Full text: Una tragedia en la Bastilla (Bd. 10)

  
  
    
UNA TRAGEDIA EN LA BASTILLA 95 
Y diciendo estas palabras dió a PR me- 
dio pollo que había encontrado en la alace- 
na. Pipeau, que había mordido a Graznido, 
cuando vió que éste le regalaba con tan ex- 
quisito bocado, aceptó el obsequio y se echó 
a Sus pies meneando el muñón de su cola. 
_Graznido ya no era ladrón, puesto que com- 
partía con el perro el producto de su robo. 
IX 
HEROÍSMO DE PARDAILLAN 
Rosa había dejado sobre la mesa el tazón 
y las vendas que llevaba. El primero contenía 
un excelente ungiiento compuesto por Rosa 
para cicatrizar las heridas del caballero y las 
- vendas de tela servían para mantener las com- 
- presas. ) 
—¿ Para quién es todo eso ¿preguntó Par- 
- daillan, 
- —Para vos, señor caballero—contestó. Ros 
Que, pálida y: temblorosa por las exclamacio- 
nes que oía ante la puerta de su casa, olvida- 
- ba, no obstante, sus temores para cumplir los 
deberes de la hospitalidad con Pardaillan. 
- —¡Caramba! Es cierto que tengo algún 
arañazo—exclamó Pardaillan fijándose enton- 
- ces en que fluía la sangre de sus manos—. 
o lestarían, 
    
  
  
- Pero, mi querida Rosa, por buena cirujana 
que seáis, son inútiles vuestros cuidados. Den- 
tro de algunos minutos tendréis que empezar 
_de nuevo, cosa que os daría demasiado tra- 
bajo, sin contar con que las vendas me mo 
y
	        
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