Full text: 1.1911,4.Nov.=Nr. 2 (1911000102)

  
  
  
  
  
   
   
   
  
  
   
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
   
  
   
   
  
  
  
  
   
   
  
  
  
  
  
  
  
Paisaje 
Noche estival. La luna vierte su lumbre. 
Flotan velos de nácar sobre la cumbre. 
La brisa trae del llano suaves arpegios, 
monólogos y trovas.—Palacios regios 
  
“semejan en la altura las nubes blancas; — 
el arroyo á la sombra de las barrancas; 
murmura una leyenda triste de amores, 
besando los ramajes.—Hojas y flores 
reflejan claridades.—Resbala el viento 
tan vagoroso y débil como un aliento 
que apenas se percibe.—Perfuma leve 
exhala de su cáliz la flor de nieve, 
y los pájaros pían adormecidos 
como niños cansados entre los nidos. 
Llegó la hora sombría de las tristezas; 
las luciérnagas brillan en las malezas 
con fosfóricas luces. Eco lejano 
de un triste de guitarra vibra en el llano, 
mientras por el espacio sigue su marcha 
el satélite, albino como la escarcha. 
De la incierta guitarra sigue el rasgueo. 
La canción, voluptuosa como un deseo, 
al soplo de las auras se desparrama 
por la inmensa llanura. Sobre la grama 
que me sirve de lecho, siento el encanto 
del idilio silvestre, virgen y santo. 
Mil seres ignorados, genios sencillos 
de las frondas agrestes, que en los castillos 
de campánulas y hojas amontonadas 
viven forjando sueños como las hadas; 
mariposas azules que entre los broches” 
de los rojos claveles, todas las noches 
encuentran aromados lechos nupciales; 
insectos encendidos que en los juncales, 
confundiendo sus luces, vuelan ó saltan; 
pececillos inquietos que el agua esmaitan 
de plata y oro; —i¡cómo comprendo ahora 
los misterios del bosque! que si la aurora 
en explosión alegre la tierra alumbra, 
son más dulces los goces de la penumbra, 
y las aves que arrullan sobre la alfombra 
del perfumado. césped, aman la sombra, 
hallando el incentivo de sus ternuras, 
en los nidos que brigan las espesuras. 
  
De un “pajonal ardiendo se ve la hoguera, — 
luego los “alambrados” y la “tranquera”; — 
el camino que pasa junto á la quinta, 
blanco, recto y angosto como una cinta. 
La luz del rancho oscila.—Sigue el rasgueo 
y el canto, vuluptuoso como un deseo... 
Después el rumor cesa, y e n el tranquilo 
sopor de la llanura, se oye el “estilo” 
que el “payador” arranca de su instrumento; — 
la expresión elocuente de un sentimiento, 
que, acaso en ese instante se espande y vuela, 
como un alma que busca su alma gemela. 
E] ———————— A A - 
y - 
¡Idilio venturoso, Psiquis te enciende! 
Yel corazón amante que te comprende, : 
late con tus latidos, en-tí se inspira; 
emocionado vibra como una lira, 
y el secreto más hondo, más exquisito, 
penetra de tu mundo, que es infinito. 
Ya la luna se oculta detrás del monte. 
Vapores sonrosados, del horizonte 
se elevan silenciosos.—En la floresta 
suenan débiles notas; es que la orquesta 
de músicos alados, en la espesura, 
preludia los acordes de una obertura. 
A la luz indecisa todo despierta; 
se anima la campiña que está muerta; — 
los remansos se agitan en leves olas; — 
hay matices lujosos en las corolas; 
por los campos arados la torcaz vuela; 
el cisne en la laguna deja una estela; 
la brisa pasa y mueve los alfalfares; 
dan reflejos de acero los tajamares; 
y las quejas, los ecos y los murmullos, 
son trinos, son caricias y son arrullos. 
Sólo reposa el rancho sobre la alfombra 
de la gramilla verde, —porque la sombra 
aviva las canciones y los amores 
que ocultan en sus almas los “payadores”. 
Santiago MACIEL. 
——— 0 54-— — 
El “Five-o-clock tea” 
y el “Mate” 
Desde que los “paquebots” hacen la travesía del 
Atlántico en 15 días; desde que el cable nos hace 
saber lo que Comen los “boers” y lo que beben á 
diario los ingleses, nuestro clásico modo de ser, 
nuestro modo de vivir y hasta muestro sistema de 
no pagar han cambiado por comopleto. 
Y entre las mil. cosas que terfamos, muchas de 
ellas pintorescas, como las monedas de á cinco 
pesos, y otras profundamente prácticas que se han 
perdido ó van desapareciendo, una de ellas, bastan- 
te higiénica por cierto, era la “matear”, entre al- 
muerzo y comida. 
A la típica frase de: “vamos á chupar un cima-. 
rrón”, 6 “un amargo”, ha reemplazado la de “five- 
o-clock, nombre que suena así, á modo de “fiebre 
clueca”; y que traducido estomacal € incorrecta- 
mente, significa “merienda 6 piscolabis en tazz y 
con murmuración”. 
Y esa frase nos viene directamente por “steamer” 
de la “high-life” de Londres, que es, como si di- 
jéramos de “la gente bien”, del “pago”. . 
Porque, desde que cada semana los vapores de 
ultramar nos traen una avalancha de gacetas, ya 
no sabemos decir sino: “Sport”, “turf”, “lunch”, 
“meeting”, “sandwich”, “great atraction”, etc., 
etcétera. 
Y á esta monserga “gringa” hay que añadir el 
“five-o-clock” 6 “te de las cinco”, traducido al 
criollo. : y 
Los franceses han aceptaco con entusiasmo es-. 
ta costumbre, y “nosotros” (hablo de la. gente 
rica de acá) “hemos” seguido la moda, y no hay 
palacio en la “Avenida Alvear ó de la República” 
donde una vez por semana—los días de recibo—. 
no se sirva una taza de te con masitas á los ami- 
gos que van de paseo á “Palermo”. 
La costumbre es puramente inglesa, lo que nos 
complace, por más que detestemos á los ingleses 
cincuenta y dos veces al año (una vez por sema- 
na); y nos complacemos, porque los franceses, 
reyes absolutos desde tiempo de Luis XIV, de to- 
do lo relativo al buen gusto estético social, parece 
  
  
  
  
 
        
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