Full text: no. 21 (1883,21)

PA 
- qué algun tanto á mi antiguo oficio. Al pasearme 
su vez. 
que decís, y escucho. 
  
MUSEO DE 
hazaña que habian hecho en la taberna del pri- 
mer pueblo, donde estábamos bebiendo mi her- 
mano y yo. 
—¿Y qué hicisteis? preguntó d'Artagnan. 
—PDejamos que hablasen, contestó Mosqueton. 
Despues cuando salieron de la taberna, tomó cada 
uno un camino opuesto, mi hermano fué á espe- 
rar en emboscada al católico, y yo al protestante. 
Dos horas despues todo quedó concluido: á en- 
  
trambos los despachamos, admirando la sabidu- 
ría de nuestro pobre padre que tuvo la precaucion ; 
de educarnos á cada uno en una religion distinta. 
—Con efecto, como decís, Mosquelon, me pa- 
rece que vuestro padre era un perillan muy la- 
dino. ¿Y decís que en sus ralos perdidos ese va- 
liente sugeto era un cazador furtivo? ¡ 
—Sí, señor; y él fué quien me enseñó á tender 
los lazos y colocar una red en el fondo. De suerle 
que cuando he visto que nuestro pícaro huésped 
nos proporcionaba unas viandas buenas para los 
patanes, y que no sentaban bien á unos eslóma- 
gos tan debilitados como los nuestros, me dedi- 
por los bosques, he tendido lazos en las campi- 
ñas, y acostándome á las orillas del agua he dis- 
puesto una red en los estanques. De suerte que 
ahora, gracias á Dios, no carecemos, como podeis 
ver, de perdices y conejos, de carpas y anguilas, 
alimentos todos ligeros, saludables y convenien- 
tes para enfermos. i SS 
—¿Pero y el vino? dijo d'Artagnan: ¿quién pro- 
vee de vino? ¿es vuestro huésped? 
—Es decir, sí, y no. 
—¿Cómo sí, y no” j 
—Lo proporciona, es verdad; pero ignora que 
tiene este honor. 
—Esplicaos, Mosqueton, vuestra conversacion 
es sumamente instructiva. 
—Pues, señor; la casualidad hizo que en mis 
peregrinaciones encontrase un español que ha- 
bia visto muchos paises, y entre otros el Nuevo 
Mundo: 
—¿Y qué conexion puede tener el Nuevo Mun- 
do con las botellas que están sobre ese pupitre y 
sobre la cómoda? - 
—Paciencia, señor, que á cada cosa le llegará 
—Precisamente, Mosqueton, me interesa lo 
-—El español tenia un criado que le habia 
acompañado en su viaje á Méjico. Este criado era 
compatriota mio, de suerte que trabamos amis- 
tad con tanta mas prontitud, cuanto que habia 
entre nosotros mucha semejanza de carácler. Los 
dos éramos apasionadísimos á la caza; de suerte 
  
  
que me contaba como, en las llanuras de Pam- 
NOVELAS. 163 
pas, los naturales del pais cazan á los tigres y 
toros con simples lazos corredizos qué arrojan al 
cuello de esos terribles animales. Al principio 
yo no queria creer que pudiesen adquirir tal 
grado de destreza, que arrojasen á veinte Ó brein- 
la pasos el estremo de una cuerda al punto que 
quieren; pero al ver la prueba, fué necesario re- 
conocer la verdad del hecho. Mi amigo colocaba 
una botella á treinta pasos de distancia, y á cada 
tiro ensartaba en el cuello de la misma un lazo 
corredizo. Yo me dediqué á este ejercicio, y Como 
la naturaleza me ha dotado de alguna inteligen- 
cia, hoy arrojo el lazo tan bien como el hombre 
mas diestro del mundo. ¡Pues bien! ¿lo entendeis 
ahora? nuestro huésped tiene una' bodega muy 
bien provista, de la que no suelta nunca la llave;. 
pero esa bodega tiene una lumbrera. Pues por 
ella echo yo el lazo. Y como ya sé donde está el 
buen rincon, me dirijoá él. Mirad, señor, Como 
el Nuevo Mundo tiene conexion con las botellas 
que están sobre esa cómoda y ese pupitre. Podeis 
probar ahora nuestro vino y sin prevencion nos 
direis lo que os parece. E j 
—Gracias, amigo mio, gracias; desgraciada- 
mente acabo de almorzar. 
—¡Pues bien! dijo Porthos, pon la mesa, Mos- 
queton, y mientras que nosotros almorzaremos, 
nos contará lo que le ha pasado desde que nos 
separamos. i ER 
—Con mucho gusto, contestó d'Arlagnan. 
Mientras que Pórihos y Mosqueton almorzaban 
con apetito de convalecientes, y aquella cordia— 
lidad de hernianos que une á los hombres en la 
desgracia, d'Artagnan contó que habiendo sido 
herido Aramis se vió precisado á delenerse en 
Crevecceur; como habia dejado á Athos que se 
las hubiera en Amiens con cuatro hombres que 
le acusaban de monedero falso, y como él se 
habia visto precisado á pasar sobre el cuerpo del 
conde de Wardes, para llegar á Inglaterra. 
Aquí paró la confianza de d'Artagnan: sola- 
mente dijo que á la vuelta de la Gran Bretaña, 
habia traido cuatro magníficos caballos, de los 
cuales uno era para él, y los otros para cada uno 
-de sus compañeros; en seguida terminó diciendo 
á Porthos que el que le habia destinado, estaba 
ya instalado en la cuadra de la posada. 
En aquel momento entró Planchet; previno á 
su amo que los caballos estaban ya suficiente- 
mente descansados, y que seria posible llegar á 
dormir á Clermon!. A 
Como d'Artagnan estaba ya casi tranquilo con 
respecto á Porthos y estaba impaciente por tener 
noticias de sus otros dos amigos, alargó la mano 
al enfermo, diciéndole que se iba á poner en 
camino para continuar sus indagaciones. Ade- 
 
	        
© 2007 - | IAI SPK

Note to user

Dear user,

In response to current developments in the web technology used by the Goobi viewer, the software no longer supports your browser.

Please use one of the following browsers to display this page correctly.

Thank you.