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UNA DAMA ILUSTRE 
(Mus. WOODROW WILSON) 
El 6 de Agosto ha sido un dia de 
duelo para el pueblo de los Estados 
Unidos. Ese día, a las 5 de la tarde, 
fallecía la Exorna, señora esposa del 
Presidente Wilson, en el misino salón 
Este de la Casa Blanca, con vista ha 
cia el Potomac, donde se efectuara, 
unos meses antes, el feliz matrimonio 
de su hija Jessie con el caballero 
Sayre. 
Desde que se anunció la posibilidad 
de su muerte los principales diarios 
publicaron artículos de simpatía ex 
presando el duelo nacional al encon 
trarse moribunda la primera señora 
del pais—first lady of latid —como lla 
man aquí a la esposa del Primer Ma 
gistrado, del mismo modo que desig 
nan como la «primera familia del país» 
a la familia del mismo. Este rasgo es 
típico de la educación y cultura ame 
ricana; y refiriéndose a este y otros 
casos parecidos, un observador latino 
americano, seguramente juzgando por 
contraste, decia: — «No he visto un pue 
blo más preparado que éste para la mo 
narquía». — El americano, cualquiera 
que sea su filiación política, ve en la 
persona del Presidente de la República, 
ei primer ciudadano, un ser simbólico, 
representativo, que encarna la sobera 
nía de la Nación, y en este concepto 
lú mira con un respeto que no cree 
en discordancia con el ideal de la de 
mocracia. Discute y combate con ca 
ler los actos públicos del Presidente; 
pero el respeto a su persona y a los 
miembros de su familia se halla fuera 
de toda controversia. 
Las Cámaras expresaron igualmente 
los mismos sentimientos de simpatía y 
de votos por el restablecimiento de la 
ilustre enferma, y fué un momento de 
verdadera congoja pública, de ansiedad 
general, aquel en que los diarios anun 
ciaban, a cada rato, en ediciones ex 
traordinarias, el proceso de la cruel 
dolencia. La Cámara, a moción del 
Representante Kinkead, de New Jer- 
ssey, aprobó una resolución por la cual 
«la Cámara de Representantes de los 
Estados Unidos envía al Presidente, 
en esta hora de aprehensiva tristeza, 
un voto de calurosa simpatía, y ruega 
que Dios, en su clemencia, restablezca 
la salud de su buena esposa, conseje 
ra y colaboradora». El Rev. doctor 
Prettyman, Capellán del Senado, em 
pezó su oración reglamentaria para la 
apertura de cada sesión, con estas pa 
labras relativas a la enfermedad de la 
señora del Presidente: — «Que los án 
geles de la misericordia tiendan sus 
alas sobre el hogar de nuestro primer 
magistrado. Que Tu bondadosa provi 
dencia despeje la tristeza que ha pene 
trado allí y que vigorice y restablezca 
la quebrantada salud». 
En la mañana del día de su muer 
te, hallándose en pleno uso de sus 
facultades, preguntó si todavía no ha 
bía sido aprobado un proyecto de ley 
de beneficencia pública por ella patro 
cinado. Le dijeron que ambas Cáma 
ras se habían reunido especialmente 
para tomarlo en consideración, en vis 
ta de los deseos por ella manifestados, 
y que en breves momentos sería apro 
bado sin modificación.— «Entonces mo 
riré tranquila», respondió ella.
        
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