Full text: Recuerdos de Sherlock Holmes

a>. : EL VENDEDOR DE CADÁVERES 
remos tan fácilmente; casi le ha saltado 
un ojo á uno de los guardias, de un. pu- 
ñetazo, Realmente, se ha defendido como 
un león, y 
garganta para que no chillara, 
— Es Juan el barquero — dijo. riéndose 
Sherlock Holmes—. Suerte 
tedes con que no haya roto el cráneo á 
uno. Han debido. de arrastrarse como. los 
indios, porque si él ó David les hubieran 
visto, habría corrido la sangre. 
—¿Y ese que se ha escapado por la 
ventana? 
] e Bst es. el. EA ro ladrón, que se ha 
buscado la salida de. €se modo. Pero ya 
- no pcdemos evitarlo, capitán, y tenemos 
que conformarnos: usted, capitán, con su 
triunfo de esta noche, deteniendo Á tres 
“inocentes, y yo con comprobar que un 
hombre misterioso tenía interés en apode- 
rarse del libro: secreto de la casa Stra- 
della. El hombre vestido de marinero que 
ha entrado aquí me parece que no. ha 
navegado más que por el Támesis. 
—+¿ Tan difícil sería identificar Á ese ma- 
X ro pi eguntó el capitán Morris—. El 
caso sería averiguar quién podría tener 
_interés en coger el libro secreto de Stra- 
della. Quizá este mismo no sea ajeno al 
crimen. : 
-  —La misma idea tengo, .cap:tán Morris 
- —contestó. riéndose” Sherlock Holmes— ; 
_pero ya lo veremos. Buenas noches, ca- 
aia me vuelvo á casa. Vámonos, Harry, 
Que aquí nada tenemos que hacer ya. 
—¡Valiente gaznápiro es el tal capitán 
de policía! — murmuró Sherlock Holmes 
- cuando se encontró en la, calle con Harry 
y Juan, pues había logrado, gracias á su 
influencia, sacar de las garras de la policía 
al barquero—, Si este Morris no hubiera 
venido Á estorbarnos, estaría en mi poder 
- el marinero, y habríamos llegado á la meta. 
En fin, mañana volveremos : á empezar. 
» 
Mientras se TON El la mañana si- 
te, Sherlock Hclmes deleitábase e- 
ha habido que apretarle la 
han tenido us- 
yendo los periódicos que dedicaban co- 
lumnas enteras al asesinato inexplicable del 
banquero Stradella. 
—Estos buenos «reporters»—decía rién- 
se obstinan, otra vez. en adivinar 
enigmas. El «Daily Mail» dice que indu- 
dablemente el crimen .es consecuencia de 
úna venganza; en cambio el «Times» afir- 
ma que por conducto fidedigno ha ave- 
riguado que se trata de un suicidio. «Pall 
Mall Gazette» llega más lejos, y da á 
entender que el banquero estaba metido 
en unos amoríos que le han costado la: 
vida. 
«Pero todos están acordes. en que á la 
policía le será difícil descubrir al asesino, 
y que éste es un asunto embrolladísimo. 
Difícil y embrollado sí que lo es, y más 
El Times afirma que se trata de un suicidio. 
- difícil todavía de lo que parece. Aquí ve 
una biografía completa de Stradella. D 
dependiente sin 'un cuarto, ha llegado 
ser el propietario de una gran casa de ban- 
. Llegó á Londres 'sin zapatos, y ahora 
cali una clientela brillante, estando á pun: 
to de ser una de las potencias de la Bol 
sa. Lo menos deja una fortuna de 39% 00 
libras esterlinas, E 
-—Bueno, bueno, muy pe me parece 
esto último—siguió monologueando Sher 
lock. Holmes mientras cargaba A “encen- 
día la pipa—=; los balances que vi ano- 
che indicaban todo lo contrario. Strade- 
la estaba “arruinado: Ya hace tres años 
“que era insolvente, y Dios sabe con qu 
maniobras ecdás podido: sostenerse á flote. 
 
	        
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