Full text: 1.1897,12.Dez.=Nr. 24 (1897000124)

VIDA MONTEVIDEANA 
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y su aliento semejaba los cierzos del polo. 
* 
* * 
Cansado de buscar la felicidad, sentóme 
al pié de una vieja encina donde las dría 
das roían su corteza. 
Y allí á la sombra de sus grandes ramas, 
quedóme dormido. 
El fantasma de la muerte sorprendió mi 
sueño y en su guadaña he leído esta ins 
cripción Aquí está. 
Indiscreto. 
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fe 
Vaporosa, intangible, se consume 
en moribunda languidez de llama; 
su espíritu es el vaso del perfume 
que el azahar de la virtud derrama. 
Hecha de luz. al deslizar su huella 
el polvo de la tierra la mancilla, 
y es modesta lo mismo que una estrella 
que tiembla entre la sombra cuando brilla. 
Tiene su hechizo la gentil mimosa, 
y la imagina el pensamiento mío 
cual brotaba del cáliz de úna rosa 
al calor de una gota de rocío. 
Amándola, mi vida languidece, 
el lábio todo trémulo la nombra; 
y si á tocarla voy, se desvanece 
en una vaga tenuidad de sombra... 
Horacio F. RODRIGUEZ. 
(Itey Lear), 
Santa Fé (1!. A.) Diciembre7de 1897. 
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Acuña y Rosario 
PÁGINA DEL LIBRO EN PREPARACION 
« POETAS MEJICANOS » 
(Conclusión) 
— ¿ Usted no lo desdeñaba ? 
— Muy lejos de eso, yo lo .quería como se 
puede querer á los hombres de la naturaleza 
de Acuña; con admiración y cierto respecto. 
Ahora, si mi; corazón perteneció á otro.... 
— Luego es cierto que él vivia celoso y que 
la separación lo arrastró al suicidio. 
— ¿ Cómo podía yo darme cuenta de ese 
cariño con un hombre que me trataba como 
á su hermana, que siempre estaba alegre en 
presencia mía, que jamás me habló de 
terribles pasiones ni ele violencia ? Para que 
mejor comprenda usted el carácter de Acuña, 
báslele saber que sus amigos todos le creían 
escéptico en el amor, hasta eP punto de 
conceptuar imposible que se apasionase 
exclusivamente de una mujer. Cuando vino 
á casa, ya sostenía relaciones estrechas con 
na poetisa notable. Yo no podía ignorarlo, y 
si de broma aludía alguna vez á estas rela 
ciones, Acuña se manifestaba un buen 
muchacho, contento de su felicidad y nada 
exigente. . 
— Muy extraño es lo que usted dice, y 
más extraño aún, que un poeta sincero y de 
la talla de Acuña haya querido engañar al 
mundo emsu último trance. 
—¿ Usted no comprende que yo no tengo 
tampoco ; por qué mentir? 
Si fuese unas de tantas vanidosas mu- 
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Hospital de Caridad- de la ciudad del Salto — ( de fotografía ' 
jeres, me empeñaría, por el contrario, con 
fingidas muestras de pena en dar pábulo á 
esa novela de la que resulto heroina. Yo só 
que para los corazones románticos -no existe 
mayor atractivo que una pasión de trágicos 
efectos cual la que atribuyen muchos á 
Acuña ; yo sé que renuncio, incondicional 
mente, con mí franqueza á la admiración de 
los tontos, pero no puedo ser cómplice de 
un engaño que lleva trazas de perpetuarse 
en Méjico y otros puntos. Es verdad que 
Acuña me dedicó su Nocturno antes de ma 
tarse, es verdad que conservo el original de 
esa composición como un tesoro inaprecia 
ble, pero es verdad también que ese Noctur 
no ha sido un pretexto de Acuña, para 
justificarsu muerte; uno de tantos caprichos 
que tienen al fin de su vida algunos 
artistas 
¿ Seria yo en su última noche una fantasía : 
de poeta, una deidad ideal de esas que en 
algo participan de lo cierto, pero que más 
tienen del sueño arrebatador y de los vagos 
humores de delirio ? Tal vez esa Rosario de 
Acuña, tenga nada mió fuera del nombre ! 
— Perdone usted que no dispense entero 
crédito á sus palabras. ¿Que significan en 
tonces las expresiones amargas y tan con 
cretas de ese Nocturno? (¿Como fingir tan 
admirablemente bien lo que no es verdadero 
en el corazón de un hombre que va á matar 
se? Recuerde usted las siguientes estrofas: 
Comprendo que tus besos 
jamás han de ser míos, 
comprendo que en tus ojos 
no me he de .ver jamás ; 
y te amo, y en tnis locos 
y ardientes desvarios, 
bendigo tus desdenes, 
adoro tus desvíos, 
y en vez de amarte menos 
te quiero mucho más. 
Aveces pienso en darte 
mi eterna despedida, 
borrarte en mi recuerdo* 
y hundirte en mi pasión, 
más si es en vano todo 
y el alma no te olvida, 
¿ qué quieres tú que yo haga, 
pedazo de mi vida, 
qué .quieres tú que yo haga 
con este corazón ? 
Y luego que ya estaba 
concluido tu santuario, 
tu lámpara encendida, 
tu velo en el altar , 
el sol de la mañana 
detrás del campanario, 
chispeando las antorchas, 
humeando el incensario, 
y abierta allá á lo lejos 
la puerta del hogar.... 
— Tóelo eso es fantasía pura. 
Yo amaba, es cierto á otro hombre, el 
único á quién me he sentido obligada por el 
cariño toda la vida ; á Llores, á quien usted 
seguramente ha cononocido de fama... pero 
ese poeta no menos desgraciado que Acuña, 
y que ha muerto posteriormente en mis 
brazos, ese hombre que no sospechaba tener 
un rival en su amigo Acuña, se encontraba 
en aquellas circunstancias fuera de Méjico. 
Le repito á usted que Acuña no puede estar 
quejoso de mi porque siempre fui amable 
con él y no ufeé de ese rigor á que. alude en 
sus versos, porque ni lugar siquiera me dió 
.para ese rigor. ... Es - bien difícil, amigo 
mío, la causa que yo defiendo, pero tengo 
todavía en mi apoyo una prueba que es 
concluyente..... 
-- Veamos aquella prueba. 
—... Acuñanació taninclinado al suicidio,
	        
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