Full text: Una tragedia en la Bastilla (Bd. 10)

  
   
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
   
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
     
Ce Ea 106 PARDAILLAN 
antes sentía sed, pero a la sazón la garganta 
le ardía. Comprendió que iba a volverse loco 
y para terminar de una vez quiso herirse con 
la daga. Pero al ir a cogerla observó que: se 
la habían quitado. El Cardenal estaba des- 
armado como él. Entonces la realidad, lo que 
Farnesio llamaba la siniestra realidad, se le 
apareció en todo su horror. La fuga era im- 
posible. Estaban encerrados vivos en una tum.. 
ba e iban a morir lentamente en la agonía 
más espantosa de todas. Claudio miró a Far- 
nesio. El Cardenal estaba sentado en el sillón, 
inmóvil, con los ojos cerrados, y su silueta 
- medio borrosa en la obscuridad parecía ser ya | 
la de un cadáver. Entonces el verdugo, con 
los cabellos erizados y lleno de espanto, retro- 
cedió a un ángulo de aquella tumba, se acu- 
rrucó allí y, atormentado por la sed, se pre- 
—guntó cuántas horas iba a durar el suplicio. 
v 
CASAMIENTO DE VIOLETA 
-—Obligados por las circunstancias hemos te- 
  
  
  
  
  
  
  
  
nido que acompañar al Cardenal y al verdu- 
go hasta la puerta de su prisión. Dejamos, 
- por consiguiente, al caballero de Pardaillan en 
- la posada de la «Adivinadora» en donde es- 
taba sitiado, y por otra parte a Carlos de An- 
_ gulema en su casa de la calle de los Listados, 
- en donde esperaba la llegada del padre de 
Violeta. Por lo tanto, en la calle de los Lis- 
“tados y en la de San Dionisio van a tener lu- a 
gar hechos interesantes para la continuación 
de este relato. Bet E a sea 
pa, 
  
 
	        
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