Full text: no. 35 (1883,35)

  
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le habia comprado su poema, lo habia hecho com- 
prar todo á pares y cedió á su amigo un equipo 
completo. 
D'Artagnan hubiera llegado al colmo de sus 
deseos si no hubiese visto aparecer á milad y 
como una nube sombría en el horizonte. 
Despues del almuerzo, convinieron en que se 
reunirian por la noche en la habitacion de Alhos, 
para terminar el negocio que tenian entre manos. 
D'Artagnan pasó la mañana en lucir su vesti- | 
do de mosquetero en lodo el campamento. 
Por la noche, á la hora convenida, los cuatro 
amigos se reunieron; no quedaban mas que tres 
cosas que decidir: 
Qué habian de escribir al hermano de milady. 
Qué á la persona de Tours. | 
Y cuáles habian de ser los criados que lleva- 
sen las carlas. 
Cada uno ofrecia el suyo. Athos garanlizaba 
la discrecion de Grimaud, que no hablaba sino 
cuando su amo le descocia la boca: Porthos la 
fuerza de Mosqueton, que era de una estatura 
capaz de apalear á cuatro hombres de complexión 
ordinaria: Aramis, confiado en la destreza de 
Bazin, hacia un pomposo elogio de su candidato; 
y por último, d'Artagnan tenia una enlera con- 
fianza en el valor de Planchet, y recordaba el 
modo como $e habia portado en el asunto lan es- 
pinoso de Boloña. 
Aquellas cuatro virludes disputaron largo 
tiempo el precio, y dieron lugar á magníficos 
discursos, que no relataremos aquí por temor de 
que sean demasiado largos. 
—Desgraciadamenle, dijo Athos, seria preciso 
que el que enviásemos poseyese en sí sulo las 
cuatro cualidades reunidas. 
—Pero, ¿4 dónde hemos de encontrar un cria- 
do semejante? : 
—Es imposible, dijo Athos, bien lo sé, tomad 
pues á Grimaud. 
—Tomad á Mosqueton. 
—Tomad á Bazin. 
—Tomad 
ya son estas dos cualidades contra cuatro. 
—Señores, lo principal, dijo Aramis, no es sa- 
ber cual de nuestros criados es mas discreto, mas 
fuerle, mas diestro ó mas valiente: lo principal 
es saber cual de ellos tiene mas aficion al di- 
nero. 
—Lo que dice Aramis está lleno de razon, re-. 
«puso Athos, es menester especular sobre los de- | 
á Planchel, que es franco y hábil; 
MUSEO DE NOVELAS. 
¡en ese caso, esponemos nuestra vida, despues de 
| la de los criados. 
| —Mas bajo, Aramis, dijo Athos. 
LS verdad; no solo se espone el criado, sino 
¡tambien el amo, ó mejor dicho, los amos. Nues= 
tros criados no nos están tan adictos que arries- 
guen su vida por nosotros, no. 
—A fe mia, dijo d'Arlagnan, yo casi respon- 
¡deria de Planchet. 
—Pues bien, amigo mio, añadid á su adhesion 
natural, una buena suma que le dé alguna ayu- 
¡da, y entonces, en lugar de responder de él una 
vez, respondereis dos. 
—Pues yo creó que os engañais del mismo 
modo, dijo Athos, que era oplimista, cuando se 
trataba de cosas, y pesimista cuando se trataba 
¡de hombres; todo lo promelerán casi con tal de 
lener dinero, y en el camino el miedo les impe- 
¡dirá obrar. Una vez cogidos, les apremiarán, y 
si les apremian, confesarán. ¡Que diantre, nos- 
otros no somos niños! Para irá Inglaterra (Athos 
bajó la voz), es menester atravesar toda la Fran- 
cia, que está sembrada de espías y de hechuras 
del cardenal; es meuester un pase para embar- 
carse; es menesler saber el inglés para poder 
| Preguntar el camino de Londres, y estu creed 
¡que lo veo muy difícil. 
| —No tal, repuso d'Artagnan, que tenia un 
  
cion; yo, al contrario, lo veo muy fácil. Claro 
está, que si se escriben á lord de Winter cosas 
de grave compromiso, vituperios del cardenal)... 
—Mas bajo, dijo Athos. 
—1Intrigas y secretos de Estado, continuó d'Ar- 
lagnan, claro está que seremos desollados vivos; 
pero ¡por Dios! no olvideis, como vos mismo ha- 
beis dicho, Athos, que le escribimos para un 
asunto de familia, con el solo objeto de que pon- 
ga á milad y, en cuanto llegue á Londres, fuera 
de estado de hacernos daño... Yo le escribiria 
una carla sobre poco mas ó menos en eslos tér- 
minos: | 
—Veamos, dijo Aramis, tomando de antemano 
un aire de crítica. ] 
«Querido amigo y Señor...:» 
 —¡Ah! sí, ¡querido amigo á un inglés! inter- 
¡rumpió Athos. Buen principio, d'Arlagnan, solo 
con eso serias descuarlizado en vez de ser deso- 
lado vr 
  
ran empeño en que se llevase á cabo la espedi-. 
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—¡Pues bien! en buenhora, diré solo, Señor. 
—Podiais decir wilord, repuso Athos, que gus- 
  
fectos de las personas y no sobre sus virtudes. ¡laba mucho de que se hablase con las considera- 
Señor abate, sois un gran moralista. ¡ciones debidas. 
—Sin duda, respondió Aramis; pues necesila-  «Milord, ¿os acordais de aquel pequeño esla- 
mos quedar bien servidos, no solo para conseguir blo de cabras de Luxemburgo?» 
nuestro objeto, sino para no errar el golpe, pues  —¡Bueno, el Luxemburgo por delante se cree- 
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