar puerta alguna, lo que me hizo 
suponer que habitaba en otro piso. 
-En el Hotel Majestic vivían muchas cocotas, y : 
a menudo, mientras mis peregrinaciones noctur- 
nas, trapezaba con mújeres solas, que, dispuestas 
al amor, penetraban de ocultis en los cuartos de 
los caballeros. Veía también a hombres jóvenes y 
viejos que, con el deseo de las aventuras, llamaban 
a ciertas puertas que se abrían rápidas. Nunca me 
ocupé de aquello: lo. desprecié. Tan magnífico 
como a mí me parecía el que la sed de amor me 
empujase hacia una mujer, tan cómico encontra- 
ba el deseo cuando lo veía en otro hombre cual- 
quiera. Me los imaginaba en el momento crítico, 
y me reía de su fealdad. Y en lás mujeres sólo po- 
día comprender el beso que me daban a mí; los - 
demás besos—en mi desenfrenado egoísmo—me 
parecían injustos, como una especie de traición 
que se me hacía. Odiaba a todas las mujeres que 
no se me entregaban y que se atrevían a amar a 
otro hombre. Pero mi cólera no duraba más que 
breves momentos, y poco después habíase trans- 
formado en ún hastío fatigado y arreglaba el asun- 
to con un indiferente encogimiento de hombros. 
También entonces parecióme extraño única- 
mente por que la mujer de las zapatillas de piel de 
Rusia hubiese salido de sol habitación del señor  - 
Selfridge. 
El hotel tiene qustontas habitaciones. Si hu- 
  
 
	        
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