Full text: 1.1915,1.Nov.=Nr. 9 (1915000109)

PÁGINA BLANCA 
èâí 
Plática sobre antiguos temas 
(Para PÁSINrí BLANCrí] 
o que llamamos amor propio, es en general, 
no el sentimiento de dignidad con que lo dis 
frazamos comunmente, sino expresión de la supe 
rioridad de que nos creemos poseedores. Nos con 
duce insensiblemente a la intolerancia, al desprecio 
de las ideas e impulsos agenos, a la estrechez de 
criterio, encerrándonos en el círculo vicioso del 
sistema, de lo unilateral, del personalismo agudo 
y enfermizo. 
Penemos tantos o cuantos años, la vida nos ha 
dado experiencia en toda forma, conocemos de 
ella los frutos buenos y malos y elaborada por 
la reflexión, nos parece haber asimilado toda la 
ciencia empírica, la que nos servirá para zanjar 
dificultades y escollos, sin que ninguno resista a 
i a potencia de tal talismán. 
Pertrechados con este bagaje y con el casi 
siempre liviano lastre de algunas lecturas, nos 
figuramos completamente aptos para ir mundo 
udelante — como el inmortal «Caballero de la 
Mancha» — seguros de nosotros mismos, satisfe 
chos y felices, en busca de «entuertos que des 
facer ». 
Tropezando, fracasamos una y otra vez en nues- 
fro empeño, pero ingenuos y ciegos, sentamos 
como axioma, que la ignorancia, terquedad y 
vanidad intolerante de los otros, motivan la fre 
cuencia de los choques. 
Llegados a este punto, ya nada nos detiene: el 
amor propio nos inflama y nos aleja, cada vez 
utás, de las corrientes serenas de la tolerancia. 
Encastillados en nuestro sistema, no vemos ni 
sentimos, que la vida nos ofrece a diario una 
nueva enseñanza, que todo es mudable y cam 
biante, y que forzosamente, debemos someternos 
a las leyes de transformación y de reforma. 
La bondad, los impulsos generosos, nos aban 
donan poco a poco, pero, dejándonos en la ilu 
soria creencia, de que somos buenos, nobles y 
justos, i Si todos sintieran y obraran como yo, 
cuán dichosa sería la humanidad! decimos con 
amargura, cuando nos creemos incomprendidos, 
cuando nos suponemos víctimas de las aberracio 
nes de los demás. 
A la pasión que enceguece, a la terquedad 
limitadora de nuestros radios de acción, debe su 
ceder un amplio afán de cultura, un constante 
refrescamiento de las ideas, un persistente im 
pulso concienzudo y eficáz, hácia la conquista del 
bienestar interno, que solo es posible, cuando 
hemos conseguido enfrenar el instinto, cuando a 
las ruidosas y declamatorias exaltaciones de nues 
tro yo, sucede la calma propicia al análisis íntimo, 
encaminado a eliminar errores y a depurarnos 
fortificando nuestra moral. 
Es necesario que, al forjar nuestra personali 
dad, nos ilumine un ideal, que señale rumbos de 
cumbre a nuestras tendencias, orientándonos defi- 
nidamente hácia todo lo superior, buscando con 
ansia el mejoramiento, enrolándonos sinceramente 
donde llamee la bandera del amor, allí donde la 
agite (valiéndonos de una expresión del gran 
Rodó) «el espíritu de vida que sopla en dirección 
á la verdad». 
Javier L. Martínez. 
m 
'i 
ágjgn el magnífico baile que ofreció 
fe la distinguida señora Leono 1 
Cachón de Correa a los esposos 
Vaeza Ocampo Belgrano, fueron 
presentadas en sociedad las bellí 
simas señoritas Dora Piñeyrúa San- 
guinetti, María Angélica Castellanos 
Alvarez y Julieta Lenzi, cuyas foto 
grafías reproducimos.
	        
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