Full text: segunda série, tomo 8 (1866) (1866,8)

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jo dei empleado encargado de llevar la lista 
«de las defunciones, 
Forzosamente hay algo particular en la at- 
-mósfera; M. Weevle , ó propiamente hablan- 
do M. Jobling, siente un malestar extraño ; 
mas de veinte veces ha ido desde su habi- 
-tacion á la puerta de la calle desde que el 
canciller ha cerrado la tienda; no hace mas 
que subir y bajar, ir y volver, con su gorra 
de terciopelo que le comprime el cráneo y ha- ' 
ce resaltar las enormes patillas. 
No es extraño que M, Suagsby experimen- 
te el mismo malestar , porque continuamente 
está mas Ó menos oprimido por el secreto en 
que se halla comprometido sin poder adivi- 
narlo , y se pasea por delante de la tienda del 
ropavejero que, segun su opinion, es el orÍ- 
gen de aquel horrible misterio. Aquella no- 
che pasa por delante de las _4rmas de Apolo 
con la intencion de ir tan solo hasta el extre- 
mo de Chancery-Lane y volver, pero des- 
pues de dar este paseo, se dirige 8 pesar suyo 
or un atractivo irresistible á la tienda de 
M. Krook.' 
—Buenas noches , señor Weeyle , dice M. 
Suagsby 4 un personaje que se pasea de un ex- 
tremo á otro.de la plaza, 
—¡Ah! ¿sois vos, señor Suagsby ? 
—Sí, señor Weevle; he salido á tomar el 
aire un rato antes de acostarme. 
—Mal puede tomarse el aire esta noche, 
pues el poco que hay no me parece muy puro, 
dice M. Weevle lanzando una mirada al cielo. 
—Es cierto, ¡No advertis, añade M, Suags- 
by respirando con fuerza dos 6 tres veces, 
que se percibe un olor muy extraño ! 
—La misma observacion he hecho yo , res- 
ponde M, Weevle; es un olor muy particu- 
lar... Creo que están asando costillas en las 
Armas de Apolo. e 
-—¿ Costillas ? pregunta M. Suagsby que 
respira nuevamente con fuerza para cercio- 
rarse. Tal vez tengais razon, caballero, conti- 
nua, pero meatrevo É decir que la cocinera se 
ha dormido porque las tales costillas se están 
quemando. h 
M. Suagsby vuelve á respirar con las nari- 
ces , escupe y se enjuga los labios. 
—Se me figura que las costillas estabán pa- 
sadas al' ponerlas en las parrillas. 
-—Es probable. ¡ Qué tiempo tan pésimo?! 
El aire está corrompido, responde M. Weevle. 
-— Y apenas se puede respirar, añade M. 
-Suagsby. 
-— —¡Por san Jorge! os aseguro que me ha- 
.ce estremecer, dice M. Weevle. 
—¡ Cómo haceis para vivir solitario en una . 
“habitacion que ha sido teatro de tan terrible 
acontecimiento! pregunta M. Suagsby que di- 
rige una mirada sobre los hombros del jóven 
  
LA CASA 
y da un paso atrás para mirar la casa. Me se- 
ria imposible permanecer solo en vuestro 
cuarto, caballero; viviria tan inquieto y agi- 
tado cuando llegara la noche, que preferiria: 
pasarla en medio de la calle, Es verdad que: 
no habeis visto en ese cuarto la 'escena que 
yo presenció , lo cual es muy distinto. 
—Tengo noticia de esa historia ; responde 
Tony. i 
—Historia poco agradable ¡no 'es cierto! 
dice M. Suagsby que tose detrás de su mano» 
insinuando que M. Krook debia tener en con- 
sideracion está circunstancia y rebajar el al- 
quiler. a 
— No creo que la haya tenido en cuenta,. 
responde el jóven. 0 
—Os parecerá algo. cara, continua M.. 
Suagsby , pero habeis de saber que los alqui- 
leres son muy subidos en este barrio. No sé en 
qué consiste, pero es indudable que el foro- 
aumenta el precio de todas las cosas. No lo: 
digo , añade con una tos de excusa , porque 
trate de rebajar en lo mas minimo la distin- 
guida profesion que me hace ganar la yida , 
pero el hecho es indudable, E 
M. Weevle vuelve á recorrer con la vista la 
plaza y mira 4 M. Suagsby. 
Desconcertado este con la mirada de M. 
Weevle, tose para manifestar los esfuerzos. 
que hace para poner término á la conversa - 
cion, A : e 
—Es un hecho muy extraño, caballero ,, 
dice estregándose las manos, que'aquel hom- 
bre hubiese podido permanecer... : 
—¡ Qué hombre ? 
—El difunto de que hablábamos , responde 
M. Suagsby alzando la cabeza y las cejas hácia. 
el segundo piso y tocando á su interlocutor 
con el dedo en el pecho. * der 
—¡Ah! si, dice M. Weevle con una ex- 
resion que demuestra bien á las claras que 
le disgusta aquel tema de conyersacion ; creia. 
que me hablabais de otra cosa. pe. 
— Queria deciros únicamente que esun he-- 
cho muy extraño, caballero, que viniera á vivir 
á esta casa donde trabajaba para mi, y que ha- 
yais venido como él á habitar el mismo apo- 
“sento para ser, tambien mi escribiente ... lo 
cual no tiene nada de deshónroso, añade M. 
Suagsby temiendo haber cometido una falta de: 
urbanidad al aplicar el pronombre posesivo á. 
la persona de M. Weevle, He, conocido; escri- 
bientes que han entrado en establecimientos: 
de comercio y han llegado á ser personas 
muy respetables , caballero, eminentemente 
respetables. : nd 
—Como decís, es en efecto una extraña 
coincidencia, contesta M. Weevle, mirando la- 
plaza en todas direcciones. : 
  
  
  
 
	        
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