Full text: Divertida historia del rústico Bertoldo, de Bertoldino (su hijo) y de Cacaseno (su nieto)

  
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las moscas, cogió un manojo de cambroneras y pegando a las mos- 
cas se llenó el cuerpo de llagas. 
Marcolfa llamó al médico, vino éste y Bertoldino al verle pre- 
guntóle si era algún capador. Al médico, esa simpleza no le hizo 
gracia; recetó y fuese, no sin antes encargar a Marcolfa que le 
diera las pildoras y aplicase ella misma una cala bañada de miel. 
Despachada la receta, su madre le dijo: Ahora toma estas pildoras, 
y luego te pondré yo esta cala. 
Insistió en que quería tomarlo él mismo, y cuando su madre se 
dió cuenta, como la cala la vió bañada de miel, ya se la había tra- 
gado, y las pildoras hacía todos sus esfuerzos para encajárselas 
por la parte posterior. 
En otra ocasión, creído de que pegaba un gran chasco al gavi- 
lán, ató los pollos en una sarta, y el gavilán se los llevó todos jun- 
tos. Explicando el caso a su madre, ésta, después de recriminar el 
hecho, díjole que al saber el rey este nuevo desatino... 
—¿Y quien quieres tu que se lo diga al rey?—interrumpió Ber- 
toldino. Se 
—¿Te parece a ti —objetó Marcolfa,—que no hay orejas que nos | q 
están oyendo? e 
—Pues yo—arguyó Bertoldino, mirando fijamente—no veo otras 
que las del burro del hortelano; pero te aseguro... 
—¿Qué es lo que vas a hacer? —exelamó la madre. 
—A cortar las orejas a este pollino que está escuchando, pues 
ha de pagar la curiosidad para que aprenda a ser cortés, 
Temblando estaba Marcolfa cuando se presentó el hortelano a 
preguntar quien había cortado las orejas a su borrico y diciendo 
que se iba en queja al rey y a pedir justicia. 
Fué el hortelano a quejarse al rey contra las demasías de Ber- 
toldino, al cual envió a llamar y se presentó con las orejas del 
borrico en el pecho. Informóse por los dos de lo ocurrido, y el rey 
dispuso que se satisfaciera lo que costó el borrico, al hortelano, 
Dictado el fallo se marcharon para su casa de campo; pero por el 
camino se cayó del borrico Bertoldino, y se rompió una costilla, 
Por ese cúmulo de simplezas y desgracias, Marcolfa fuese a log 
reyes a suplicarles permiso para volverse a vivir en su choza de 
la montaña. ye 
Accedió el rey, y la dijo: Herminio te entregará un cofrecito Es 
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