Full text: Cárceles y presidios del mundo

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DEL MUNDO a 
  
Entonces Bastide dijo que los niños charlaban mucho y 
que la chiquilla podía perderlos, añadiendo: 
—Lo que podemos hacer es desembarazarnos de ella. 
—¿Qué queréis decir?—gritó Bancal dejando los pies de 
Fualdés, que sujetó mientras Colard le degollaba. 
—Digo,—respondió Bastide,—que el testimonio de los 
niños es siempre peligroso y que convendría salvarnos; 
asi, pues, si hay que indemnizaros en algo... 
Por miserable que Bancal fuese, comprendió que Bastide 
lo era aun más, puesto que quería matar á su hija. 
—¿Qué os parece mi idea?—añadió Bastide.—Os daré 
quinientos francos y así estaremos seguros. 
—¡No!—gritó Bancal, —¡si tocáis un pelo de mi hija, sois 
hombre muerto! 
Bastide que parecía un gigante y que con razón estaba 
orgulloso de su musculatura que desarrollaba una gran fuer- 
za física, miró con desdén á Bancal y le dijo: 
—Si yo quisiera, no sólo mataría á tu niña, sino que te 
estrangularia á ti, con solo cogerte y apretar tu garganta 
con el dedo pulgar y el indice. 
— ¡Pues acercaos y probadlo! 
Bastide no pudo resistir esta provocación y, dande un 
salto como si fuese un tigre, se lanzó á la alcoba donde dor- 
mia la niña, la cogió y la levantó en el aire, como si qui- 
siera estrellarla contra la pared de la cocina. | 
Pero Bancal, dominado por la rabia, se dirigió hacia él 
empuñando un cuchillo. Su mujer le gritó: 
—¡Mira que matarás á la niña! 
 
	        
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