Full text: segunda série, tomo 8 (1866) (1866,8)

   
—Habreis podido ver, miss Summerson, 
“continuó mistress Pardiggle, en algunas de 
las listas de suscricion que posee nuestro apre- 
ciable amigo M. Jarudyce, despues de los 
nombres de mis hijos, el de O. A. Pardiggle, 
F.R. S. suscribiéndose por una líbra esterli - 
na; es mi marido. Seguimos siempre el mismo 
órden; yo abro la marcha y soy la primera 
en depositar mi Óbolo; vienen en seguida mis 
hijos segun su edad y suscribiéndose con re- 
lacion á sus escasos recursos, y finalmente, 
«M. Pardiggle forma la retaguardia con la sa- 
tisfaccion de presentar bajo mi direccion su 
modesta ofrenda. De esta suerte lo arreglamos, 
no tan solo para darnos un placer, sino tam- 
bien para servir de ejemplo á los demás y 
propagar los septimientos de virtud y de ca- 
ridad. 
==. Qué cosas no se dirian M Pardiggle y M. 
Jellyby, si, despues de comer juntos, quisieran 
entre dos vasos de vino desahogar su corazon 
Mientras mistress Pardiggle hablaba acudió á 
mi mente esta suposicion, y me produjo un 
efecto tan terrible, que casi no pude prestar 
atencion al final de su perorata. e 
—Esta casa éstá muy bien situada, dijo de 
pronto mistress Pardiggle. 
Me alegré al ver que cambiaba de tema de 
conversacion, y acercándome á la ventana elo- 
:6 las bellézas del paisaje en las cuales me 
pareció que se fijaban con indiferencia sus an- 
teojos. 
¡Conoceis á M. Gusher! nos preguntó de 
ronto. be 
+ Nos vimos precisadas á contestarle negati- 
“vamente. 
«Lo siento en el alma, repuso mistress 
"Pardiggle con ademan de importancia, porque 
“M. Gusher es un orador ferviente y apasionado 
“cuya elocuencia es infatigable. Subido en un 
“carro en esa pradera que por su posicion pa- 
rece destinada naturalmente para un meeting, 
odria hablar durante dos horas sobre cual- 
qu a asunito sin experimentar el menor can- 
_SAnci0. 
Mistress Pardiggle se sentó despues de mi- 
rar el paisaje, pero no tardó en levantarse, y 
- en el movimiento que hizo para alejarse del 
sillon arrojó al suelo como con Un poder in- 
“visible la mesita donde tenia mi canastilla de 
trabajo y que estaba en el extremo opuesto 
de lá sala. e 
—Ahora, nos dijo, me atrevo Í asegurar 
que me habeis comprendido y juzgado. | 
Al oir éstas palabras Eva me miró turbada 
y el carmin que tiñó mis mejillas expresó cla- 
tamente mi pensamiento. dd 
—Quiero decir, añadió mistress Pardiggle, 
que debeis conocer ahora el rasgo mas notable 
a 
ae 
“y comunicarse mutuamente su pensamiento | 
144 - LA CASA 
de mi carácter. Está muy á la vista para nO 
descubrirlo inmediatamente. Por otra parte, 
me entrego á él sin reserva y confieso con 
“franqueza que soy una mujer práctica, que 
me gustan las dificultades y no me espanta el 
trabajo, sino por el contrario me excita y 
me es saludable , que estoy acostumbrada á 
las tareas penosas y que nO Conozco el can- 
sancio ni el desaliento. , 
búteamos algunas palabras incoherentes 
estar 4 la vez nuestro asombro y las 
nes que nos dictaba la cortesania. 
labra cansancio no existe para mí, 
mprerdo, continuó mistress Pardig- 
    
   
  
gle; a 
guirials, y hasta me asombra á mi propia 
muchas veces todo lo que hago sin esfuerzo y 
los asuntos que despacho y que parecen una 
bagatela. He visto con frecuencia á M. Par- 
diggle y á mis hijos cansarse completamente 
a solo de verme trabajar, y sin embargo 
estaba entonces tan ágil como una alondra. 
Al oir estas palabras el sombrío rostro de 
su hijo mayor expresó un odio malicioso tan 
marcado, que no pudo menos de descargar 
un puñetazo en el sombrero que llevaba en la 
mano izquierda, e | 
—Esta facultad, continuó mistress Pardig- 
gle, me da una gran ventaja cuando hago mis 
correrías , pues si encuentro una persona que 
se niega á escucharme, le digo en el acto: 
«Amigo mio, no Conozco la fatiga, no me 
canso nunca y tengo la firme intencion de per- 
severar hasta el fin...» Esto me recuerda que 
precisamente he de ir á visitar á algunos des- 
graciados en las cercanías, ¿Os dignareis 
“acompañarme , señoritas! 
—Estoy muy ocupada, le dije. 
Pero viendo que no admitia esta excus3> 
añadí que no me reconocia con las cualidades 
necesarias para cumplir tan importantes debe- 
res, que tenia muy poca experiencia para ele- 
var mi alma á la altura de las personas cuy2 
situacion era diferente de la mia, que carecid 
de ese conocimiento del corazon humano y e 
ese tacto indispensable para una mision tan 
É 
sublime , que,me' quedaba mucho que apren” 
der para ce entregarme á la ense” 
ñanza de los demás y no me parecian bastaP” 
tes mis buenas intenciones, y que por to 95 
estas razones creia que debia limitar mis eS” 
fuerzos y tratar de ser útil á los que me ad 
deaban procurando extender poco á poco e! 
culo de mis: deberes á medida que se desen” 
volvieran mis facultades intelectuales y e 
fuerzas. A dE 
—No teneis razon, me dijo mistress 1 
diggle. Sin embargo , tal vez no esteis 
nosa tarea , pero si os dignais ver cómo W18- 
K 
  
¡que quisierais cansarme nO lo conse- 
el cir- ; 
dotada 
del vigor necesario para entregaros á tan PO”. 
  
| 
  
 
	        
© 2007 - | IAI SPK
Waiting...

Note to user

Dear user,

In response to current developments in the web technology used by the Goobi viewer, the software no longer supports your browser.

Please use one of the following browsers to display this page correctly.

Thank you.