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Crónica 
NUESTROS HOMBRES (l) 
Doo EDUARDO SCHAERER 
|s el hombre de la energía. Sin 
r haber cursado anticuadas aca' 
fyll demias, donde la mente se de- 
Cora con formulismos dogmá 
ticos, llegó a.dominar con su 
voluntad acerada, muchas almas y 
muchos hombres. 
Atraído por el viril prestigio de la 
superioridad, muchos brazos se le 
vantaron, en gesto soberbio de vasa 
llaje. Y fueron tras él, como la sinte- 
tización de esperanzas tras un ideal. 
No arrojaré mi sonda en el abismo 
de la política sino en el abismo del 
corazón. En la autocia moral, se en 
cuentran visceras de todas las estruc 
turas. Víceras sanas y enfermas, pe 
ro que constituyen. el conjunto con- 
jestivo de las grandes cualidades. 
En este lote del continente, en que 
el drama desesperado del infortunio, 
arrancó de los corazones, el optimis 
mo, todavía surgen hombres. 
Son los hombres que tienen un ges 
to de rebeldía ante la mediocridad 
que tinge comedias de intelectualis 
mo. Los que pertrechados con la 
energía ensayan un vuelo por cima 
de cabezas emplomadas. 
Ante las vociferaciones de unos y 
los cuchicheos de otros, don Eduardo 
Schaerer levanta su figura. Y es in 
mensamente más alta, más rígida en 
sus lineas, que la de los grandes si 
muladores que, impotentes de subir, 
se recojen en la sombra. 
No posée intelectualismo de.acade 
mia. Ni títulos en pergamino. Pero 
sí, posée la energia dominadora, que 
es una potencia, la más necesaria pa 
ra gobernar. 
El Paraguay no ha llegado tampo 
co a la hegemonia de los grandes 
ideales, pero lleva en sí el germen. 
Y sus hombres deben ser maestros 
de fortaleza moral para encausarle. 
Dominado por su fé y por su in 
menso optimismo que no sabe de re 
mansos de fracasos, trabaja y crea. 
Democrático por su misma vida, go 
bierna y dirije el río revuelto de las 
cosas, sin rigideces protocolares. Ni 
formulismos de falsas diplomacias. 
Después de las convulsiones epilép 
ticas de todas las pasiones irritadas, 
don Eduardo Schaerer afrontó el blo 
que de las responsabilidades, amarró 
los potros de las codicias desenfrena 
das que surgían amenazantes. Enca- 
rrjló las ambiciones y dió a la Repú 
blica herida un cauterio para el mal. 
Siguiendo el curso de sus trabajos 
como gobernante, se ve al hombre 
pletórico de energia de optimismo y 
de fé. Convencido de que gobernar 
es sinónimo de crear, busca en sí 
mismo los instrumentos y en el pue 
blo, los materiales. 
Ante 1a irónica sonrisa de los otros 
anteponen su desden.. .y sigue. 
Leopoldo CENTURIÓN 
(1) Desde este número y en esta misma sección, nuestro compañero, el señor ^Leopoldo Centurión, 
irá haciendo conocer a nuestros lectores, los hombres que más se caractericen-, tanto política cientifi 
ca o literariamente, sin prejuicios de opiniones partidistas.—./V. de la /
    
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