Full text: segunda série, tomo 8 (1866) (1866,8)

A A 
DE UN RECLUTA. 
sus arcos como sombras : esas visiones: no du- 
raben mas qu un segundo, yq eran terri= 
bles! - 
«A las siete y mpdiho mcrido que avanzaban 
sobre nuestra: izquierda masas: de caballeria,: 
y que trotaban en torno de dos ¡grandes cua-: 
dros que retrocedian- paso á: paso , recibimos 
órden: de retirar, En'Schoenfeld solo quedaban 
dos ó tres mil hombres:con las seis piezas de 
artilleria. Volvimos 4 Kohlgarten sin ser per- 
seguidos y. fuimos :á vivaquear alrededor de 
Rendnitz. Zebedé vivia todavía; hacia veinte 
minutos -que marchábamos :el- uno al lado del 
otro en silencio , escuchando el fuego de arti- 
Hlería que continuaba del' lado del Elster-á 
pesar de la noche, Sumar me- dijo de: re- 
pente : 
—¡¿ Cómo. nos as todavía aqui, 
José, cuando tantos miles han muerto ao 
á posotros-/ Ahora no podemios 2. morir Lo 
Yo no le contesté. 
:—¡ Qué batalla | continuó : ¿se ha batido 
álguien de esta manera antes que «nosotros 1 
Es imposible. - 
Tenia razon, era una +” batalia de giganteos 
desde las diez de la mañana hasta las siete de 
la tarde habíamos herho frente 4 trescientos 
sesenta mil hombres sin retroceder un paso; y 
sinembargo nosotros no éramos más que cien= 
to treinta mil] Nose habia visto cosa pareci- 
da.— Libreme Dios de hablar: mal delos ale= 
manes, ellos combatian por la independencia 
de su patria ; pero no apruebo que: celebren 
tedos los años la batalla de Leipzig: cuando - 
sees tres contra 1 uno no 'hay de que vanaglo- 
riarsel 
En las cercanías piel Bendhit carsimóbimos 
sobre un monton de cadáveres; '4:cada paso 
encontrábamos cañones desmontades, cajones 
tumbados , árboles tronchados por la metra= 
lla. Alí era donde una division: de la jóven - 
guardia y los granaderos de á caballo, man - 
dados por el mismo Napoleon, habian dete- 
nido 4 los. suecos que avanzaban en el claro 
que dejó la traicion de los «sajones. —Dos 6 
tres viejas cabañas que acababan de arder de- 
lante del pueblo, ituminaban este espectácu- 
lo: Los granaderos de á. caballo :se hallaban 
todavía en Rendnitz; pero multitud de tropas 
desbandadas iban y venian por: la carretera, 
Como no se habian distribuido: víveres, todos 
iban en busca de comida y bebida. 
Mientras desfilábamos' por delante de una 
- gran casa de mensajerías'; vimos detrás dela - 
pared de un patio dos cantineras que daban 
de beber desde lo alto dessus carretas. Allí'ha- 
bia cazadores , COTaceros , 
infantería de línea y de la guardia , $ todos 
mezciados , cubiertos de harapos, los morrio- 
nes y los cascos hundidos, sin plumeros, acri- 
lanceros, húsares, 
531 
billados de EAS loma pl eS ham- 
brientos. > 
En pié sobre la faja pare habia' dos 6 
tres dragones y cerca de un puchéro lleno de 
pez ardiente”, con los brazós cruzados debajo 
de sus capas blancas; ' estaban cubiertos de 
sangre como Carniceros. 
Zebedé, sin hablar palabra, ¿mprjemo con 
el codo , y entramos en el patio mientras que 
log: otros proseguian su “camino. Necesitamos 
un cuarto de hora para llegar junto á la car- 
reta. Levanté en alto una moneda de seis li- 
bras; la: cantinera arrodillada detrás de su to- 
nel, tomó la moneda , alargándome en cam- 
bio un gran vaso de aguardiente y un pedazo 
de pan blanco, Bebi'; pasando en seguida el 
vaso á Zebedé que lo" vació. Trabajo nos cos- 
tó despues salir de entre aquella multitud ; to- 
do el mundo'"8e miraba “con aite' sombrió, 
abriéndose paso'con los todos y los hombros; 
allí era donde se ' podia decir, —en vista de 
esos duros semblantes:, de esos ojos hundidos, 
de: esos aspectos terribles de hombres - que 
acaban de exponer mil veces 'su vida , y que 
mañana volverán á hacer+lo mismo : — « cunas 
uno para si... Dios para todos l» 
Al subir hácia el ng me Sa Zed : 
=; Tienes ia 03 ; 
«Si, 
Lo pastl en dol pelado y lo: di de mitad. 
Comiamos alargando el paso. Alo léjos se 
cian todavía tiros. Al cabo'de veinte minutos 
alcanzamos la: reteguardia de la' columna , y 
reconocimos el batallon* por el capitan ayu- 
dante mayor Vidal que marchaba cerca de él. 
Volvimos á éntrar en las filas , sin' que nadie 
hubiese notado nuestra' ausencia, 
Cuanto 'mas” nos acercábamos 4 la ciudad; 
mayor era el número de partidas', de cañones 
y bagajes que se Pa a ¡Hégar” á 
Leipzig. 
A eso de las: dto atravesábamos el Berti 
de Rendnitz. El general de brigada Fournier 
se puso al frente de nosotros y nos dió órden 
de torcer á la izquierda. A media noche lle- 
gamos á los grandes paseos que hay á lo lar- 
go del Pleisse, é hicimos alto debajo los viejos 
deshojados tilos. Se formaron pabellones. Una 
larga hilera de' hogueras oscilaban enla niebla 
hasta el barrio de Randstadt. Cuando la llama 
subia, iluminaba grupos de lanceros polacos, 
filas de caballes, cañones y furgones; ya de 
trecho en* trecho, “algunos ¡centinelas inmóvi.- 
les entre" Ja niebla ' como sombras. Grandes 
rumores se'alzaban' en la ciudad, 'los cúales 
iban “siempre en ' aumento , y se confundian 
con el ruido sordo que hacian los convoyes al 
pasar por el puente de Lindenau. Esto era el 
principio de la retirada. — Entonces, cada uno 
puso su mochila al pié de un árbol y se ten- 
 
	        
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