Full text: segunda série, tomo 8 (1866) (1866,8)

  
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Krook, No hay ninguna ventana abierta, no 
vive allí miss Flitte, y una mujer de rostro 
antipático , cubierta de polvo y cuya edad es 
un problema , en una palabra, la interesante 
Judith, le responde agriamente que miss Flit- 
te y sus pájaros se han trasladado á casa de 
mistress Blinder en Bell Yard. 
M. Woodcourt se dirige inmediatamente al 
sitio indicado, donde miss Flitte, madruga- 
dora como siempre para ser la primera en lle- 
gar á la audiencia, baja la escalera con pre- 
cipitacion , con los brazos abiertos y los ojos 
bañados en lágrimas exclamando : 
—¡ Querido doctor! ¡el mas distinguido, el 
mas generoso y el mas valiente de todos los 
ofiviales | : 
Allan, lleno de bondad para ella, escucha 
con paciencia las expresiones de la loca, y es- 
pera para explicarle el motivo de su visita que 
haya agotado todos los trasportes de entusias- 
mo que le dicta su corazon, 
— ¡Dónde podria albergarle 1? dice desig- 
nando á Jo que tiembla en la puerta. He 
creido que vos, que sabeis tantas cosas y te- 
neis tanto talento, me darisis un buen con- 
sejo. 
Miss Flitte, halagada por este elogio, re- 
flexiona largo rato antes de responder, 'Podo 
está alquilado en casa de mistress Blinder, y 
ella ocupa el cuarto del pobre Gridley. 
— ¡ Gridley |! exclama de pronto, ¡ Gridley! 
Si, si, querido doctor; el general Georges 
nos va á sacar del apuro. 
Y subiendo precipitadamente á ponerse el 
pañuelo y el sombrero y tomar su saco de 
documentos , vuelye á salir, y por el camino 
cuenta al doctor que el general Georges, á 
quien ve algunas veces , conoce á su querida 
amiga Fitz Jarudyce y se interesa por éla, 
de lo cual deduce Allan que el general es un 
hombre excelente que no puede menos de ser- 
- le útil. 
Al entrar en la sala de armas, que afortu- 
nadamente está cerca , M. Woodcourt augura 
bien de lo que ve, y especialmente de M. 
Georges que fuma mientras se pasea de un 
extremo á otro de la sala , Y cuyos vigorosos ' 
músculos se adivinan bajo el lienzo de su ves- 
tido. 
—Servidor vuestro , caballero , dice salu- 
dando militarmente despues de escuchar con 
una sonrisa la presentacion pomposa que aca- 
ba de hacerle miss Fiitte. 
— ¡Sois oficial de marina? añade el maestro 
de armas. 
—Pertenezco á la marina, respondió Allan, 
soy médico. 
— ¡Médico | Creia que vestiais el uniforme 
azul. 
M. Woodcourt dice que esta circunstancia 
LA CASA 
contribuirá á que M. Georges le perdone su 
importuna visita, y le suplica que no apague 
la pipa como habia manifestado querer ha- 
cerlo. : 
—Sois muy amable, caballero, responde el 
sargento , y como sé que el tabaco no ofende: 
á riss Flitte, voy con vuestro permiso... 
M. Georges completa la frase llevándose la 
pipa á los labios y continua fumando mientras. 
M. Woodcourt le cuenta la historia del po- 
bre Jo. 
— ¡Es él? pregunta el maestro de armas 
mirando hácia la puerta donde Jo examina 
con la boca abierta las grandes letras pinta- 
das en la pared que nada significan para él, 
-— Si señor, responde Allan , y estoy muy 
apurado ; no quiero llevarle al hospital por- 
que no estaria allí dos horas, suponiendo que 
quisieran recibirle; la misma objecion me 
ocurre respecto á las casas de refugio, con- 
tando que para hacerle admitir tuviese la pa- 
ciencia de soportar los pretextos y las menti- 
ras que se emplearian para enviarme de He- 
rodes á Pilatos, sistema que no me gusta, 
— Ni gusta á nadie, dice el maestro de ar- 
mas. 
— Estoy seguro de que no se quedaria en 
ningun sitio público, continua M. Woodcourt, 
á causa del terror que le inspira cierto indi- 
viduo que le ha mandado salir de Londres, y 
en quien supone en su ignorancia la facultad 
de estar en todas partes y saber todo lo que 
sucede. / 
-— ¡ Es un secreto el nombre de esa perso- 
na ? pregunta M. Georges. 
—Lo es para este desgraciado que le tiene 
miedo , pero no es otro que M. Bucket. 
—'¡ De la policía ? 
— Precisamente. 
—Le conozco, responde el sargento des- 
pues de arrojar al aire una densa nube de hu- 
mo, y el pobre muchacho se acerca mucho á 
la verdad diciendo que... es un hombre ex- 
traordinario. 
M. Georges vuelve á coger la pipa de una 
manera significativa y mira á miss Flitte en 
silencio. 
— Quisiera igualmente, continua el doctor, 
hacer saber á miss Sumrmerson y á M. Jaru- 
dyce que hemos encontrado á este desdichado 
para que pudiesen hablarle si lo desean, para lo 
cual seria preciso, al menos por ahora , colo - 
carle en una casa decente. Pero ese pobre Jo 
no ha tenido nunca , como veis, grandes re- 
laciones con las personas honradas , y esto es 
lo que me apura. ¡Conoceis en la vecindad al. 
guna persona que consintiera en recibirle? Le 
pagaría por adelantado el alquiler. 
Mientras dirige esta pregunta al maestro de 
armas, el doctor ve un hombrecillo con la ca, 
Nito. al 
nd 
— 
  
  
  
  
 
	        
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