Full text: Año 1.1912=No. 2 (1912000200)

Año I.-N9 2 
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Registrado como artículo de 2^ clase el 9 de Febrero de 1912 
México, D. F., Abril de 1912 Tomo I 
CRONICA MENSUAL 
'^-Trillante y fina malla de hilos de oro, 
iA¿J’ rica urdimbre en la que brillarán los 
destelles de exquisitos diamantes, esta debe 
ría ser la vestidura de la crónica. 
El Arte—música, pintura, poesía—ha 
bría de ser su alma. 
Pero he aquí que el hada de la belleza me 
niega sus joyas y que las manifestaciones 
artísticas no son sino en breve parte las que 
habrán de darme tema para bordar esta pri 
mera crónica mensual. 
¿Notas de arte? Sí; las ha habido. Nues 
tra raza latina, enamorada de la belleza, 
busca la luz, y aunque nuestro cielo se cu 
bra de gruesas y negras nubes, siempre 
queda algo de cielo azul y brilla un rayo de 
sol. 
La luz, el rayo de sol, la nota de arte que 
esplende en nuestro cielo tempestuoso, ha 
sido en esta vez la música sublime; la que 
ha resonado en la vieja sala del teatro Ar- 
beu; la que ha evocado el maestro Meneses 
con mágica batuta. 
Hánse reunido allí los mejores elementos 
que andaban dispersos en nuestro mundo 
artístico. El maestro los llamó, ellos acudie 
ron gustosos y una vez más hemos sentido 
ese extremecimiento especial que conmueve 
hasta lo más íntimo de nuestro ser cuando 
escuchamos absortos las obras de los gran 
des autores mágistralmente interpretadas. 
No entraré aquí en técnicos detalles. Ya 
nuestro cronista musical ha escrito una her 
mosa página dedicada á la obra de Meneses. 
Yo solamente he querido engalanar esta 
prosa dejando prendida en ella la impresión 
que mi mente conserva de la única nota de 
arte de que en estos últimos días hemos dis 
frutado. 
❖ 
* * 
La vida política es, por lo demás, la que 
ha tenido el previlegio de atraer la atención 
como potente imán al que nada se resiste. 
La nota de arte es blanca, la política es 
roja. 
En las montuosas fragosidades del sur,, 
en los campos de Durango y Zacatecas, 
y especialmente en las dilatadas regiones de- 
Chihuahua y Coahuila ha corrido á torren 
tes la sangre. 
Las fuerzas del gobierno y las de los rebel 
des han entrado en rudos combates, y en 
aquellos sitios donde, durante muchos años, 
los rumores del viento se mezclaban á los 
trinos de las aves, á las canciones de los 
campesinos entregados á fecundas tareas, y 
al ruido de alguna fábrica, ahora se escu 
cha solamente el estrépito de la guerra. 
El viento recoge en sus alas toques de 
campaña, acompasadas marchas, voces de 
mando, gritos de ataque, disparos de fusi 
lería, cañonazos, explosiones de bombas, 
y al último gritos de victoria por una 
parte, de desesperación por otra. 
Después, poco á poco mengua el ruido, y 
sólo se escuchan las quejas, las dolientes 
quejas de los heridos que han quedado en 
tre las rocas, de los heridos que esperan 
con angustia que una mano cariñosa vaya á
	        
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