Full text: 1.1897,5.Dez.=Nr. 23 (1897000123)

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■VIDA MONTEVIDEANA 
SOLO ! 
blancos linos, caían los mártires cristianos entre 
las fauces de los leones de Libia y de los tigres 
1 ircanos, mientras aplaudían los Patricios y las 
meretrices, tanto estrago y sangre, tanta que man 
chaba desde el espoliado hasta las gradas de las 
matronas y de los Césares ; sobre toda esa vida 
de lujurias, de infamias,. de arte corrompido y 
paganismo corruptor, se percibía el ruido sordo 
ae los cascos de los corceles de las ordas germa 
nas que venian á destruir de un golpe tanta 
corrupción y enervamiento ; de aquellas ordas 
bárbaras que llevaban pot jefe á aquel Atila 
sombrio y feroz qué gritaba á su paso: «Las 
estrellas caen 1 la tierra tiembla ! soy el martillo del 
munao 1 donde pone su casco mi caballo no vuel 
ve á crecer la hierba!» 
Ante aquel segundo diluvio de guerreros feroces 
más destructor que el diluvio bíblico, ay ! de la 
raza latina, sino se hubiera vislumbrado en el 
horizonte del Asia los rayos esplendorosos de 
la cruz de Cristo que venia á cimentar para 
siempre el amor universal, la unión de la 
familia, la regeneración de la mujer y á sellar con 
la sangre que arrancó la acerada lanza de Longinos 
e pacto eterno de la fraternidad humana !. . . 
En el ámplio teatro de Nápoles es donde iba á 
debutar el emperador Nerón y este acontecimiento 
era digno de un pueblo cuyos patricios crapu- 
b’ados cantaban los versos de Esquilo y Sófocles 
mezclados á los exámetros que rendían culto á 
Priapo, Vénus, y Baco. 
Nápoles dejaba los festines, los triclinios y 
los templos para escuchar á Nerón, acudiendo 
numeroso llenando las pétreas graderías; porque 
aquel pueblo tenía como su señor, en la sangre 
el instinto del arte y lo amaba con frenesí; ói 
ganlo sino sus necrópolis suntuosas: donde pre 
domina el misticismo ático; sus templos, donde 
el arte jónico derrocha sus riquezas, y sus edifi 
cios, donde la grácia esbelta de sus capiteles co 
rintios desborda primores. Por que, eso si, Ro 
ma no creaba nada, pero imitaba todo. Salvando 
el arco triunfal que inventó Vitrubio, Roma 
necesitaba la cooperación del mundo entero 
para que sintetizara su carácter severo y jigan- 
tesco: necesitaba formas colosalmente sublimes, 
porque épico y jigante fue el drama trágico que 
por muchos siglos se desenvolvió en sus circos, 
en sus campamentos, en sus palacios, en sus 
templos, en sus foros, en sus catacumbas som- 
bifas; drama en el que Nerón fué uno de sus 
protagonistas más culminantes y uno de sus acto 
res más célebres. 
Continuará 
Francisco C, ARATTA. 
Ven, nos embriagaremos 
en la orgía los dos : 
cuando está triste el alma, 
¡ cómo ríe la musa del licor! 
Brilla el añejo Cales en los vasos 
y las gotas son perlas de un collar 
que tu desgranas cuando el labio acercas 
al borde del cristal. 
Te llevaré á la orilla de una fuente 
donde las ninfas danzan en tropel ; 
mi diestra ostente el enramado tirso, 
el lujurioso pámpano tu sien. 
Allí, bajo las sombras de las parras, 
donde todo es misterio y soledad, 
yo arrancaré el racimo más maduro, 
tú robarás las mieles del panal. 
Quiero verte en mis brazos 
desfallecida y trémula caer, 
que el zumo de las cepas te emborrache, 
que te haga el mosto ardiente enloquecer. 
Yo quiero máspasióh en tus caricias, 
en tus sueños más vida y juventud, 
en tus labios más ascuas y más besos, 
Y en tus ojos más luz! 
Ven, nos embriagaremos 
en la orgía los dos: 
cuando está triste el alma, 
¡como ríe en las copas el licor! 
Horacio F. RODRIGUEZ. 
Vara mi cimirjaita Flora Fosa. 
i 
Es la quietud somnolienta de las sole 
dades. 
Arriba, la inmensidad de los espacios in 
conmensurables profusamente poblados por 
esos mundos ignorados; régias estancias tai- 
vez de seres superiores á nosotros. 
Mundos ignotos, que, como el nuestro, 
cumplen con la misión eterna de la vida 
inmortal... 
Del cielo fluye plata fundida; de esos mun 
dos lejanos, cuyos parpadeos luminosos, 
incesantes, salpican la losa azogada de las 
aguas. 
II 
Abajo, el silencio de las tumbas. 
La ciudad duerme. 
-Es la hora de los grandes silencios que se 
aduermen arrullados por las lejanas lamen 
taciones del mar. 
Ruidos confusos y apagados,—los ruidos 
misteriosos de la noche,—perturban la gran 
diosa tranquilidad de la no,che misma. 
El triste aullido de los perros se pierde co 
mo vago clamoreo en el espacio. 
El ave deja oir el chillido molesto de su 
grito nocturnal, de malos augurios para los 
supersticiosos. 
Las campanas, lentas y acompasadas, aca 
ban de dar doce campanadas que retumban 
en el pecho como martillazos dados contra 
el corazón. 
Y el corazón se oprime. 
Los jardines agonizan y exhalan como un 
fuerte olor indefinible. 
Es la hora en que los espectros abandonan 
sus sepulcros. 
III 
El cierzo helado azota duramente los cris 
tales. 
Uno que otro trasnochador, sumido hasta 
las orejas en ricos abrigos de pieles—para 
resguardarse de la inclemente fría rácha, que 
parece pugnara poragujerearle la piel—atra 
viésalas callessolitariasdeslizándose, rápido, 
con los labios secos, la vista apagada y laá 
piernas flojas, hácia el caliente nido donde 
le espera el sér con quién soñara siempre, y 
á quién ha robado unas horas, horas cuyo 
recuerdo le oprímé el alma con la pesada 
losa del remordimiento. 
IV 
Allá, perdido entre las sombras de la no 
che, 'en el rincón del umbral de una puerta 
desuntuosa mansión, respira descompasada 
mente un desgraciado áquiénhasorprendido 
el hambre, la fatiga y el sueño. 
El duro suelo es su mullido lecho; un pel 
daño de la escalinata, de albo carrara, es su 
blanda glm.ohada, y es el techo de su alcoba, 
la inmensidad.azul punteada de estrellas. 
Los destrozados harapos que le cubren, 
mal disimulan las enjutas formas de aquel 
infeliz. 
Su demacrada faz, orlada por una mata 
de cabellos rojos, en desorden, es de un 
pálido citrino, en el que ha hecho el surco 
de las lágrimas, algo así como una huella 
ctflcinada. 
Semejantes, en su brillo viscoso, ála que- 
brajadura del vidrio, son sus ojos. 
En sus miradas vagas tiembla algo como 
una llamarada verdosa de fuego fátuo. 
Un gran cerco violáceo, impreso por el 
ánsia de la espera, rodea sus párpados caí 
dos. 
No es el bohemio que bebe el ajenjo y el 
wjsky. 
No es el bohemio embrutecido por el al 
cohol, cuyos vahos han ido á perturbar su 
cerebro. 
No 1 
Es un sér más desgraciado que culpable. 
Para él la Naturaleza ha sido mezquina. 
Pudiera decirse que ha sido muy injusta. 
La hermosa facultad que nos distingue de 
los demás séres, el humano verbo, le ha 
sido negada! 
Fatal destino á que están condenados al 
gunos! 
VI 
Allá, en las elaboraciones de su pensa 
miento, cuando sus ideas pugnan por ver la 
luz déla verdad, y comunicarlas á los de 
más, entonces ¡que desencadenada lucha 
tendrá lugar en su cerebro! 
Inútil lucha! 
Es un Prometeo encadenado al duro yugo 
de su infortunio! 
VII 
El calor del hogar querido le es descono 
cido. 
Nunca ha gustado de las tiernas caricias 
de una madre! 
Ni un ser idolatrado le ha enjugado una 
lágrima cuando la mano huraña del dolor 
ha ido á golpear, inclemente, las puertas 
de su corazón. 
VIII 
Yo le he visto, ¡oh pobre mudo! aterido 
de frío en las lobregueces de las noches in 
vernales, en noches nebulosas, de récia tor 
menta, arrollado en los huecos de las puertas, 
queriendo resguardarse del huracán. 
Yo le he visto, hambriento, implorar el 
mendrugo de pan, aun empapado en el fino 
borgoña, arrojado de la mesa del festín. 
Yo le he visto soportando con estoica 
tranquilidad el hado adverso de su vida 
maldita. 
IX 
De vez en cuando, sus rebeldes órganos 
vocales le permiten proferir el grito hirsuto 
del dolor que se pierde en las infinitas so 
ledades de su desgracia, ó el grito incohe 
rente de la alegría producido por el engaño 
falaz de sus sentidos. 
Sus horizontes son muy estrechos. 
■Rotos tiene aquellos lazos que unían su 
alma, hoy solitaria, al comercio de las de 
más... 
Un abismo insondable lo separa delmundo. 
¡Está sólo! 
i Comprendéis cuán terrible es estar sólo ? 
X 
Humanos!: 
En la quietud somnolienta de las soleda 
des, cuando sintáis contra el pecho los doce 
martillazos que dan las campanas de la torre, 
que parece que doblan á muerto; cuando los 
espectros se lancen fuera de sus tumbas al 
noctámbulo chillido del buho, cuando los 
jardines agonizantes exhalen los olores mis 
teriosos y las estrellas parpadeantes reflejen 
sus refulgentes luces en la losa argentada de 
las aguas—no arrojéis los residuos de vues 
tra orgía, dedicad vuestro recuerdo al infe 
liz á quien el destino fatal condenó injusta 
mente á romper los lazos que unían su alma 
con el resto del mundo, al desgraciado pri 
vado del divino don de la palabra, al Pro 
meteo encadenado al duro yugo de su infor 
tunio !! 
WERTHER. 
Montevideo, Diciembre 4 de 1587. 
Montevideo, 1897.
	        
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