Full text: segunda série, tomo 8 (1866) (1866,8)

a pr 
A 
  
LÚGUBRE. a 183 
ss alumnas, ¡se dignará mostrarse indulgente 
Bor las gracias que nos faltan Hacemos to- 
do > " 
S Nuestros esfuerzos para pulir, perfeccio - - 
Rar y dar elegancia, 
Me sentó á mi lado teniendo cuidado de co- 
sa 0 en el banco como su ilustre modelo en 
> mina donde este último está sentado en 
a sofá , y le imitó perfectamente. 
a , para dar elegancia , repitió tomando 
Es Polvo y agitando los dedos con finura; pero 
somos ya, continuó saludando con los 
es , arqueando las cejas y cerrando los 
J0S, gi puedo expresarme así delante de una 
Persona colmada de todas las gracias que ha- 
Potes podido dar jamás el arte y la naturaleza, 
9 Somos ya lo que hemos sido respecto á las 
Maneras y ála elegancia. 
—¿Será posible , caballero ? 
Pros degenerado , repuso moviendo la 
id dentro de su corbata; un siglo de 
sualdad como el nuestro no es favorable al 
¿ven tono y á la suprema elegancia, pues 
£senvyuelve necesariamente todos los instin - 
-98 vulgares. Tal vez no debia entrar en esta 
“uestion, en la cual no dejo de serinteresado, 
Mi me compete deciros que me han dado el 
Apodo del Caballero , y que S. A. R. el prin- 
Cipe regente, habiendo reparado en el saludo 
Que le hice en el momento que salia del pa- 
bellon de Brighton, ese edificio tan elegante, 
Me hizo el honor de preguntar : «¡Quién es 1 
¡Forqué no le conozco? ¡Porqué no tiene 
treinta mil libras de renta!» Es una mera 
Anécdota , pero que se aplaudió mucho en 
aquella época y se repite aun en las mas al-' 
tas regiones de la sociedad. 
—No lo dudo, caballero. 
Saludó con los hombros y añadió : 
1 —En esas regiones donde se ha refugiado 
0 que nos resta de gracia y elegancia. Ingla- 
“fIra , mi patria ¡ah! ha degenerado mucho 
Y degenera de dia en dia. Los caballeros se 
Van, somos muy pocos, ya, y solo yeo para 
Sucedernos una raza de industriales. 
d —Se puede esperar, caballero, que la raza 
Ye los caballeros se perpetuará en esta casa, 
—Sois muy amable, me respondió con una 
SOnrisa y saludando con los hombros, me adu- 
“818; pero no... no! No he podido inculcar 
Runca á mi pobre hijo esa parte importante 
de mi arte. El cielo me libre de ser injusto con 
€56 muchacho querido cuyo mérito reconozco, 
Pero no tiene... buena figura. 
—Parece un excelente profesor, le dije, 
—Entendámonos , querida mia; es un ex- | 
celente maestro, posee todo lo que puede ad - 
as , demuestra y enseña 4 sus discipulos 
r o lo que puede enseñarse, pero le falta... 
*omó un polyo , arqueando el brazo y alzan- 
do los hombros, y me miró sonriendo como si 
me dijese: « Le falta mi figura.» 
Dirigi la mirada al centro del salon donde 
el amante de Carolina trabajaba con ardor. 
—:¡ Pobre muchacho! murmuró M. Turvey- 
drop arreglándose la corbata. : 
— Vuestro hijo es infatigable, le dije. 
—Me causais un grato placer con vuestras 
palabras , señorita, ¡ Querido Principe ! bajo 
ciertos eonceptos sigue los pasos de su santa 
madre, una mujer de una grande abnegacion, 
una esposa modelo. ¡ Qué amable es el bello 
sexo! añadió M, Turveydrop de la manera mas 
elegante y mas detestable. 
Me levanté para ir á reunirme con Carolina 
que se ponia el sombrero. 
Habia terminado la leccion , y se advertia 
un movimiento general entre las alumnas que - 
se preparaban á retirarse. : 
No sé cómo la pobre Carolina y el infortu- 
nado Principe habian tenido un momento para 
declararse su amor, pues es indudable que des- 
de nuestra llegada no habian podido hablarse 
dos minutos seguidos. 
—Príncipe, dijo M. Turveydrop dirigién- 
dose á su hijo con voz benigna, ¡sabes qué 
hora es? 
—No , padre. : 
El hijo no tenia reloj, y el padre sacó el 
suyo con una majestad que se proponia por 
modelo á todo el género humano. 
—Hijo, son las dos, respondió ; no olvides 
que á las tres en punto das leccion en Ken - 
sington. : OS 
—No faltaré , padre; voy á probar un bo- 
cado y salir. 
—Querido hijo , es preciso que te des prisa 
porque encontrarás frio el almuerzo, 
—¡ Vais á salir pronto? 
—Sí, hijo mio; creo, respondió M. Tur- 
veydrop cerrando los ojos y alzando los hom- 
bros con modestia , que debo, como todos los 
dias, salir á paseo. 
—Hariais bien en comer en alguna fonda , 
dijo Principe. 
—Sí, hijo mio, te daré gusto: comeré en 
el restaurant francés del teatro de la Ópera. 
—No os priveis de nada; adios , padre, di- 
jo Príncipe tomándole la mano. g 
—¡Adíos, hijo mio, adios | 
Estas palabras, que el caballero pronunció 
con voz solemne, hicieron un bien evidente 
al jóven que se mostraba tan orgulloso con su 
arrogante padre, que casi me reprendi por él 
de no participar de su admiracion por M. Tur- 
veydrop. El instante que nos concedió Prin-. 
cipe para despedirse de nosotras, especial- 
mente de miss Jellyby, aumentó la impresion 
favorable que me habia producido, y senti 
por él un interés tan verdadero , que cuando, 
RAT A A ONE 
A 
LA 
iia 
dl 
| 
0 
y 
Ñ 
      
   
E 
A
	        
© 2007 - | IAI SPK
Waiting...

Note to user

Dear user,

In response to current developments in the web technology used by the Goobi viewer, the software no longer supports your browser.

Please use one of the following browsers to display this page correctly.

Thank you.