Full text: Fausta la diabólica (Bd. 19)

  
  
1go EL HIJO DE PARDAILLAN 
—Y ¿cómo se explica que no los haya visto en 
todo el día ?—preguntó. 
—Han pedido permiso para salir hoy al cam- 
po. Pero todo el mundo creyó que antes de 
marchar os habrían provisto de lo necesario. 
—¡Ah, si monseñor se entera de eso, los va a cas- 
tigar severamente ! Y vos, señor caballero, ¿por 
qué no lo habíais dicho antes? Os habrían servi- 
do en el acto. En tanto que ahora... | 
—¿ Qué ?—preguntó Pardaillan. 
-.  —Pues que todo el mundo duerme en la ca- 
sa y es imposible daros absolutamente nada. 
¡Que contrariedad 
—Bah—pensó Pardaillan que empezaba a tran- 
quilizarse.—Una noche más de abstinencia no 
debe importarme ya. Si tuviera solamente un poco 
de agua para beber... En fin, ya veremos ma- 
Ñana. EE pa ) 
Y sin hacer caso de las palabras de disculpa 
que le dirigía su invisible interlocutor, fué a 
echarse en la cama, en donde a duras penas pudo 
conciliar el sueño. 
  
  
  
 
	        
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