Full text: segunda série, tomo 8 (1866) (1866,8)

  
  
  
LUGUBRE. : 997 
explicarme porque tú, cuya conducta es ge- 
Neralmente de una circunspeccion escrupulosa, 
has venido 4 un café antes de la hora de al- 
Morzar 1 
—i Y por qué has venido tú? pregunta á su 
Vez mistress Suagsby. 
—Querida mia, únicamente por saber la 
Verdad sobre la fatal desgracia ocurrida á ese 
Infeliz Krook para contarte los pormenores, 
Amor mio, mientras almorzases. 
—No lo dudo, señor Suagsby. ¡Me contais 
tan exactamente lo que sabeis! 
—Todo lo que sé, queri... 
—Desearia que volvieras á casa, dice mis- 
tress Suagsby con sonrisa siniestra despues de 
contemplar un momento la creciente confusion 
de su marido; estarias allí mas seguro que en 
la calle. 
—No lo sé, amor mio, pero me retiraré á 
Casa. 
El tendero dirige en torno suyo una mirada 
de consternacion, da los buenos dias 4 M. 
Weevle y M. Guppy, les dice que se alegra 
de verles sanos y salvos, y acompaña á su 
mujer que sale del café. 
Aun no ha anochecido, y por la insistencia 
con que mistress Suagsby le mira fijamente 
desde la mañana, se convence de la parte de 
responsabilidad que ha asumido en la catás- 
trofe de que habla todo el vecindario. Este 
convencimiento le causa tanta angustia que le 
ocurre la idea de ir á entregarse á la justicia 
y pedir que le formen causa para que le ab- 
suelvan si es inocente ó sufrir todos los rigo- 
res de la ley si verdaderamente es culpable. 
M. Weevle y M. Guppy terminado el al- 
Muerzo, van á dar un paseo por Lincoln*s-Inn 
con la esperanza de que el aire libre quitará 
de su cerebro las telarañas que lo oscurecen. 
—No podemos encontrar un momento mas 
favorable para hablar un rato sobre un punto 
que es indispensable arreglar cuanto antes, 
dice M. Guppy despues de recorrer con aire 
pensativo los cuatro lados de la plaza. 
—William Guppy, responde M. Weevle 
lanzándole una mirada sangrienta, si se trata 
de una conspiracion no te tomes el trabajo de 
hablarme; estoy cansado de tus conspiracio- 
Nes y no quiero tomar parte en ninguna otra, 
Esto y seguro de que muy pronto nos veremos 
arder Ó volar como una mina á cuya mecha 
Se ha pegado fuego. 
Este aserto es tan desagradable para M. 
UPppy que responde con voz trémula y en 
tono de reproche: 
—Tony, creia que los acontecimientos de la 
Noche pasada te habian servido de leccion y 
Que en adelante te abstendrias de toda perso- 
Dalidad. 
—Creia, William , replica M. Weeyle, que 
despues de semejante advertencia te absten- 
drias en lo sucesivo de toda conspiracion, 
—;¡ Quién conspira? pregunta Guppy. 
—¡Tú! contesta Weevle. 
—¡No! afirma Guppy. 
—¡Si! dice Weevle. 
a se atreve á-afirmarlo? 
—Yo. 
— ¿Tú? : 
—Si, yo, responde Weevle con firmeza. 
—Apenas creo lo que escucho. 
Y los dos andan durante algunos minutos: 
silenciosamente como para recobrar su sangre 
fria. 
—Tony, dice entonces William , si en vez: 
de acusarle escucharas á tu amigo, no incur- 
ririas en tales errores. Pero te acaloras y no 
reflexionas. Dotado por la naturaleza de todo: 
lo que halaga la mirada... 
—Te suplico, exclama M. Weevle, que no 
- hables de mis perfecciones personales y digas 
lo que tienes que decirme. : 
Esta delicadeza de su amigo obliga á M. 
Guppy á ahogar los sentimientos mas tiernos- 
de su alma cuya expresion no se revela mas-. 
que por el tono ofendido con que vuelve á to- 
mar la palabra. ; 
—Tony, prosigue, cuando decia no ha mu- 
cho que era indispensable aclarar lo mas pron-- 
to posible un punto al cual hacia alusion, ha- 
blaba de una cosa completamente extraña á 
toda especie de conspiracion. Sabes muy bien: 
que en todas las causas que deben ser juzga- 
das, se discuten legalmente de antemano los. 
hechos que han de probar los testigos. ¡Es 
conveniente ó no que sepamos sobre qué he- 
chos hemos de declarar en la sumaria que va 
á instruirse relativamente á la muerte de este: 
viejo la... de ese desgraciado caballero ! : 
M, Guppy iba á decir ladino, pero cree: 
que la palabra caballero es mas adecuada á las 
circunstancias. ] 4-18 
—¡Sobre qué hechos? pregunta Tony. 
—Los hechos sobre que versará la suma- 
ria son, dice Guppy contando con los dedos: 
1.9 lo que sabemos acerca de los hábitos de: 
ese caballero; 2. en qué dia y hora le hemos: 
visto por última vez; 3.2 en qué condicion se: 
encontraba entonces; 4.” cómo hemos descu- 
bierto el acontecimiento de que se trata y lo 
que sabemos sobre este punto. 
—Sí, contesta M. Weevle, todos esos he- 
chos son relativos á la causa. 
—Nuestro descubrimiento es debido, con- 
tinua William, á una cita que nos habia da- 
do, cita que con la extrañeza que le caracte- 
rizaba habia fijado en lag doce de la noche, 
en cuya hora debias enterarle del contenido: 
de ciertos papeles, como lo habias hecho ya 
yarias veces, pues dicho caballero no sabia. 
     
     
A
	        
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