Full text: 1.1913,15.Dez.=Nr. 16/17 (1913001600)

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Crónica 
STEtLVfl 
ice rato que el Sol abandonó 
su hipotético escondrijo, ma 
jestuosamente avanza repar 
tiendo sonrisas llenas de pro 
mesas para sus humildes vasa 
llos de la tierra. 
Los pájaros cantan, las flores hier- 
guen reposadamente sus cabecitas, 
los árboles se extremecen levemente 
como si con el beso lumínico sintié- 
ranse conmovidos hasta en lo íntimo 
de sus leñosas fibras. 
Un airecilio mensajero de toáoslos 
perfumes, introdúcese entre las hojas; 
arrancando notas de una musicalidad 
que cohíbe y engolfa en meditaciones 
metafísicas. 
Un camino polvoriento, tortuoso de 
cauce, con infinidad de arabescos es 
culpidos en el lecho, adquiere irides 
cencias auríferas bajo la azotaina 
solar. 
Arboles seculares ciñen el callejón 
por ambas partes, engarzados en el 
cerco de hilos metálicos de traidoras 
púas, que encarcelan al ganado de 
ojos tristes con fiebre de libertad en 
la pupila muda, dócil, sin dejo alguno 
de la rebeldía muerta con los prime 
ros antecesores domesticados. 
Una sombra con lentitud desespe 
rante vase perfilando en el horizonte. 
Una queja monorritmica hiere los 
tímpanos de vez en cuando interrum 
pida por un sonido destemplado, hue 
co, que hace pensar en una voz 
humana. 
La sombra avanza, se distinguen 
hasta las manchas movibles que pro 
yecta en el suelo. La retina la impri 
me con exactitud. Es una carreta. 
Un pesado convoy del que tiran dos 
bueyes uncidos con las cabezas aplas 
tadas bajo el yugo, abriendo un surco 
con los belfos en la tierra. Una mujer 
Para el a mitj o RAUL VACHIAS 
les precede tirando dé una cuerda, 
hostigándolos acompasadamente con 
la voz semejante a un gruñido. Oirá 
mujer encaramada sobre la montaña 
de hortalizas que contiene la carreta, 
trata de mantenerse en equilibrio co 
giéndose de un travesaño con una 
mano, mientras con la otra se pro 
yecta sombra con un quitasol color 
de grana 
Los ladridos de un perrillo huésped 
de la carreta, arrancan a las dos mu 
jeres de su ensimismamiento; danse 
vuelta sorprendidas y sus pupilas te 
lescópicas de campesinas, perciben 
una nubecita en lontananza. La nube 
se acentúa, pronto se trueca en un 
punto negro rodeado de una aureola 
que ellas entienden, y oblicúan un 
poco la recta que seguían por la 
carretera. 
Un caballo en carrera precipitada, 
llevando en las grupas dos cuerpos, 
pasa casi rozando al carro-mato. De- 
tiénense con estupor las campesinas, 
contemplan boquiabiertas la apari 
ción que se diluye en el turbión de 
polvo sacudido por los herrados cas 
cos del bucéfalo. Aléjase vertijinoso 
como la visión de un sueño alucinan 
te sin parar mientes en el obstáculo 
que casi le cierra el paso, ni en el 
can que ladra desgañifándose furiosa 
mente. 
* 
* K> 
La tarde avanza con lánguida pere 
za. El deliquio de las horas vesperti 
nas ha sucedido al bullicio matinal. 
Las aves permanecen ocultas entre 
la fronda, temerosas de hendir con 
los cuerpos el fuego fluido que carbo 
niza el espacio Un arroyo búrlase 
con sonoras risotadas de los guija 
rros que pretenden vedarle el paso. 
Un puente de madera tosco y desven 
cijado, dibuja un arco trazado por 
i
        
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