Full text: 1.1911,25.Nov.=Nr. 5 (1911000105)

  
  
    
—¿Quién es messieurs les rátains? pregunté. 
——los ratones, me dijo en voz baja uno de los 
| hombres que estaba 4 mi lado. 
— ¡Caramba! ¿y qué, tantos hay? 
—¡Un hormiguero! ya verá. 
—bPero ¿por qué no los matan? ! 
—iCómo si la casa es una mina, si hay hasta 
en las paredes, hasta... Este año se han comido 
el maíz en al misma espiga, choclo no más, antes 
de madurar. ¡Si da risa! Zapallos, no dejaron 
2! uno, los melones lo mismo, verdes no más los 
Mujereaban por “dentro. a 
—Pero ¿para qué los han dejado cundir así? 
—¡Qué quiere, señor! A don Adrián se le ha 
puesto matar los gatos... dice que son” mon- 
teses.,. Ved, hay tanto ratón aquí que ñi caso 
les hacen los perros. Todo se lo comen, me han de- 
Jan á la miseriy las guascas, me han cortan las 
olas en tres partes. ¿Vé usté esta” mordedura 
del tirador? De ratón. Mire mi sombrero, fijesé en 
€l poncho, vea como andan por allí por los tiran- 
es, mirelós en aquel rncón. Por poco, le. juro, por 
Poco no nos comen á nosotros. Luego verá. 
—¿ Y por qué les llaman así? : 
—¿Cómo? 
—Messieurs les ratains. 
—¡Ah! esque el patrón dice que los ratones 
"0 son argentinos. 
A. todo esto, el joven dueño de casa preguntó: 
—¡ Ordeñaron? 
—ñSí, señor, 
—¿Ataron la overa hosca? 
—Sí, señor. 
— ¿Sacaron mucha? 
—Cinco baldes. 
—¿ Dónde pusieron la lechiguana? 
Di la dispensa. Como ha sido mucha ha ha- 
duleo que ponerla en ese tacho grande de hacer 
  
lag Oncluída la cena hiciéronme pasar á una de 
did mejores habitaciones, donde me habían ten- 
e 9 una cama muy decente, El cuarto estaba em- 
¡opclado, tenía piso de madera y cielo raso de 
ct. En aquel cielo las estrellas eran tan nu, 
te Osus como las del firmamento, ostentando, en 
ts una, diez lunas por lo menos en cuarto cre- 
4 Ne. Aquella nueva creación astral era debida 
Messieurs les ratains, como decía Adrián. Si- 
ciendo su consejo me acosté tapándome hasta la 
. za. Empezaba á dormirme cuando sentí rodar 
Nopp, e dadero trueno sobre mi cabeza. Eran los 
MTI señores que estaban fregando. Sentílos 
eat por la pared con ligereza. ¡Plam! ¡pam! 
pam! cayeron tres sobre mi cama, ¡choe! hizo 
Potes dando, en su descenso, sobre una de mis 
- 98. ¡La pucha! ana libra por lo menos pesaban. 
e había puesto el candelero á mi. costado, S0- 
T "na silla. Conocí que subían, que me mordían 
ias, me oprimían los pies... Saeudí fuer- 
E e las patas, dando un grito; busco los fós- 
aia 10 puedo encontrar, toco un cuerpo es- 
a Muro, tibio y suave, cae el candelero de la si 
he y messieurs les ratains se ponen á 
Nebo rodar “omo una campana por debajo del 
+. Ctro, ú otros, dele eincha con una de mis 
. t. de la madrugada pude dormitar un poco. 
laja Pa el. sol saliendo cuando me levanté y 
a la cocina. Adrián se me había adelan- 
con toda su familia de peones y agrega- 
hast 
"do y 
Cos ee 
“taba en rueda (así como estamos Nosotros 
ante el inmenso tacho, que medía la ter- 
o de un harril, prendiéndole, los locos, 
ate de leche, Acerqueme, empezando á descol- 
  
garme también á la sustanciosa infusión que-co- 
mo leche gorda y descansada que era, ya po- 
drán ustedes figurarse.... Había. tomado unos 
treinta y cinco matecitos; la olla estaba ya por 
descubrir sa fondo y era necesario inclinarla un 
poco para llenar el cucharón, cuando, Adrián suel- 
ta una carcajada y me dice: 
—Amigo, amigo forastero, qué tal le ha pare- 
cido el mate? 
—Riquísimo le contesté. 
—bLe ha encontrado. gusto... ¿4 qué? 
—Me ha parecido notar un sabor especial. 
—¡ Sabor malo? y j ; 
—Al contrario; un cierto sabor á vainilla... 
en fin, uma novedad, un no sé qué de manteca, 
de aromático..., ' 
— No le ha encontrado gusto á francois? 
—A francois? cn 
—ÑSí, hombre, á messieurs les ratains; —. 
—¡ AMonssieur le ratain? Vamos, vamos, déje- 
se de bromas, 
—¡ Bromas? Recién reparamos al inclinar el 
encerolón que anoche. han-naufragado dos. Venga, 
vea que pelados y qué recocidos están.- ¡Ya lo 
creo! como que han hervido .más?de dos horas! , 
SE 3 VICIORIO SILVA, 
  
Mi guitarra 
¿Habrá más noble instrumento 
que la sonora guitarra; 
cuya voz, pura. y bizarra, 
trae dolor ó contento? 
Es y fué que: todo momento 
del paisano el lenitivo, 
cuando algún dolor esquivo 
lo resume en la tristeza, 
ella humanamente expresa 
su cóngoja en un motivo. ... 
— : ” 
Ella encarna en sus arpegios 
del alma de las emociones, , 
y elevan en los corazones 
sus miles acordes régios. 
Con sus raros, sortilejios 
se adueña de un pueblo austero... a” 
cuando su canto hechicero y : 
modula una careajada, ' 
Ó se desata abrumada :,... ; 
en un llanto Jastimero. y 
de 
El payador exquisito . 
de la pampa dilatada, 
que su alma tiene embargada 
por un amor infinito, p A 
de su prenda, en el ranchito, ! 
con la “<viguela”? llorona, N 
á esa criolla retosona, ETS 
de almidonada pollera, : 
su 'cariño le reitera iba ¡ ! 
con un juego de bordona. 
  
El paria que habita solo 
por la desgracia marcado, 
que su razón ha inmolado 
la fiera garra del dolo, 
que la frialdad del polo, 
hizo de su alma guarida; 4 
va desgajando su vida, 
babeada por el ultraje, 
sobre el doliente cordaje 
de su guitarra querida 
  
 
	        
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