Full text: El capitán de la Estrella Polar

      
       
        
     
      
    
    
       
     
      
       
     
  
  
   
   
  
  
  
  
  
  
    
   
   
  
   
  
   
  
  
   
  
   
  
  
  
   
  
   
  
   
    
   
  
  
   
   
   
    
   
   
    
     
      
      
      
     
      
      
EL CAPITÁN DE LA ESTRELLA POLAR 
con motivo de un lance surgido con un 
parroquiano. «Era bien pacífico y hubiera 
vivido mucho tiempo»—dijo tristemente el 
día del entierro su hermano Nataniel 
Siempre decía: «Si discutes con alguna per- 
sona extraña saca primero el revólver, des- 
-pué: discute, yen último término dis para si 
vieses que hay que disparar. Bill era ex- 
tremadamente fino, y di Ja que el interlo- 
cultor discutiera antes de atacarle cuando 
podía haberlo deshecho sin aguardar á que 
hablase.» Esta amable debilidad del difun- 
E to Bill fué un mal golpe para Adams, que 
e faltándole. el socio no podía llevar los ne- 
¿9 gocios tan prósperamente. Nat Adams pre- 
sumía de ser el más antiguo residente de 
aquella comarca, pues antes de que se des- 
cubriera el oro, explotó su nds la á orl- 
llas del camino. A costa de una disgresión 
explicaré, pues es curioso, cómo se las 
manejaba para acumular considerables su- 
mas de dineró en unos lugares donde los 
viajeros eran tan ] 
Era costumbre entre: los boyeros, pasto- 
res y demás gente que servían en los cor- 
tijos, entrar al servicio del amo por dos 
años ó tres, con un sueldo anual fijo y co- 
mida diaria, pero sin que en ésta se inclu 
yeran los licores y sin que aquél fuera 
percibido por los interesados; así es que 
con este convenio quedaban los hombres 
sujetos á sobriedad forzosa y absoluta. 
Pues bien, Jimuy, trabajador, ha cumpli- 
do su plazo y dice ñ amo: «Ya he cumplido, 
amo; quiero retirar mi dinero é irme á la 
ciudad. 
— ¿Volverá usted, 
  
  
  
escasos. 
Jimuy? 
-ó6 un mes. Necesito ropa y no tengo, amo; 
tampoco tengo botas. Hay mías sesenta 
libras — dice  Jimuy reflexionando —, y 
acuérdese, amo, en Marzo pasado, cuando 
el toro se escapó, dijo usted que me daría 
dos libras, y una:libra cuando se lavaron 
las ovejas, y una libra cuando los corderos 
de Millans se mezclaron con los nuestros.. 
  
escribir, pero tienen una memoria que nada 
les escapa. El maestro extiende el cheque 
y entregándosele dice: 
No bebas mucho, Jimuy. 
—No tenga cuidado, amo. Y mi hombre 
- á4 la hora está ya en marcha, con el cheque 
en el bolsillo, montado en el caballo de bue- 
nas piernas que ha de recorrer las cien mi- 
Has que hay de allí á la ciudad. Jimuy tiene 
que pasar por dos 6 tres tabernas que hay 
en el camino, y la experiencia le ha ense- 
ado que, en rompiendo la abstinencia, le 
“dominan poderosamente ' los estimulilllps. 
Así, que determina tomar por una vereda, 
  
mundo. Jimuy va por la senda satisfecho 
  
—Sií, volveré; pasaré fuera tres semañas 
Y así seguía, pues estos hombres no saben : 
Ho y m 
firme en no probar licores por nada del 
de vencer el pto? cuando ve á un hom- 
bre de barba negra recostado en un árbol, 
y que no es otro que el tabernero, que cru- 
zaba el campo para esperarle. 
—Buenos días, compañero—le es se- 
gún avanza—. Buenos días. ¿Dónde va us- 
ted hoy? 
—A' la 
mente. 
—Tiempo tiene usted de llegar. Véngase á 
mi casa para echar un trago. 
—No quiero tragos—dice 
Mi la garganta nada 
—He dicho que no quiero. 
-—Bueno, hombre, no hay que enfadarse 
por eso. Buenos días. 
—Buenos días—y Jimuy sigue, cuando á- 
los veinte pasos oye.al otro que le dice: 
—¡Oiga, Jimuy! Si me hiciera usted un . 
favor cuando Jlegue á la erudad, le quedaré * 
muy agradecido. : 
—¿Qué es? 
—Una carta que hay que echar al correo, 
"y como es:cosa impor tante, no quiero fiárse=-.. ' 
la 4 cualquiera; pero como á usted le conoz- 
co, me quitará un peso de encima sime la 
lleva. ] 
—Démela—dice Jimuy lacónicamente. 
—No la tengo aquí, está en mi casa. Ven- 
ga conmigo y se la daré: está cerca. 
Jimuy consiente de: mala gana. Cuando 
llegan 4 la barraca, le dice riendo qué: se 
apee y entre en la casa. 
—Deme la carta—dice Jimuy. ; 
No éstá escrita todavía; siéntese y en. 
un momento despacho. E 
Así, queda el otro obligado 4 e 
fin la:carta está lista y al entreg 
el tabernero: 
«Ahora; Jimuy, una copita 4 mi cuenta. 
oc WN] sotal—dice Jimuy. 
-—¡Oht—dice el otro: en tono ofendido. 
Es usted tan orgulloso, que no bebe con un 
pobre hombre como yo. Deme entonces la. 
«carta; maldito si acepto favores de un hom- - 
bre que tiene tantos humos y no acepta una 
copita mía. » 
> Bien, bien, compañero, no te incomodes 
—dice Jimuy -—. Dame una copa y me voy. - 
El tabernero vierte en un vaso ron y se lo 
ofrece al hombre, que en reconociendo el 
olor se muere de de seos, y empurra el vaso 
de umsolo trago. Sus ojos ya tienen más bri-. 
más color su cara. El tabernero: le ob: 
ciudad — contesta Jimuy seca 
Jimuy. 
más. 
entrar. Por So 
Al rsela dice E 
serva 
—Ahora ya se puede i ir usted, Jimuy. 
: -—Espere, compañero; yo soy tan buen 
amigo como el que-más. Si usted puede Le 
gar una copa, también puedo yo. E 
Así se mantiene la conversación, y los ojos 
de Jimuy le brillan cada vez más. pd sE 
—Ahora. Jimuy, tome usted el último vase 
á la salud de la casadice el tabernero. 
- El otro toma el tercer vaso, y con él Ri 
aparecen todos 0. poda 
   
   
   
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