LA POLITICA DEL DOLLAR 
Un desengaño más.—Los mismos perros Los incidentes de Guaymas y 
Matamoros.—Maceo y su opinión sobre los americanos.—Enseñanzas 
de la Historia.—El fracaso de Panamá.—Nicaragua amenazada. 
B ace años que nuestra labor en la 
I prensa ha sido principalmente 
ia de presentar á la luz de la 
razón la odiosa política del do- 
llar seguida por el Gobierno de Was* 
hington desde que, bajo la administra 
ción del partido republicano, se desarro 
lló en los Estádos Unidos el furor impe 
rialista que ha consumado los atropellos 
de Colombia, su guerra con España, su 
tiranía en Centro América y acabó con la 
paz que gozaba México, fomentando y 
protegiendo las revoluciones en esta re 
pública, que había llegado á ser por su 
extensión, sus riquezas y su organización 
militar una especie de dique que cerraba 
el avance del imperialismo hacia las re 
públicas sudamericanas. 
Creíamos con la mejor buena fe que el 
triunfo de los democrátas en las últimas 
elecciones de los Estados Unidos y la 
elección de Mr. Woodrow Wilson para 
Presidente de la Unión Americana daría 
una nueva orientación á la política de 
Washington, terminando la serie de ini 
quidades cometidas con los pueblos lati 
nos, y hasta llegamos á soñar en algunas 
reparaciones que justificaran la fama que 
de recto y justiciero tenía el actual Pre 
sidente de los Estados Unidos. 
Hasta llegamos en nuestro entusiasmo 
por el nuevo astro que surgía en la polí 
tica norteamericana á tomar parte en al 
gunos mitins celebrados en Nueva York 
en favor de Mr. Wilson y en los que oí 
mos los elogios más grandes de este 
hombre cuya honradez y rectitud se po 
nía por las nubes. 
Por Manuel León Sánchez. 
En aquellas reuniones no dejaron de 
oirse algunos oradores que, sin negar las 
virtudes del futuro Presidente,desconfia 
ran de que pudiera poner en práctica su 
programa de justicia y equidad, pero es 
tas manifestaciones aisladas no hallaron 
eco en aquellas reuniones. 
Desgraciadamente el tiempo y los acom- 
tecimientos que se acaban de desarrollar 
en Matamoros y en Guaymas no dejan 
lugar á dudas sobre lo que los pueblos 
latinos pueden esperar de Washington, 1° 
mismo bajo la política imperialista de 
Roosevelt que con laque ofrecía el can 
didato demócrata, Wilson. 
Todavía queremos creer que el actual 
Presidente halló una administración co 
rrompida, y los Estados, sobre todo los 
fronterizos con México y Centro Améri 
ca, en manos de los amigos del imperia 
lismo, pero los meses pasan y, ó el nuevo 
Presidente carece del poder y de las ener 
gías necesarias para llevar á cabo su pro 
grama de justicia ó ha aceptado los pro 
cedimientos que combatía antes de su 
exaltación á la Presidencia. 
Desgraciadamente éste es un fenómeno 
que se repite con suma frecuencia en los 
gobernantes y por lo que á México se re 
fiere la política de Washington no ha 
cambiado, ayudando sistemáticamente f- 
todas las revoluciones que se han segui 
do desde la de 1910, encabezada por Don 
Francisco I. Madero, y que sin resultado 
práctico alguno para los principios q ue 
han tomado por pretexto, han acabado 
con la paz de México, con sus reservas 
del Tesoro, con su red de ferrocarrileSi
        
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