Full text: 2.1898,2.Jan.=Nr. 27 (1898000227)

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VIDA MONTE VIDE ANA 
ojos presa de un sopor parecido al sueño, 
ó se durmiese realmente ¡ay! de él!... El 
pañal de los 'sicarios libertinos estaba 
pronto para hacerlo dormir por toda la 
eternidad... y en pocos dias más de cinco 
romanos pagaron su debilidad con la 
muerte. 
Vespasiano, que había de suceder á Vi- 
telio en el trono de Roma, cierto día, de 
concierto, no pudo á menos de cerrar los 
párpados dulcemente y soñar con aparicio 
nes celestes, bajo el influjo hipnótico de 
la voz de Nerón; pero, advertido, ó sagaz 
y prudente, que era, por lo que suceder 
pudiese, al otro día temprano huyó de 
R una sobre un buen corcel;—Vespasiano 
Sabia que no se provocaba en balde el 
luror artístico del monstruo que la tierra 
sustentaba por tanto tiempo sin abrirse de 
una vez por todas para tragarse aquel 
aborto del abismo. 
Y se concibe como el pueblo romano á. 
más de las razones aducidts anteriormente,V 
se aburriese de -la celestem vocem del em 
perador comediante; el pueblo romano era 
de índole voluble, porque ya se ha visto en 
alguna parte de este estudio histórico, que 
el imperio romano, domi íado por el gémo 
ue la guerra, engrandeció o en un ambiente 
de guerra fratricida, de crímenes horrendos, 
ue acciones nefandas, de plebeyas y san 
grientas revoluciones, y capitaneados por 
.iejiones de grandes y miserables, de sabios 
y de tiranos, de héroes y de cobardes, 
de mártires y de verdugos, entre los pala 
cios y los lupanares, las crgástulas y los 
triclínios, las academias y los circos, ya se 
ha visto, sintetizando, que este imperio- 
grandioso no podia, no pudo jamás poseer 
ó crear una arquitectura, un a.rte cualquiera, 
una poesía, una música nacional, á pesar 
de tener un desarrollo, intelectual seme 
ja ne á la gloria inmensa de sus armas y 
a los limites incommesurables de sus vastos 
dominios. 
A este espíritu voluble se debe que Roma 
mirase desde yá, no con aburrimiento sino 
. con ódio las exajeraciones artísticas de su 
amo imperial, el cual viéndose caer de lo 
alto de su reputación musical, no se pa 
raba en medios criminales cuando se tra 
taba de reparar una falta de acatamiento 
profundo á su talento. Británico poseia una 
voz de timbre dulcísimo, con lo cual no 
hacía más que poner de relieve el paren 
tesco que lo ligaba a Nerón, pues era su 
hermanastro; pero, no quería el tirano com 
petidores. y después de cerciorarse que era 
verdad lo que el pueblo deci,a de las maravi 
llosas facultades musicales de Británico, dis 
puso, como para obsequiarlo, darle un sun 
tuoso banquete, entre cuyos manjares había 
alguno preparado por Locusta, la Toffana 
envenenadora de aquellos tiempos infaustos; 
de aquella época triste, sin moral alguna; 
patíbulo sangriento de la sabiduría griega 
y latina, sobre la cual se inmolaba el ho 
nor como un sofisma detestable; la dignidad 
hufnana como un error plebeyo y el candor 
virjinal como una vergüenza excecrable. 
Como el tigre que se oculta entre las bri 
llantes flores del cáctus,- y cuya manchada 
piel se pierde entre la espesura de los ma 
torrales, asi Nerón asechaba en silencio, el 
efecto que había de hacér el veneno, pro 
pinado á Británico. 
Pero como Locusta no quiso, compade 
cida, confeccionar un veneno bastante ac 
tivo para matar á Británico, asi este solo 
sintió agudísimos dolores intestinales que 
se calmaron en breve. No era esto lo que 
esperaba el monstruo tirano; montando en 
furor, hace llamar á Locusta; la golpea en, 
el rostro, la apostrofa con epítetos dignos, 
de un gladiador de fieras y le exije,, le manda 
que confeccione, al punto el veneno más 
potente que hubiese. 
Francisco C. ARATTA. 
Continuará 
Angel clel cielo 
' (INÉDITA) 
El sol, desde el zenit, resplandeciente, 
disparando las flechas de su frente 
en campo abierto, azul, limpio de galas, 
cual si hubiesen barrido los querubes 
los obscuros encaies de las nubes 
con los blancos plumones de sus a'as; 
El aire quieto... allá en la lejanía 
muda, la gigantezca serranía; 
abajo,,el verde mar de la Sabana; 
y, en medio á tanta luz, áspera y fuerte, 
anunciando en los ámbitos tu muerte, 
la monótona voz de una campana. ' 
Tú, muerta! en los caminos de la vida! 
Sin una decepción, sin una herida; 
tú. la hermosa, la flor no deshojada, 
tú,-la virgen,-la tímida,-la pura, 
cayendo en la medrosa sepultura? 
¿Ser luz, ser fuego, y convertirse en nada.? 
Imposible! jamás! si tú moriste, 
el Cielo no es un mito, el Cielo existe, 
y hacia él alzaste, al expirar, tu Vuelo. 
No se concibe el sol sin sus fulgores, 
no se concibe el mundo sin su. llores, 
no se concibe el ángel sin el Cielo. 
Allá, te veo; allá miro tus huellas 
corno un surco formado con estrellas! 
Allá te miro con tus mismas galas. 
Quizás por eso. alegres los querubes, 
barrieron los encajes de las nubes 
con los blancos plumones de sus alas. 
Julio FLORES. 
Bogotá, Noviembre 20 (le ISO!. 
§) 33 
puea 
fa fucila 
Para Sara .A.rla.3 
La guerra civil del 97 tocaba á su tér 
mino. 
La Cruz Roja de lásjSeñoras Cristianas, 
institución piadosa que tan proficuos bienes 
derramó sobre las desgraciadas victimas de 
nuestra pasada lucha, hacia célebrar en San 
Francisco de Asis una misa en sufragio de^ 
los caídos. 
A la entrada del Templo, sobre un esca 
lón de la ancha escalinata, pálida y enfer 
ma, cubierto su delgado cuerpo con un no 
muy cumplido manto de merino, cuyo color 
indifinible denotaba haber sido negro en 
otro tiempo, y sosteniendo en sus brazos 
un niño enclenque y tan pálido como élla, 
veiase una señora, cuya triste pero simpáti 
ca apariencia, llamaba la atención de aque 
llos que acudían á Dios, para elevar hasta 
su trono una plegaria por los que tan heroi 
camente cuanto sin fruto habían sucumbido. 
Los concurrentes deteníanse un instante 
ante aquella mujer que alargaba su’ mano 
descarnada, implorando la caridad pública. 
El interés y simpatia que me inspiraba, 
hizo que me acercase á aquella desgraciada, 
y una vez que le hube preguntado la causa 
de su infortunio, contestóme con voz que 
jumbrosa: (( la guerra civil »; .y de sus secos 
y apagados ojos brotó un raudal de llanto, 
que me dejó.en extremo conmovido. 
«Yo tenia'dos hijos, continuó entre so 
llozos, dos hijos que eran la alegria de mi 
pobre pero honrado hogar, y un esposo 
trabajador y amante de su familia. Aunque 
escasos de bienes nos encontrábamos, éra 
mos muy felices en nuestra pobreza, pues 
nos bastaba para nuestra dicha, la tran 
quilidad que gozan las almas buenas. 
' • - 
«IJero sonó fatídico el clarín de guerra, 
llenando de consternación aquellas mansio 
nes donde habia un sér que pudiera cargar 
una mochila, y la mía se estremeció por 
aquellos tres hombres tan vigorosos y lle 
nos de vida, que habrían de ofrecer su san 
gre generosa en' holocausto de sus ideales. 
«El mayor de mis hijos, que apenas con 
taba diez y nueve años, ardoroso y faná 
tico por sus creencias políticas, emigró á 
Buenos Aires, para engrosar las lilas re 
volucionarias, y el más pequeño, un niño 
casi, se presentó voluntario en un cuerpo 
de liilea que partia de guarnición al Uru 
guay. 
«El dolor que embargó mi alma cuando 
recibí la funesta noticia, sabiendo que 
aquellos nuevos hijos de Adan habrían de 
encontrarse, acrecentóse doblemente con 
la partida de mi esposo, que tomado por 
una /era, tuvo que prestar servicio obli 
gatorio. Han pa-adoj seis meses, y en el 
transcurso de ellos,' recibí tres mortales 
golpes en mi alma, cuya debilidad, que 
nunca me perdonaré, ha sido en parte cau 
sante de las irreparables pérdidas que he 
sufrido; los dos hijos que el cielo me había 
dado, cayeron en la memorable batalla de 
« Tres Arboles» y mi esposo en « Guñapiru»; 
tres hombres que la ! y alria reclamará algún 
día, y que deben su obscura muerteal plomo 
fraticida de sus compatriotas. 
«Hoy mis vecinos me denominan con el 
apodo de La loca, y sf en verdad el dolor 
inrnenso que he sufrido, no ha trastornado 
mi mente, se debe á esta niña por quien 
tengo que velar, sin mielo que me la arre 
baten las luchas intestinas». 
Me despedí de aquella buena mujer, 
íueitemente impresionado, recordando a 
algunos leales amigos que perdi para siem- 
pie en la inolvidable campaña, del 97. 
TWALA. 
Montevideo, Enero-1* del 93. 
¿Por qué, si estamos juntos, tu mirada 
Con mi mirada choca, 
Y se funden las dos, y se acarician 
Como en el mar las olas? 1 
¿Por que nuestros suspiros se harmonizan 
Lo mismo que do; notas, 
¿Y por qué si presientes que he llorado 
Tú también lloras...? 
No puedo comprenderlo, pero escucha 
Lo que sé;—es, hermosa, 
Que jamás llegarán nuestras dos almas 
A poder confundirse en una sola! 
: Ubai.do Ramón GUERRA. 
Las Piedras, Diciembre 30 de 1897. 
.■C-’üu ua uxí u ui ’ mliuu u.i tuuui luuuuxuuulu. 
lí\ 
r,n\ 
Si mis pobres esúofas amantes 
I.as repite tu voz algún día, ' 
Y en mi ausencia su vaga harmonía 
Extremece à tu gran corazón; 
Si al recuerdo de antiguas escenas 
Se perturba tu leal pensamiento. 
Ay! invoca mi nombre un momento 
Mientras suene en el eco: ¡ilusión! 
Desdé playas remotas y tristes, 
Donde sólo las olas se agiten, 
Mi alma errante sabrá que repiten 
De sil amor el excelso cantar: 
Pe usará en tu tristeza... y entonces. 
Recordando tu antigua ternura 
Un suspiro dará de amargura, 
U11 su-p¡ro de intenso pesar! 
José L. VEGA. 
Diciembre de 1897.
	        
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