Full text: 1.1911=Nr. 15 (1911000115)

m 
a k 
É 
mm 
m 
íí» 
a 
@ 
En mi tiempo...-y frunció el ceño el viejo bandido. 
¿ fc-n su tiempo qué, don Amílcar ? 
—El robo de aves quedaba para los negros y los pilletes 
•de seis años. 
—Ese no es el género de hoy. El género de hoy es el asalto. 
Valiente... De tres contra uno. Y ese gringo, ¡Ratones' 
—Y escupió fuerte. 
—No tal, don Amílcar. El género es expuesto. A veces hay 
•que darle al otario. 
— De atrás... 
— ¿ Pasaban las cosas de otro modo en su tiempo ? 
—Vea, mozo; se conoce que usted no ha oído mentar á Pon- 
ce Araña. ¡ Cómo se olvida en este mundo lo mentao otras ve- 
■ces ! Pero estoy mal de pecho y no quiero hablar... 
pasar un contrabando, y cuando los contrabandistas le pusie* 
ron seis onzas en la mano, las tiró al agua 
Ve E rTara ra ^ , Comp f ^ ne Ia ™¡sma fibra que el vasquito 
Vergara, aquel que tomó el vapor de la carrera, rindió al ca 
pitán, y con ese buque mercante declaró la guerra al «obierno 
y se anduvo de macaneo acuático no sé cuántos días 
Bueno. La comisaría ardió y mi compadre fué á plantarse 
en medio del camino, por supuesto, á la espera de Cruz el 
iravo. Pero Cruz no pasaba, porque no tendría por qué pasar 
\ allí, en el camino, se aguantó noches y días. Los que lo 
veían parado, sin decir palabra ni contestar al saludo se lo 
figuraban un tropero sordo, esperando hacienda. Pasaban po- 
cos.'A! fin, en una puesta de sol, vio venir á su hombre del 
I ido del Oeste. Primero lo vió lejos, delante del sol, como 
un puntito; después más cerca, negreando en la fogata del 
cielo; lueguito á dos cuadras, á un lado del astro que de esa 
laya parecía una tumbada luna en creciente. 
Cruz, gaucho rico, estanciero en tiempo de paz y coman 
dante en tiempo dé guerra, llegó á la vera de mi compadre, 
Sin sospechar nada, y entonces Recio se le puso al lado y 
empezó a marchar con él, al mismo paso castellano. Cruz lo 
notó y le dijo: 
— ¿Quién sos vos pa ponerte asina á mi vera? 
¿Quién soy? ¿Y qué le importa? 
— ¿Se te ofrece algo? — Y en la voz del comandante no se 
notaba nada extraño. Lo más natural... 
— Quiero su caballo... y su cinto... 
— ¡Toma, sarnoso! —Y le tiró un arreadorazo que si mi 
compadre no es tan listo, lo desloma ó le hace polvo los 
sesos. 
Entonces Juan Recio le mandó un viaje con un cuchillito de 
un geme. No le tiró á matar, sino á cortarle la muñeca. El 
otro quería seguir peleando con la zurda. No era justo acep 
tarle, y luancito lo convenció y le vendó la herida con el más 
lindo pañuelo de seda venido de la India. Y, naturalmente, le 
confesó la verdad. Que lo había peleado y herido para pedirle 
le avisara á Ponce Araña que allí lo esperaba. Que trajese 
su partida y no demorase. 
Y vino Araña. Pero no con el aire esperado. Vino solito él 
y su alma. Y dió las buenas tardes entero y muy amable. 
— ¿Usted es nuevo en el pago, no? —Así empezó el hom 
bre. 
— Flamante — replicó Recio. 
— Y quería vérselas conmigo, ¿no? 
— Así es. 
— Hombre que se costea á pelear de puro gusto, loco ha 
de ser. 
— O maula... 
Fué otro día que, medio chispo, refirió en la pulpería de 
« Los tres claveles •> su encuentro con el comisario, aplique 
disfrazando su individuo con el pseudónimo del compadre 
.Juan Recio. 
Ponce Araña—empezó diciendo—no quería que lo denta 
sen así. Le decían don Ponce cara á cara, y por detrás,..Ara 
ña. Apelativo bien hallado, de veras. 
En el juego de naipes, sus manos podían pasar por dos ara 
ñas encogidas, cuando sostenía la baraja en el aire, orejeán 
dola despacito; arañas que salían de la cueva, si pintaba bien, 
arañas despatarradas en el camino, que saltaban si se tendía 
•de repente. Araña era en la comisaría, en el fondo de su des 
pacho, y araña correteando el campo. Araña brava con la 
mosca y brava con el avispón, No es por hacer menos á na 
die, pero no he visto comisario tan toro. 
¿ No ha notado, amigo, alma de araña en la policía? Pues 
■éste les daba á todos bola vista y juraba que en su sección 
no había de tolerar á nadie que se apartase de la ley, y l 0 
cumplía. ¡ Canejo. si lo cumplía 1 Matrero que caía en sus uñas, 
lo mandaba « destinao » al ejercito. En los batallones saca 
ban de esta madera unos milicos flor. En la guerra del Para 
guay se quemó bastante de esta leña. 
Mi compadre me dijo una tardecita : Me voy á los pagos de 
Ponce Araña, para hacerlo rabiar. Con que, si tiene algún 
encargo para él, ya sabe. . 
—¡ Pero qué va á hacer, compadre!—le dije. 
— Vea —me respondió: — de entrada le pego fuego á la 
comisaría y después le salgo al camino á Venancio Cruz, el 
qué fué ayudante de Venancio Flores. Lo peleo, le quito el 
caballo y le ordeno que vaya á avisarle á Araña. Y se fué. 
Era duro el hombre. No tomaba. No fumaba. Y si le daba por 
el amor, como creo, las mataba á las calladas. Una noche, 
junto al murallón del río, enlazó á un guardacostas para hacer 
— No se caliente, paisano. 
— Estoy temblando de miedo ... 
— Bueno. Usted pretende pelearme, pero ¿porqué? ¿Le ha 
bré prendido algún pariente? ¿Le habré apaleado algún her 
mano? 
— Mis parientes se defienden solos. 
— ¿Y entonces? 
— Es que usted tiene fama de ser malo... taura... tigre... 
— En mi pago. ¿Y usted tal vez en el suyo, no? Pero debo 
prevenirle que Ponce persigue las ratas, las lauchas, los zo 
rros. A los tigres, no. 
— No afloje... 
— No es aflojada. Es razón. Usted entra aquí haciéndo bar 
baridades: lastima á mi amigo Cruz, sin motivo; me manda 
desafiar á mí y á la partida, agregando, en ancas, que fué 
usted quien quemó el rancho de la policía. Yo me digo: Este 
es un trastornao, ó es un gaucho fantasía, enlazador de es 
trellas. Vamos á verlo, Ponce. A ver si á las buenas se manda 
mudar del pago, ó si quiere quedarse á trabajar á las buenas. 
Y aquí me tiene con que no quiero hacerle el gusto, porque, 
vea paisano, usted ha de ser hombre bueno, aunque mal en- 
caminao; y hombre mal encaminao, es enemigo de sí mismo, 
Y yo vengo á pedirle que haga las paces con usted, no con 
migo. 
Y el final fué que Araña y mi compadre tomaron, esa misma 
tarde, juntos y en buena armonía, infinidad de copetines, lo 
cual, como á ustedes les consta, es principio de amistad en 
tre hombres de cualquier laya y estado. 
VícTOK ARREGUINE.
	        
© 2007 - | IAI SPK
Waiting...

Note to user

Dear user,

In response to current developments in the web technology used by the Goobi viewer, the software no longer supports your browser.

Please use one of the following browsers to display this page correctly.

Thank you.