Full text: 1.1915,1.Nov.=Nr. 9 (1915000109)

PÁGINA 
blanca 
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ticos monumentos de piedra en recuerdo de sus 
muertos. Si mañana otras nuevas escudriñaran al 
través de mayor número de siglos, ratificarían 
Probablemente la misma consagración. Acaso po 
dría asegurarse que el primero que cerró los 
°jos para siempre, tuvo quien se afanara cariñoso 
P°r perpetuar su memoria. 
Las generaciones se han reproducido en incon 
table sucesión. La civilización ha cambiado inclina 
ciones, orientaciones, hábitos y costumbres. Los 
soñadores indostánicos como los crédulos medas, 
ya no son más que sombras desvanecidas en los 
crepúsculos del pasado. Y, sin embargo, hoy como 
entonces, la humanidad se inclina con amor y 
1 espeto ante el recuerdo ele los idos y les eleva 
monumentos. 
Ln los días primitivos eran dólmenes, tumbas 
abiertas en las entrañas de la roca, piedras haci 
nadas, árboles de ramas protectoras. En los pre 
sentes son modestas cruces, lápidas de mármol, 
°bras geniales de arte. El sentimiento inspirador 
es idéntico. 
La fecha de mañana está tradicionalmente con- 
sagrada a la veneración del recuerdo de los que 
n°s precedieron en el viaje sin retorno. Nuestras 
necrópolis se verán concurridas como en ninguna 
ot| a del año. Suspiros, lágrimas, flores... Incli- 
némosnos! Dejemos que el corazón se apene! 
stas horas de sincero recogimiento, de íntima 
confidencia, nos ennoblecen. Acaso son en las que 
s °mos menos imperfectos y más puros en la vida! 
Las mañ©s ftmtiniDia 
que, en vano quizás, su dueña se empeñará en 
guardar ocultamente! 
cSb 
Existe en las manos femeninas la especialidad 
de un arte que, por practicarse día a día, hora 
por hora, no se le atribuye la importancia, ni se 
le concede el valor intrínseco que merece. 
Con encantadora modestia, las manos de mu 
jeres, van confeccionando y aglomerando en el 
hogar multitud de trabajos ingeniosos, hechos con 
primorosa habilidad y coquetería. Ellos, según su 
utilidad y su destino, contribuyen grandemente 
a la comodidad y bienestar de la familia; dan la 
nota chispeante de alegría o el tono discreto de 
elegancia; y representan además sumas ahorradas 
de un dinero . . . que llevado a las casas de co 
mercio, hubiera corrido ineludiblemente el mismo 
riesgo del algodón que imprudentemente acercá 
ramos al fuego. 
El hombre, se deja invadir muy fácilmente por 
el conjunto agradable que le ofrecen estas «pe 
queñas nadas» y si las mujeres se penetraran 
bien de la influencia que estos trabajos manuales 
y deliciosos detalles ejercen en la modificación 
del carácter y en el mejoramiento de las costum 
bres, los emplearían como otros tantos argu 
mentos para la atracción del hombre hácia un 
hogar delicadamente embellecido por este encanto^ 
que es el marco mas tentador para una madre, 
una esposa, o una hija que comprende los debe 
res de su misión y cumple la misión de sus de 
beres. 
Stern. 
[Para PAGINA BLRNCft). 
1 a s manos femeninas son dignas de detenido 
^ estudio y de prolija observación. 
I>0 driamos llegar a clasificarlas, por que hay en 
a Locución de sus trabajos una revelación fide- 
ll| gna del carácter, de la inteligencia, de la índole, 
las aptitudes y hasta de los sentimientos de 
c ada mujer. 
. La espíritu perspicaz, es posible que fallara al 
imaginar el físico de una mujer analizando los 
detalles de su casa; pero dificilmente se equivo 
caría en la interpretación que hiciera de sus sen- 
ll 'úientos y de su inteligencia, dejándose guiar 
P° r la revelación de esa infinidad de pormenores 
fiae rodean la existencia de todas las mujeres. 
Ellos, en el silencio de las cosas inanimadas, son 
Ls que dan una idea de la cultura moral, inte 
lectual y artística de su dueña; ellos son, los que, 
Co n sus labios mudos nos hablan de la originali 
dad de su temperamento y del refinamiento de 
SUs gustos; ellos, nos cuentan de sus viajes por 
otros países, de sus paseos a la orilla del mar y 
be sus escursiones a las montañas ... ya veces 
en la callada confidencia de esos interesantísimos 
objetos, sorprendemos el secreto de un amor. . . 
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E.k 
(Para PÁGINA BLANCA). 
i 
La casa, en el silencio de la noche . 
Duerme, olvidada, su tranquilo encanto. 
Los astros, uno a uno, abren su broche, 
Con clavos de oro sujetando el manto 
De crespón. Se oye el rumor de un coche, 
Muere cerca de mí, un lejano canto. 
El misterio y la paz hacen derroche 
De silencio sonoro, augusto y santo. 
Una sirena de vapor solloza, 
El aire, con su soplo, apenas roza 
Las hojas. Canta un grillo entre el pasto. 
Suspensa el alma a todo ruido, espera. . 
hasta que quiebra el éxtasis, afuera, 
Un paso conocido en el balasto, 
LUISR LUISI. 
F 
Montevideo.
	        
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