Full text: no. 25 (1883,25)

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EL AMOR 
DE en PESCADOR , 
(Continuacion). 
Pero cuando leí todo aquello que acababa de 
borronear, me apercibí con estupefaccion que no 
era aquello lo que yo habia querido, lo que yo 
hubiera debido escribir... ¡Oh! no... no era nada 
de cuanto habia escrito. 
Empecé de nuevo. 
Borroneé otras cuatro páginas... 
mo que las primeras, no eran de ningun modo 
ni la espresion de mi pensamiento, ni mucho 
menos de mi deber. 
| á pe mi triste situacion.. 
  
MUSEO DE NOVELAS. 
Al RR quise echar á correr tras él para 
'detenerle.. 
== nO, no... estaba resuelto... muy resuel- 
. Me eché valerosamente hácia atrás, decidido 
. permanecí en pié, 
inmóvil, pero temblando convulsivamente de 
piés á cabeza, lo mismo que una flecha que aca- 
ba de clavarse en la tierra. 
Apoyándome con una mano en la pared, y 
comprimiendo con la otra mi pobre corazon que 
se me queria saltar del pecho, seguia con la vis- 
pero, lo mis- | 
ta al grumete y á la carta. 
El chico llegó al otro estremo del pueblo... se 
detuvo delante de la casa de la madre Juana. 
Entró. 
—Borremos lo que hay de sobra y veremos 
que es lo que quedará, dije para mí. 
Y leyéndola por segunda vez, despues de me- 
¡Estaba concluido! 
Me volví precipitadamente al otro lado... Y 
empecé á correr por el campo hácia el bosque, 
ditar cada frase, concluia por borrarla con la. 
pluma. 
A fin de cuenta, fué tanto... tanto... 
4 la madre Juana... 
lo que 
borré, que de las cuatro páginas no quedaron mas 
que estas dos palabras: 
«Cásate con Jaime.» 
¡Ay! ¡era todo lo que tenia que decirla! 
XIII. 
Escribí, pues, este supremo adios en un tercer. 
pliego de papel. 
murmurando con voz descompuesta por el dolor: 
—Ya tiene mi carta... la abre... la lee... llama 
despues... despues... 
Y anduve toda la noche, hasta la mañana, para 
tratar de aturdirme; anduve hecho un loco, re- 
| '—pitiéndome sin cesar estas lres palabras que veia 
¡bailar á mi alrededor, escritas con caractéres de 
| 
| 
| 
¡Cuánto tiempo invertí en doblarlo y cerrarlo! 
Despues bajé con la carta en la mano. 
La carta estaba ya escrita, pero aun tenia que. 
entregarla. ¡Esto era lo mas terrible! 
¿Por quién mandarla? 
4" paga acertó á pasar un grumete. 
—¡Hola.. 
dos id para tí.. 
hija de la madre Juana. 
El chico, ligero como una golondrina de mar 
que se deja caer sobre su presa, pegó un brinco 
hácia mí, cogió con una mano los dos sueldos y 
con la otra quiso cojer al mismo tiempo la carta. 
Pero yo retiré precipitadamente la mano en 
que la tenia... y en que la hubiera querido con- 
servar siempre... Despues alargué de nuevo la 
carta al grumete. 
¡Oh! caballero, creo que no se la habria dado 
nunca. ¿A caso no era mi última esperanza... 
toda mi dicha, mi vida toda, lo que aquel chico 
iba á llevarse riendo? 
Pero este sin duda tenia prisa por ir á gozar 
de sus dos sueldos. En una de mis vacilaciones, 
pegó un salto y se apoderó de la carta; apenas 
la tuvo en su mano desapareció corriendo. 
fuego, entre las tinieblas de la noche: 
¡con Jaime! ¡Cásate con Jaime!» 
«¡Cásate 
XIV. 
Llegó por fin el dia de los esponsales. 
Yo estaba en el mar desde la víspera. 
Todo el dia navegué á la ventura. 
Pero por la noche las olas se agitaron y con 
Una crueldad infernal me arrastraban hácia la 
playa de Villerville, obligándome á bordear siem- 
| pre.. 
: ¡muchacho! le grité; aquí tienes | encendidas para celebrar la fiesta. 
. ve á llevar esta carta á la 
. Siempre... delante de todas aquellas luces 
He oido hablar muchas veces de los espanto- 
sos suplicios que en otro tiempo existian... del 
potro, de la rueda, de desgraciados á quienes 
arrancaban la lengua y las uñas, de otros á quie- 
'hes descoyuntaban los huesos y hasta de algu- 
nos á quienes desollaban y quemaban vivos. 
¡Pues bien, caballero, os lo juro por lo mas sa- 
grado, todos esos tormentos son nada en compa- 
racion de lo que yo sufrí aquella noche! 
A lo último no pude aguantar mas... 
áncora, abordé la orilla... me deslicé por detrás 
de los setos... llegué á la pradera en que lenia 
lugar la fiesta, que era la misma en que se ha- 
bian celebrado nuestros esponsales; me eché en 
la yerba... y miré. 
¡Pobre María! 
eché el 
(Se continuará). 
ds Gracia: Tip. de J. Aleu y Fugarull, Sta. Teresa, 10. 
  
  
 
	        
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