Full text: segunda série, tomo 8 (1866) (1866,8)

  
   
322 : 
—Precisamente, le dije, deseaba, veros 
«para hablaros de una persona á quien pare- 
«ceis no comprender. : ] 
—Probablemente de M. Jarudyce. 
—Si. e 
_—Mejor, porque quiero hablaros de él 
tambien, pero únicamente. vos, querida 
amiga, á vos sola ¡entendeis? porque no 
tengo que dar cuentas á nadie, y mucho me- 
nos á M, Jarudyce, 
Me disgustó la manera como hablaba de mi 
tutor y se lo hice observar. , : 
- —Muy bien, me dijo ; aplacemos eso para 
mañana. En cuanto 4 esta noche , dadme el 
brazo , querida Ester , y vamos á: sorprender 
á mi graciosa prima, á no, ser que vuestra 
fidelidad á las órdenes de M. Jarudyce no os 
permita 'introducirme en la casa que habi- 
Gn PE ARCA : ' 
— Sabeis muy bien, Ricardo, que seriais 
recibido como un hijo en la suya que seria la 
vuestra si quisierais ; os recibiremos en todas 
- partes con el mayor placer, ie 
-—Eso es hablar como un modelo de muje- 
res, dijo Ricardo de buen humor, 
--¡ Estais contento de la carrera militar 1 le 
pregunté algunos instantes despues. 
--Si, bastante, contestó; es una carrera 
como cualquiera otra, especialmente mientras 
espero muy distinta posicion. No digo que no 
la deje cuando estén arreglados mis negocios; 
venderé entonces mi plaza de oficial... Pero 
no hablemos de esto hoy. ] 
¡ Tan jóven y tan bello! El reverso de. la 
medalla en todo de miss Flitte. Y sin embargo, 
encontraba en sus ojos la mirada inquieta y 
sombría que tenia la pobre loca cuando ha- 
blaba de su pleito... 
—Estoy en Londres con licencia temporal, 
prosiguió Ricardo. . $ 
—¿Con licencia? se 
— Tenia precision de enterarme del estado 
de mis negocios; se acerca la época de las 
awacaciones del tribunal, y todo va muy len- 
“tamente. : 
Movi la cabeza con ex 
—Teneis razon, dij 
de conversacion . 
diablo los pleitos 
otra cosa. ¿No adi 
añado ? ; 8 
. —Creo haber oido la voz de M. Skimpole. 
—Y no os habeis equivocado. De todos los 
hombres que conozco es. para mi el mas sim - 
pático. ¡ Qué alma tan cándida! Es un niño 
adorable. 
Le pregunté si cierta persona tenia noticia 
de su viaje... 
Me contestó que no, que M. Skimpole le 
“habia dicho donde estábamos, y que habien - 
presion triste, 
icardo , es un tema 
     
   
   
que experimento. 
LA CASA 
do manifestado vivos deseos de vernos, el” 
viejo niño le habia dicho que le acompañaria,- 
y se pusieron en camino inmediatamente. 
— Vale cien veces.lo. que pesa en. oro, me 
dijo Ricardo, y aunque se ha de pagar el gasto: 
que hace, porque no conoce el valor.ni el uso - 
del dinero, en cambio paga suficientemente: 
con el placer que causa su compañía. ¡ Qué: 
facundia, qué gracejo y. qué candor! Sobre” 
todo ¡ qué desinteresado es! ¡ qué franco! 
No veia una prueba del desinterés de M, 
Skimpole en la costumbre que tenia de dejar 
pagar á los demás sus gastos, pero en el mo- 
mento en que iba á hacer esta observacion ,. 
entró en el aposento y naturalmente la con- 
versacion tomó otro giro. 
Dijo que sentia un grato placer en verme, 
y que jamás habia recibido noticia alguna con: 
mayor alegría que: la de mi curacion. Reco- 
nocia la afortunada mezcla de bien y de mal 
que existe en el mundo, y sin pretender ave- 
riguar por qué B llevaba 'una pierna de palo 
precisamente para que D tuviera mas dicha: 
en ponerse: la suya en una media de seda, 
apreciaba mejor la salud cuando veia algun- 
enfermo. 
—Todo es oposicion y contraste en la na- 
turaleza, prosiguió; por ejemplo, nuestro 
amigo Ricardo se complace en evocar las mas 
brillantes visiones de las tinieblas de la canci- 
llería ; ¿no es esto una poesia deliciosa? An- 
tiguamente los poetas poblaron los bosques y 
los «valles de ninfas encantadoras cuyos bailes- 
imaginarios á los acordes de una flauta ideal 
halagaban los ocios de los pastores sujetos al. 
terruño , pero nuestro pastoril amigo hace: 
cruzar los sombríos fnns del tribunal por el 
deslumbrante cortejo de la fortuna 4 los ecos: 
melodiosos de un fallo definitivo. Este contras- 
te me encanta. ¿De qué sirven los abusos ? 
me preguntará algun importuno. ¡Porqué se 
han de. defender 1? No trato de defenderlos ».. 
responderé al descontento, pero dejad que me:- 
aproveche del placer que me causan; si tie- 
ne para mi tanto encanto la trasformacion que 
hace este hechicero, es porque son detesta- 
bles. Por otra parte, no soy mas que un niño- 
y ha me creo responsable de las sensaciones- 
Ricardo no podia haber encontrado un ami-- 
go mas peligroso , especialmente en su posi- 
cion, y sufria mucho al ver á su lado aquel 
hombre seductor y ligero, que carecia de- 
principios, precisamente cuando era tán ne- 
cesario animarle á seguir la carrera que habia 
abrazado y apartarle de las ilusiones que le: 
dominaban. Comprendia que mi tutor, obliga- 
do á vivir en medio de los tristes negocios que” 
habian atraido sobre su familia tantos infor- 
tunios, se complaciese en escuchar los sofis»- 
  
  
 
	        
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